Manant Vaidya y su esposa, Hiral. Vaidya perdió a su madre, padre, hermana, cuñado y a dos sobrinas adolescentes en el accidente aéreo en Etiopía. (Credit Dan Bilefsky/The New York Times)
Manant Vaidya y su esposa, Hiral. Vaidya perdió a su madre, padre, hermana, cuñado y a dos sobrinas adolescentes en el accidente aéreo en Etiopía. (Credit Dan Bilefsky/The New York Times)

BRAMPTON, Ontario – Se suponía que serían unas vacaciones familiares de ensueño.

Un abuelo inmigrante ansioso por pisar tierra africana en la que había estado hacía treinta años. Una madre consentidora decidida a mostrarles a sus hijas canadienses su lugar de origen. Dos adolescentes embelesadas con la idea de ver animales en un safari en Kenia.

En lugar de eso, tres generaciones de una familia india-canadiense fallecieron cuando un avión de Ethiopian Airlines se estrelló el 10 de marzo; los 157 pasajeros a bordo murieron, incluyendo a dieciocho canadienses.

"No estoy molesto, sino devastado; perdí a toda mi familia", dijo Manant Vaidya, de 41 años, cuyos padres, hermana, cuñado y dos sobrinas murieron en el accidente en el que también perdieron la vida personas de veinticinco países, entre ellos Kenia, Etiopía, China y Estados Unidos.

En Brampton, Ontario, una ciudad suburbana multicultural a las afueras de Toronto donde el panyabí es el segundo idioma con más hablantes después del inglés, la comunidad surasiática que es muy unida se encuentra conmocionada por la muerte de la madre de Vaidya, Hansini Vaidya, de 67 años; su padre, Pannagesh Vaidya, de 73; su hermana Kosha Vaidya, de 37; su cuñado Prerit Dixit, de 45, así como de sus dos sobrinas: Ashka Dixit, de 14, y Anushka Dixit, de 13.

Están de luto, dijo Vaidya, por una familia que representaba el sueño canadiense.

A unas horas del accidente, el alcalde ordenó izar las banderas del ayuntamiento a media asta en honor a la familia. En las escuelas de las niñas hicieron lo mismo.

El 12 de marzo, un flujo continuo de vecinos y familiares pasaron por la casa en Brampton donde Vaidya y su familia habían vivido con sus padres, para ofrecer sus condolencias y algunas provisiones.

El 11 de marzo, Sushma Swaraj, la ministra de Asuntos Exteriores de origen indio, llamó por teléfono para dar el pésame.

Mientras tanto, la familia analizaba cómo obtener muestras de cabello o registros dentales de sus familiares fallecidos para realizarles pruebas de ADN. Afirmaron que les angustiaba la posibilidad de no ser capaces de identificar los cadáveres para poder cremar a la familia en su natal Guyarat, de acuerdo con la tradición hindú.

"La última vez que los vi fue el sábado por la mañana, cuando los dejé en el aeropuerto", dijo Vaidya.

Un amigo de Nairobi llamó al día siguiente para darle la noticia.

"Al principio no podía creerlo", afirmó Vaidya, y agregó que la familia tenía miedo de darle la noticia a su madre de 90 años, quien vive en India.

Vaidya comentó que los miembros de su familia eran típicos migrantes indios de primera generación, y tenían cinco grupos de familiares que vivían a cinco minutos de distancia entre sí en Brampton, tutelados por sus padres.

Eran padres sustitutos, mentores y terapeutas de todo el clan, comentó, muchos de ellos tienen a sus familiares inmediatos en India.

Pannagesh Vaidya, un hombre amable de voz suave y sonrisa relajada, había sido director ejecutivo de una compañía consultora en ingeniería, relató su hijo, y disfrutaba ayudarles a sus nietos con las matemáticas y hacía las operaciones mentalmente.

En las reuniones familiares semanales, en las que abundaba el pan naan y el dal, además de la pizza, Ashka cantaba y Anushka interpretaba danzas tradicionales indias. Anushka quería ser ingeniera en robótica.

"Las dos niñas nacieron aquí y eran canadienses", dijo Vaidya. "Toda la familia creía que Canadá era una tierra de oportunidades".

Los abuelos Vaidya se conocieron en su matrimonio arreglado en Guyarat, pero el amor entre ellos surgió pronto. Manant Vaidya afirmó que su padre financió la educación de su madre, quien estudió para ser arquitecta. "Él era parte de la vieja generación, pero respetaba el hecho de que su esposa tuviera una carrera", narró.

La familia era la personificación de la ética laboral de los nuevos migrantes.

Vaidya comentó que cuando su cuñado, un fotógrafo apasionado, llegó a Canadá, tenía dos empleos y trabajaba siete días a la semana, incluyendo un trabajo como técnico de laboratorio en el Ministerio de Salud de Canadá.

Su hermana, una mujer extrovertida con una pasión por los viajes, trabajó en el Departamento de Recursos Humanos de la Sociedad Canadiense del Oído, que provee servicios a personas sordas.

Nikita Joshi, una de sus amigas más cercanas, afirmó que Kosha Vaidya estaba decidida a visitar tantos países como le fuera posible antes de que sus hijas entraran a la universidad.

Ya había visitado Alaska, México y Hawái, y estaba ansiosa por mostrarles a sus hijas Mombasa en Kenia, donde había nacido cuando su padre trabajaba ahí, hacía décadas.

Después de Kenia, había planeado llevar a la familia a Londres para ver un partido de críquet, a India para visitar a su familia y a Dubái.

Las niñas nadaban, eran aficionadas al futbol, escuchaban grupos musicales de chicas y compartían con la familia las noches de cine de Bollywood.

"La cercanía de la familia era extraordinaria", dijo Pramesh Nandi, profesor de música de Ashka. "Parecían estar hechos el uno para el otro, los cuatro".

Stefanie Marotta colaboró con este reportaje desde Toronto.

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