Miles de venezolanos se movilizaron en todo el país para exigir la salida de Nicolás Maduro (REUTERS/Carlos Garcia Rawlins)
Miles de venezolanos se movilizaron en todo el país para exigir la salida de Nicolás Maduro (REUTERS/Carlos Garcia Rawlins)

CARACAS — Miles de venezolanos, muchos envueltos en la bandera de su país, han salido a las calles este 23 de enero en respuesta al llamado de la oposición para una protesta nacional para obligar a Nicolás Maduro a dejar la presidencia del país.

"¡Libertad! ¡Libertad!", gritó un grupo en Caracas.

"Hoy no tengo miedo", dijo Marta López, de 46 años, gerenta de un negocio que agregó que la crisis económica del país se ha vuelto intolerable. "Hoy necesitamos que todos participen para rescatar a nuestra patria".

Este llamado es un esfuerzo de la oposición venezolana por revivir, pues quedó en gran parte sin poder y dividida después de que las manifestaciones en contra del gobierno en 2017 fueran aplastadas por las fuerzas de seguridad y de que Maduro aumentara su control del poder. Hay políticos de oposición que tienen la esperanza de persuadir a los militares de romper filas con Maduro y de que ayuden a establecer un gobierno de transición.

Los líderes de la oposición dicen que el más reciente plan para destituir a Maduro, quien inició un segundo periodo el 10 de enero, ahora tiene una mejor oportunidad de ser exitoso porque su gobierno está colapsando debido al peso de la crisis económica y está más aislado que nunca. Estados Unidos y muchos de los países vecinos de Venezuela han calificado al mandatario como un dictador ilegítimo, y señalaron su gran apoyo a un plan para establecer un gobierno de transición.

"Lo que estamos atestiguando es un momento único e histórico para el que nos hemos estado preparando, luchando por, durante los pasados veinte años", dijo el 22 de enero María Corina Machado, una lideresa de la oposición. "Obviamente, es el momento de más grande peligro para todos los venezolanos y el momento de más grande responsabilidad para aquellos de nosotros que estamos conscientes de qué está en juego".

Maduro y sus aliados también han convocado sus propias protestas para el 23 de enero, al acusar a los líderes opositores —a quienes él llama "terroristas"— de querer entregar a Venezuela a Estados Unidos.

"Los imperialistas y los oligarcas están desesperados por administrar Venezuela directamente", dijo Maduro a sus simpatizantes la noche del 22 de enero. "¿Vamos a entregar la soberanía de Venezuela?".

Hay analistas y líderes opositores que afirman que a Maduro probablemente le resultará más difícil superar este desafío a su legitimidad que en el pasado.

El 23 de enero, Ivanka Trump se unió a otros miembros del gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, al emitir un mensaje de apoyo a la oposición venezolana: "El presidente de Estados Unidos, el vicepresidente y todo el gobierno apoyan al pueblo de Venezuela en su búsqueda de libertad de la opresión del dictador Maduro", escribió en su cuenta de Twitter.

El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, emitió el 22 de enero un mensaje en video a los venezolanos —salpicado con palabras en español—, en el cual los exhortaba a salir a las calles el 23 de enero y en el que prometió: "Estaremos con ustedes hasta que la democracia sea restaurada y vuelvan a tener su derecho de nacimiento a la libertad".

El descontento se ha profundizado a través de las clases socioeconómicas de Venezuela a medida que la hiperinflación ha dejado a los salarios sin ningún valor. Los ciudadanos de lo que alguna vez fue una de las naciones más acaudaladas de la región han muerto de inanición y han fallecido de padecimientos prevenibles.

Más de tres millones de venezolanos han abandonado el país en los últimos años y quienes se quedaron han batallado para encontrar alimentos y medicinas mientras enfrentan cortes de agua y una delincuencia rampante.

Eva Golinger, una abogada estadounidense que era amiga cercana de Hugo Chávez, el mentor de Maduro y su predecesor, dijo que el gobierno ya no puede contar con sus bastiones de apoyo tradicionales para subyugar a los movimientos de oposición, que en el pasado fueron encabezados por venezolanos adinerados y de clase media.

