Más reflexivos y menos críticos: de qué manera la pandemia alteró la personalidad de los seres humanos

Podríamos usar esta experiencia para volvernos más reflexivos, menos críticos y reactivos. Sin embargo, según expertos en historia y ciencia, es más probable que dejemos el altruismo atrás antes de lo esperado. Las razones

Incluso si nos inclinamos a utilizar este tiempo como una oportunidad para la superación personal, es difícil saber si la pandemia podría afectarnos positivamente (Getty Images)
Incluso si nos inclinamos a utilizar este tiempo como una oportunidad para la superación personal, es difícil saber si la pandemia podría afectarnos positivamente (Getty Images)

¿Podría la pandemia convertirnos en mejores personas? Para aquellos de nosotros que tuvimos la suerte de salir intactos del año pasado -física, mental y económicamente- hay muchas razones para estar agradecidos. Teóricamente, podríamos usar esta experiencia para volvernos más reflexivos e intencionales, menos críticos y reactivos. Podríamos apreciar más y criticar menos. Podríamos, en una palabra, ser más amables.

A lo largo de la pandemia, se fueron diciendo muchas cosas en relación a las posibilidades de que la crisis nos haga “mejores personas”. Pero, si los expertos en historia y ciencia sirven de guía, es más probable el altruismo nos deje de acompañar en nuestros caminos tan pronto como sea posible. En todo caso, probablemente nos preocuparemos menos por lo que piensen los demás.

Si el pasado es el prólogo, la epidemia de gripe mortal de 1918 y 1919 debería ayudarnos a comprender cómo navegaremos los años posteriores al COVID-19. “Creo que es justo decir que la gente quiere olvidar lo antes posible”, dijo en diálogo con The Washington Post Laura Spinney, autora de Pale Rider: La gripe española de 1918 y cómo cambió el mundo. “Ese es prácticamente el patrón de las pandemias a lo largo de la historia. Si habla con expertos en salud pública, ellos hablan de que estamos atravesando este ciclo de pánico y complacencia: entramos en pánico cuando una pandemia se declara, y luego la olvidamos tan pronto como desaparece“.

“La pandemia vuelve a poner en evidencia las dimensiones constitutivas del ser humano. Tanto como en las grandes guerras, luego de recuperarse, apenas de ser atravesadas las grandes dificultades, la complejidad de la inercia rival entre los seres humanos vuelven a manifestarse con creces”, sostuvo consultado por este medio el psicólogo Jorge Catelli (MN 19868), miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Si el pasado es el prólogo, la epidemia de gripe mortal de 1918 y 1919 debería ayudarnos a comprender cómo navegaremos los años posteriores al COVID-19 (National Archives)
Si el pasado es el prólogo, la epidemia de gripe mortal de 1918 y 1919 debería ayudarnos a comprender cómo navegaremos los años posteriores al COVID-19 (National Archives)

Para Maximiliano Martínez Donaire, psicoanalista y miembro de la misma asociación, “ni bien se termine la pandemia, los seres humanos vamos a volver más rápido de lo que pensamos a lo mismo de siempre”. “Los aluviones de solidaridad, del ‘querer ayudar’, son un poco efímeros. Lo que cada uno pone de sí para que la vida en comunidad sea mejor no se puede juzgar por las excepciones. Ante situaciones excepcionales pueden haber respuestas excepcionales y eso no alcanza para medir lo que somos como personas o como sociedad. Quizás haya que mirar más lo que permanece, lo que está todos los días, más allá de las irrupciones fuera de libreto”, explicó.

Según advirtió a Infobae la doctora María Teresa Calabrese, endocrinóloga, psiquiatra y psicoanalista, especializada en enfermedades psicosomáticas, miembro de la APA y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), “todas las situaciones que vivimos las personas moldean nuestra personalidad”. “Los individuos somos producto de la experiencia. El cerebro trata de olvidar todas las situaciones traumáticas. Y allí es donde entran en juego la negación y la paranoia, mecanismos de defensa naturales comunes a todos los seres humanos”, explicó.

En Francia, donde vive Spinney, hay más de 170.000 monumentos de la Primera Guerra Mundial. Fueron construidos en las décadas de 1920 y 1930, un recordatorio omnipresente de los millones que murieron. Pero no pudo encontrar un solo monumento a la pandemia de 1918 en el país, a pesar de que mató a más personas: de 50 millones a 100 millones en todo el mundo, según las estimaciones.

¿Cómo explicar tal discrepancia? Los humanos le dan sentido a la vida a través de historias convincentes, explica Spinney, por eso algunos eventos están registrados en nuestra memoria histórica pero otros no. La guerra se presta a grandes novelas, poesía y películas: tiene el bien y el mal, y un comienzo, un medio y un final más definitivos: todos los componentes del drama humano. Las pandemias son más difíciles de entender y desafían las narrativas simples. Otro factor, dijo Spinney, es que “las guerras destruyen a la gente y destruyen la infraestructura. Se tarda mucho más en recuperarse de una guerra que de una pandemia, que solo mata a la gente“.

“Además -subrayó Spinney-, las enfermedades infecciosas fueron la principal causa de muerte de la humanidad en 1918, incluso antes de la pandemia de gripe de 1918″. “Desde entonces, las enfermedades crónicas de la vejez tomaron el control. Así que ese es un cambio importante en la forma en que pensamos sobre cómo van a terminar nuestras vidas y cuáles son nuestras mayores vulnerabilidades. Estamos mucho más obsesionados con el Alzheimer que con el sarampión. Y eso se puede ver en el movimiento de vacilación a las vacunas”.

