Curso para que los millennials ricos hagan el bien y ganen dinero

Chung Kyungsun Foto: David Williams/Bloomberg
Chung Kyungsun Foto: David Williams/Bloomberg

En una mañana fresca el pasado octubre, unas pocas docenas de estudiantes con antecedentes y experiencia muy diversos se presentaron en la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard. Tenían tres cosas en común: eran jóvenes, querían hacer el bien y eran increíblemente ricos.

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El grupo asistió a un curso conjunto dirigido por Harvard y la Universidad de Zúrich, en colaboración con el Foro Económico Mundial, llamado "Inversión de Impacto para la Próxima Generación". En este contexto, esa generación significa los herederos de algunas de las mayores fortunas del capitalismo. Los participantes tuvieron que pasar una entrevista antes de pagar hasta US$12.000 por una semana de clases en Estados Unidos y Suiza. Un curso relacionado más intensivo cuesta US$58.000.

El programa apenas se ha promocionado desde su fundación en 2015 y la voz se corre a través de redes de dinero antiguo y entre la realeza europea. Entre los exalumnos figuran Chung Kyungsun, nieto del fundador de Hyundai Group, y Antonis Schwarz, quien se encontró con su fortuna a los 16 años cuando la farmacéutica que su abuelo fundó se vendió en 4.400 millones de euros (US$5.000 millones).

Los graduados representan una insurgencia silenciosa entre los milenials ricos del mundo. Mientras sus pares protestan contra el cambio climático y la desigualdad, estos pocos privilegiados se arman con las habilidades y los argumentos que necesitan para convencer a sus familias de hacer más "inversiones de impacto" pensadas para beneficiar a la sociedad y obtener ganancias.

"Se reúnen los vástagos de las familias más ricas del mundo para hablar sobre inversiones de impacto y no conozco muchos programas así", comentó Schwarz, de 30 años, quien estableció la Guerrilla Foundation para apoyar a activistas y movimientos sociales de base. "La gente entra sin saber mucho sobre el espacio de impacto y sale como campeones de impacto".

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Todo esto en un contexto en el que crecer la presión a los ciudadanos más ricos del mundo para que aporten más. Un abismo cada vez mayor entre los que tienen y los que no tienen ayuda a impulsar movimientos populistas en todo el mundo. Y mientras los políticos se debaten sobre temas como el cambio climático y empresas hacen contribuciones caritativas con un ojo puesto en las ganancias de los accionistas, los individuos con alto patrimonio neto tienen el dinero y la libertad para tomar decisiones de inversión rápidas e influyentes: contarán con casi US$70 billones a su disposición para 2021, según Ernst & Young.

Matones de la escuela

Asia es un excelente ejemplo del potencial alcista y enormes desafíos que enfrentan los herederos jóvenes que tratan de hacer el bien. Si bien la región ahora posee un tercio de la riqueza mundial, contribuye con una porción mucho menor del total en inversiones de impacto, según Abhilash Mudaliar, director de investigación de Global Impact Investing Network. Administradoras de patrimonios familiares de la región donan alrededor de un 80% menos a la filantropía que sus pares europeos y estadounidenses, aunque eso se debe en parte a que muchas familias asiáticas devuelven a las comunidades a través de canales más informales.

Herederos como Chung están tratando de cambiar eso. Como niño introvertido en una escuela solo para niños, fue hostigado por su amor por los libros y los videojuegos y tenía poco interés en unirse al negocio familiar de Hyundai. Cuanto más leía, peor se sentía acerca de un mundo con una brecha creciente entre ricos y pobres, donde muchos no tenían acceso a servicios básicos como la atención médica. En Corea del Sur, la culpa de esas desigualdades recaía en los conglomerados familiares de la nación, los chaebol.

"No quiero decir que soy responsable de eso o que mi familia es responsable de eso, pero definitivamente soy alguien que se está beneficiando de esta estructura social", admitió Chung, de 32 años. "Es por eso que sentí que tenía que hacer algo al respecto".

Las primeras obras de caridad de la fundación familiar de Chung le dieron una muestra de lo que significa el cambio positivo, pero eso vino con su propio conjunto de expectativas y limitaciones. Así que, pese a las dudas de sus padres respaldó sus propias ideas, tomó el curso de Harvard y más tarde cofundó Root Impact a fin de lanzar espacios de trabajo conjunto para empresas sociales, ofrecer subvenciones financieras para viviendas asequibles y programas ambientales que beneficien a niños, mujeres y personas que viven en la pobreza.

"En Asia, especialmente, los padres no permiten que los niños hagan sus propias incursiones y si lo hacen es con fondos muy limitados", afirmó Chung. "Se sienten muy solos porque sienten que son los locos".

Capitalismo sostenible

El reclutamiento de personas como Chung para el sector es vital porque la magnitud del desafío es demasiado grande para la ayuda de los gobiernos o la filantropía, indicó James Gifford, director de inversiones de impacto de UBS Group y cofundador del curso de Harvard.

"El trabajo pesado de, digamos, sacar a mil millones de personas de la pobreza tiene que hacerse a través del capitalismo sostenible", declaró Gifford, un australiano que trabajó como activista ambiental.

Debido a que esta clase de financiamiento está pensada para ganar dinero, la teoría es que las familias y las instituciones pueden poner más dinero en efectivo porque con el tiempo lo recuperarán. Ahora que algunas de las inversiones de impacto de Chung han tenido un buen desempeño su padre es un converso y busca contribuir con más dinero de la familia.

Gifford dijo que trabajar con la nueva generación es importante porque las personas más jóvenes tienen más probabilidades de identificarse con la necesidad de un cambio social y ambiental. Si bien el estereotipo de los niños ricos destapando el champán en yates familiares suele ser real, muchos de ellos también están dispuestos a financiar un cambio positivo. Casi el 90% de los herederos encuestados en 2018 por Credit Suisse y la Young Investors Organization aseguró estar interesado en hacer inversiones de impacto.

Fuente: Bloomberg