"La diferencia esta vez es que el descontento no solo es de la oposición", dijo Golinger, quien escribió unas memorias tituladas Confidente de 'tiranos', sobre sus nexos con venezolanos y otros líderes. "De hecho, son principalmente personas pobres que están cansadas de vivir sin los productos básicos y sin ganar salarios decentes".

Otras diferencias notorias incluyen la juventud de los políticos que ahora lideran la misión de quitar del poder a Maduro, y el cuidadoso mensaje que han desplegado conforme buscan apoyo.

El nuevo líder opositor, Juan Guaidó, de 35 años, es un ingeniero industrial que era poco conocido en el país o en el extranjero antes de este mes, cuando asumió el cargo de presidente de la Asamblea Nacional. Su designación revitalizó a ese organismo legislativo dominado por la oposición, el cual se había convertido en ineficaz y profundamente impopular en los últimos años.

"La gente ha perdido la fe", dijo María Amelia da Silva, de 54 años, en una de las reuniones que los legisladores de oposición realizaron en los últimos días para promover su plan. "Entonces un líder surgió, y este nuevo líder se ha convertido en nuestra esperanza más grande".

Guaidó dice que está listo para dirigir un gobierno interino que distribuiría ayuda humanitaria, implementaría medidas para cambiar por completo el rumbo de la economía y acordaría elecciones libres y democráticas. Él ha argumentado que hacerlo no violaría la Constitución porque Maduro, cuya reelección el año pasado fue denunciada como amañada, había "usurpado" la presidencia.

Protestas pasadas contra el gobierno fueron dominadas por la furia y la indignación, pero Guaidó y sus aliados han intentado lograr un tono esperanzador y de conciliación. Han hecho grandes esfuerzos para exhortar a los militares a retirar su apoyo a Maduro y argumentan que hacerlo no constituye un golpe de Estado, sino la adherencia a su juramento de hacer cumplir la Constitución.

La noche del 21 de enero, Guaidó y su esposa, Fabiana Rosales, grabaron videomensajes para apelar a las conciencias —y las aspiraciones— de los miembros de las fuerzas armadas.

"Ninguno de ustedes puede vivir de una manera digna con su salario militar, no pueden satisfacer las necesidades básicas de sus hijos y familiares", dijo Guaidó. "En medio de esta debacle, las personas responsables de esta crisis los han forzado a suprimir y reprimir protestas de personas que solo exigen comer, tener acceso a la atención médica, tener agua en el hogar, electricidad".

Las reuniones, conocidas como cabildos, han atraído a miles de personas en los últimos días. Quienes han hablado en ellos han encendido a las multitudes al hablar sobre temas como libertad de prensa, política económica y la desolación de la temporada decembrina en Venezuela conforme más y más gente ha abandonado el país.

"Puedes sentir la esperanza en el aire", dijo Annie Stone, de 63 años, una jubilada en Caracas que porta un rosario con los colores de la bandera venezolana, en un cabildo reciente. Al referirse a los jóvenes que pronunciaron discursos, agregó: "Estos no son superhéroes que surgieron de la noche a la mañana. Por primera vez, hay una solución a la vista".

Algunos en la oposición tienen reservas sobre el enfoque actual. Juan Andrés Mejía, un legislador, dijo que acercarse a los militares —la pieza clave de su plan— era peligroso.

"Vivimos en una dictadura", dijo. "Cualquier contacto que hagamos es considerado el peor de los crímenes".

No obstante, otros venezolanos dicen que están conscientes de los peligros que involucra poner resistencia a un gobierno que ha asesinado a manifestantes, que ha detenido y torturado a personas sospechosas de ser disidentes.

"Estamos obligados a ser optimistas porque el riesgo que enfrentamos nos mira fijamente a la cara", dijo Luz Mely Reyes, quien dirige el sitio informativo independiente Efecto Cocuyo. "Aquellos de nosotros que somos demócratas sabemos que si esta vez no triunfamos, con profundo arrepentimiento, tendremos que enterrar los pocos restos de la democracia en Venezuela".

* Copyright: 2019 The New York Times News Service