Bruce Friedrich, fundador del Good Food Institute, pasó años como activista en los que intentó persuadir a las personas a que dejaran de consumir carne. Ahora, trata de ayudar a las compañías a crear alternativas a la proteína animal (Crédito Gabriella Demczuk para The New York Times)
Bruce Friedrich, fundador del Good Food Institute, pasó años como activista en los que intentó persuadir a las personas a que dejaran de consumir carne. Ahora, trata de ayudar a las compañías a crear alternativas a la proteína animal (Crédito Gabriella Demczuk para The New York Times)

Bruce Friedrich era el tipo que irrumpía en desfiles de moda para rociar sangre falsa sobre las modelos que vestían abrigos de pieles. Lo hacía cuando no estaba repartiendo panfletos en las universidades ni creando videos para exhibir la espantosa realidad de la producción de carne.

Pero en algún momento se dio cuenta de que su activismo no estaba alcanzando el objetivo: lograr que menos gente matara animales, se los comiera y se vistiera con ellos.

"Hemos intentado convencer al mundo de que adopte el veganismo y no ha funcionado", dijo Friedrich en una entrevista reciente.

Ahora espera que el capitalismo cumpla con la labor en la que el activismo y la persuasión han fracasado.

La organización que Friedrich fundó en 2015, Good Food Institute, está en el centro de una nueva industria que busca alternativas a la carne que no impliquen sacrificar el sabor ni el precio. Su organización, con sede en Washington, hace todo, desde crear fondos de capital de riesgo hasta poner en contacto a los inversionistas con las empresas emergentes.

Este trabajo ha convertido a Friedrich, de 49 años, en el vocero de quienes ya se dieron cuenta de que hacer sentir mal a los demás por comer carne no logrará que consuman menos.

"Puedes contarle a la gente hasta la saciedad lo que sufren los animales", comentó Suzy Welch, escritora y activista a favor de los animales. "Luego llegó Bruce y dijo: 'Quizás exista esta alternativa'".

Suzy Welch y su esposo, Jack Welch, ex director ejecutivo de General Electric, conocieron a Friedrich en 2015. Desde entonces, la pareja se ha convertido en financista del Good Food Institute, y por medio de esta organización ha revisado y aprobado aun puñado de empresas en las que ha invertido su dinero.

Hay señales tempranas de que la estrategia de Friedrich está avanzando. Empresas como Impossible Foods y Beyond Meat se están convirtiendo en marcas comerciales. Según Euromonitor International, las ventas de alternativas a la carne subieron un 22 por ciento el año pasado y 18 por ciento el año previo.

Sin embargo, también están convirtiendo a la organización de Friedrich en un saco de boxeo. Good Food Institute se ha enfrentado a los ganaderos, quienes han promovido una legislación a nivel estatal que dificulte a las empresas emergentes vender  sus proteínas alternativas a los consumidores carnívoros.

Friedrich con Ann Veneman, exsecretaria de Agricultura de Estados Unidos, en una conferencia del Good Food Institute el año pasado (Credit Good Food Institute)
Friedrich con Ann Veneman, exsecretaria de Agricultura de Estados Unidos, en una conferencia del Good Food Institute el año pasado (Credit Good Food Institute)
 

Cuando Friedrich escribió un ensayo para The Wall Street Journal, elogiando al consorcio Tyson por adoptar proteínas de origen vegetal, los amantes de la carne lo acusaron de vender "disparates hipócritas" y los veganos lo atacaron por promover los alimentos procesados de una empresa que de todas formas mata a los animales.

"¡No los felicites!", un comentarista reprendió a Friedrich.

Ahora pasa más tiempo pensando en los comentarios de los consumidores de carne que en sus aliados de toda la vida, los veganos.

"No me importa mucho si los vegetarianos o los veganos se solidarizan", señaló. "No queremos que la gente piense de manera distinta acerca de la comida. Queremos cambiar la comida".

Friedrich creció en Norman, Oklahoma, donde su padre era profesor de una universidad. No tenía mucha interacción con los animales ni con la agricultura, a excepción de algunas excursiones a pescar con sus abuelos, algo que recuerda con un poco de arrepentimiento.

Fue activista desde muy joven, pero inicialmente se enfocó en la pobreza. En Grinnell College, en Iowa, dirigió la oficina local de una organización que se dedicaba a luchar contra la pobreza mundial. Después de graduarse, se mudó a Washington, DC, y vivió y trabajó seis años en el albergue de indigentes Catholic Worker, donde le pagaban 5 dólares a la semana y vestía la ropa donada que otros residentes no querían usar.

Se volvió vegano después de leer el libro Dieta para un pequeño planeta, y decidió dedicar su vida a esta causa cuando estaba viviendo en el albergue y leía el libro Christianity and the Right of Animals.