Sin embargo, existe un factor que podría ayudar a esta pandemia a contrarrestar la tendencia de ser olvidable: las computadoras (Getty Images)
Sin embargo, existe un factor que podría ayudar a esta pandemia a contrarrestar la tendencia de ser olvidable: las computadoras (Getty Images)

Sin embargo, existe un factor que podría ayudar a esta pandemia a contrarrestar la tendencia de ser olvidable: las computadoras. “Cualquiera que tenga acceso a Internet en el mundo podría, si así lo quisiera, observar las tasas de infección y mortalidad en tiempo casi real desde el comienzo de esta pandemia”, advirtió Spinney. “Desde el principio, lo hemos percibido como un fenómeno global, al menos en mucha mayor medida que en 1918”.

El historiador de la Universidad Estatal de Pensilvania, Ran Zwigenberg, estudia el trauma en los sobrevivientes del Holocausto y las víctimas del bombardeo de Hiroshima. Mientras que los sobrevivientes del Holocausto lucharon por hacer frente a un pasado espantoso; los sobrevivientes de Hiroshima tuvieron que vivir con el trauma continuo de un futuro incierto. “La radiación se quedó en los cuerpos”, dijo Zwigenberg. “No sabían si iban a enfermarse. Y cada vez que se resfriaban, se preguntaban, ‘¿Es esto?’”.

Existe una distinción importante entre vivir con un trauma extremo o una enfermedad potencialmente mortal y vivir con la posibilidad de enfermarse. Pero, para la mayoría de las personas, el año pasado fue la primera vez que se enfrentaron a la mortalidad a diario. El virus se derramó de nuestros televisores, pantallas de computadora, cuentas de redes sociales, amplificando cada miedo, cuestionando cada elección. El instinto de actuar sobre el futuro en lugar de detenerse en el pasado es muy comprensible y muy humano.

Incluso si nos inclinamos a utilizar este tiempo como una oportunidad para la superación personal, es difícil saber si la pandemia podría afectarnos realmente ahora o en los próximos años, o de qué manera. Wiebke Bleidorn y Chris Hopwood son psicólogos de la Universidad de California en Davis que estudian cómo se desarrollan y cambian las personalidades. Para los científicos del comportamiento, la pandemia, junto con otros eventos históricos de 2020, es “una gran oportunidad porque es un evento vital importante sobre el que no teníamos control; simplemente nos sucedió”, subrayó Bleidorn.

“La respuesta de cualquier individuo, por supuesto, depende de lo que experimentó exactamente durante el año pasado”, dijo Hopwood. Si esto altera la personalidad y de qué manera es otra cuestión. En teoría, existe una oportunidad para una transformación positiva: cambiar los hábitos de manera sistemática a lo largo del tiempo puede llevar a cambios duraderos en la perspectiva. Aún así, hay kilómetros de distancia hasta lo que los académicos consideran un cambio permanente.

Y en esto Martínez Donaire coincide. “Si bien la pandemia es un concepto global, no afecta a todos por igual. Depende mucho de las circunstancias vitales de cada uno. Cada individuo cuenta con sus propios recursos internos y hace frente a una crisis distinta”, aseveró el experto.

Si bien las personas generalmente crecen y maduran, a menudo regresan a su naturaleza esencial (Getty Images)
Si bien las personas generalmente crecen y maduran, a menudo regresan a su naturaleza esencial (Getty Images)

Además, la mayoría de las personas comienzan con lo que los académicos llaman un “punto de ajuste”: una colección de rasgos y comportamientos que fluctúan en respuesta a eventos específicos de la vida. Si bien las personas generalmente crecen y maduran, a menudo regresan a su naturaleza esencial. Aunque eso no significa que no podamos intentar ser mejores.

“Los expertos en historia nos recuerdan que el altruismo le dura poco a esta humanidad. Tal como intentan concretizar muchos cientistas puestos a reflexionar, es la subjetividad, la que en su diversidad y singularidad se expresa con rasgos que son propios de lo humano, cuyos ejes podríamos situar claramente ante los grandes desastres y el modo en que los seres humanos han reaccionado”, destacó Catelli.

De acuerdo a Harry Campos Cervera, médico especialista en psiquiatría y miembro de la misma asociación, “la pandemia provocó un retraimiento hacia el narcisismo. Los seres humanos empezamos a pensar en nosotros mismos y a vivir basándonos en el ‘sálvese quien pueda’. En ese sentido, disminuyeron los valores altruistas. Salimos a la calle y sospechamos de los demás. Pensamos que son vectores de la enfermedad y tomamos distancia.

“Sin embargo -continuó el especialista-, la retracción narcisista es una retracción adaptativa de supervivencia. Cuando la amenaza desaparece, lo hace también la retracción. Seguramente perdure más tiempo la significación de los hechos más nimios de la vida como placenteros y valiosos”.

“A ciencia cierta, habría que esperar a que todo esto pase. En este momento, en pleno momento de crisis, es difícil poder evaluar y definir qué transformaciones se van a dar en los seres humanos y cuáles de estos cambios tendrán un carácter meramente circunstancial y cuáles se van a instalar como nuevas modalidades de conducta social”, concluyó Martínez Donaire.

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