Groucho Marx y la segunda vuelta chilena

Quien resulte electo enfrentará una situación económica deteriorada, un país trizado y muy dividido

Los candidatos presidenciales Gabriel Boric y José Antonio Kast
Los candidatos presidenciales Gabriel Boric y José Antonio Kast

El 19 de diciembre Chile enfrenta la decisión electoral más polarizada desde el plebiscito de 1988 sobre la continuidad del General Pinochet, y quizás desde la elección presidencial de 1970.

A quien resulte electo le espera una situación económica deteriorada, un país trizado y muy dividido. Ante sí, tendrá también un verdadero laberinto, ya que paralelamente funciona una convención constitucional, y si su propuesta es aprobada por un plebiscito, la nueva carta podría modificar el sistema presidencial o convocar a elecciones anticipadas, escenario de mayor probabilidad si es Kast el ganador.

Por ahora los chilenos están descubriendo una verdad universal, la que una segunda vuelta es una nueva elección, y en ésta, los dos contendores se han movido hacia el centro en la búsqueda del voto moderado, intentando convencer a esa mitad de chilenos habilitados que en condiciones de voto voluntario no acudieron a las urnas.

De ahí la referencia al famoso comediante norteamericano y su conocida frase qué si no le gustaban a los demás sus principios, él tenía otros.

Más allá de las bromas por cambios bruscos y sorpresivos, no hay duda qué es bienvenido este tránsito hacia una mayor serenidad, incorporando nuevos portavoces y la idea de aceptar modificaciones a los programas de gobierno. El problema es que no se sabe si ello corresponde a una evolución política o es solo oportunismo de campaña.

Kast ha buscado dar mayores seguridades al voto femenino que sus principios religiosos no van a influir las decisiones colectivas, como también garantías de seriedad en materias económicas y de vacunación. Donde ha habido mayor sorpresa es con Boric, quien encabeza las encuestas, y que adoptó temas de su rival, tales como la necesidad de orden público, represión a la delincuencia y mayor gradualidad de las reformas, donde hasta el momento que se contaron los votos que le dieron el 21 de noviembre la primera mayoría a Kast, había opinado en forma muy diferente, aunque todavía no se despeja del todo el tema del respaldo a la violencia que surgió el 2019 y el púlpito de superioridad moral de algunos adherentes.

Como los apoyos de candidatos derrotados se han dado dentro de lo previsible a ambos, la verdadera batalla se ha establecido por los votos de Franco Parisi, quien obtuvo el tercer lugar, dado que sus votantes no pueden ser clasificados en categorías tradicionales. La verdad es que esta segunda vuelta es una especie de plebiscito ante dos proyectos de país, lo que no había estado presente en elecciones anteriores. Además, se ha dado en una forma donde la mejor campaña puede no ser la de aquel que suma más respaldos, sino la de aquel que tiene menos rechazos.

Para ambos existe el problema de pasar de la consigna a políticas públicas viables, y como transformar un triunfo electoral en acuerdos y pactos que les den sustentabilidad y mayorías estables en lo político y en lo social, además de superar un escenario económico que se estima complicado.

Chile ha perdido las certezas y el consenso que lo guiaron en las últimas décadas, y hoy no se visualiza un proyecto común de país, que a la vez sea legitimado en la sociedad.

La primera vuelta claramente derrotó a las alternativas de centro derecha y centro izquierda que se habían alternado en el poder desde 1990, pero aparentemente también al coqueteo refundacional, que junto a un nivel desconocido de populismo se habían hecho presentes en los últimos años.

Así fue como aquella mitad de personas habilitadas que acudieron a votar mandaron un mensaje de necesidad de diálogo, ya que eligieron un Senado muy empatado, y en el caso de Diputados, le proporcionaron poder hasta a los 6 diputados del Partido de la Gente de Parisi, ya que pueden decidir la aprobación o rechazo de las leyes, en una Cámara de 155.

Por ello, además de la polarización, todo análisis debe volver a revalorizar conceptos que habían sido denostados, como la búsqueda de acuerdos y pactos, tan propios de una sociedad democrática sana.

A pesar de este discurso de mayor moderación, nada indica todavía que las elites políticas estén buscando darle mayor importancia al diálogo que a la confrontación.

En el plebiscito del 88 existían mayores diferencias entre los chilenos sobre la democracia y el mercado, pero sin que mediara un compromiso escrito fueron capaces de llegar a acuerdos que duraron tres décadas.

Y en una situación donde el nuevo presidente puede tener dificultades aún mayores que lo que hoy existe, el principal obstáculo puede ser que no se ve voluntad entre los actores para un nuevo Pacto por Chile.

Todavía parecen existir demasiadas actitudes de superioridad moral, de relativismo ante la violencia, y objetivamente visiones tan contrapuestas del pasado que le impiden a esos actores compartir visiones de futuro.

(*) Abogado (Universidad de Chile, Universidad de Barcelona); Ph.D. en Ciencia Política (Government, University of Essex); excandidato presidencial (Chile, 2013)

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