"No tenía ninguna afinidad especial por los animales", comentó. "Para bien o para mal, tengo un temperamento muy alemán basado en la lógica".

Friedrich consiguió un empleo en Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA) y contrajo matrimonio con otra dirigente de la organización. Tuvieron un hijo, que ya es adulto.

Durante sus casi quince años en PETA, llegó a ser el director de campañas públicas. Fue el encargado de algunas de las campañas de mayor repercusión mediática, incluyendo Kentucky Fried Cruelty, Wicked Wendy's y Murder King, las cuales enfocaron la atención hacia el trato que recibían los animales que usaban las cadenas de restaurantes de comida rápida.

Durante la campaña llamada McCruelty, Friedrich pasó de manifestarse afuera de los restaurantes de McDonald's (con Cajitas Infelices falsas llenas de pollos de plástico ensangrentados) a negociar con la empresa y felicitarla cuando mejoró las condiciones de vida de sus gallinas ponedoras.

"Siempre tuvo la capacidad de ver posibles amigos y aliados donde los demás solo verían enemigos", señaló Milo Rinke, quien comenzó como voluntario en PETA trabajando para Friedrich y siguió trabajando con él hasta fundar Mercy for Animals.

Friedrich siempre creyó que la batalla se ganaría convenciendo a la gente de que dejara de comer carne. Muchos de los videos y documentales que realizó se concentraban en persuadir a los consumidores, como el documental corto Meet your Meat, narrado por Alec Baldwin.

"En verdad pensaba que solo teníamos que educar a la gente sobre el hecho de que no hay ninguna diferencia moral entre comerse a una mascota y comerse a un animal de granja", señaló. "Durante un buen tiempo dije que solo con la educación inevitablemente obtendríamos la victoria".

Sin embargo, el consumo de carne per cápita en Estados Unidos siguió ascendiendo. En algunas partes del mundo de más rápido crecimiento, como China y Brasil, el aumento fue incluso más pronunciado.

Friedrich se salió de PETA en 2009 y pasó dos años enseñando Literatura y Civismo en un bachillerato de Baltimore.

Friedrich y Alison Rabschnuk, directora de compromiso corporativo del Good Food Institute, en un documental, “Meat the Future” (Credit Meat the Future Incorporated)
Friedrich y Alison Rabschnuk, directora de compromiso corporativo del Good Food Institute, en un documental, “Meat the Future” (Credit Meat the Future Incorporated)

Esos años coincidieron con la creación de empresas emergentes que pretendían desafiar a la industria de la carne. Beyond Meat se fundó en 2009 e Impossible Foods comenzó en 2011. Ya antes había habido hamburguesas veganas, pero estas nuevas empresas se concentraron en crear productos que gustaran a los carnívoros por su sabor parecido a la carne.

Casi todos los fundadores de estas empresas mencionan que —al igual que Friedrich—entraron en este negocio después de darse cuenta de que no estaban funcionando las iniciativas para alejar a la gente de las actividades agrícolas que empleaban animales.

Friedrich pensó en iniciar su propia empresa emergente de alimentos. Pero decidió que podría contribuir más creando una organización sin fines de lucro que proporcionara una serie de recursos compartidos para todas las empresas de la industria.

El Good Food Institute, el cual fundó Friedrich con 540.000 dólares procedentes de Mercy for Animals, tiene 65 empleados y departamentos especiales para el cabildeo, la investigación científica y la colaboración con empresas.

Hasta ahora, las empresas que fabrican carne de origen vegetal han tenido un gran éxito, pero el Good Food Institute también destina muchos recursos para ayudar a las empresas que desean cultivar células animales en el laboratorio.

La idea es crear tantas alternativas como sean posibles para la carne, y Friedrich está empleando todas las herramientas a su alcance, desde la incubación de nuevas empresas hasta la creación de fondos de capital de riesgo, dos de los cuales surgieron del Good Food Institute.

Uno los personajes más activos e influyentes de Silicon Valley, Paul Graham, quien fundó Y Combinator, recientemente publicó en Twitter que creía que las empresas emergentes "en algún momento encabezarían un rápido cambio que alejará a las personas de la carne".

No obstante, Graham afirmó que preveía que, como efecto secundario, las granjas familiares sufrirían un golpe fuerte y aumentaría la desigualdad económica.

"Las empresas emergentes crearán los sustitutos de la carne, lo que significa que habrá más Bezos", señaló, refiriéndose a Jeff Bezos, el fundador de Amazon.

Friedrich no concuerda. Él cree que adoptar una dieta más vegetariana ayudaría a las granjas más pequeñas a expensas de los grandes consorcios de carne. Pero el cambio "tiene que darse", comentó.

"Tenemos que cambiar la carne, porque no vamos a cambiar la naturaleza humana", añadió.

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