Quién es Agnés Callamard, la nueva Secretaria General de Amnesty Internacional

La historia de una experta en derechos humanos conocida por su valor y su franqueza

En la imagen, la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, quien intervendrá en el Oslo Freedom Forum (EFE)
En la imagen, la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, quien intervendrá en el Oslo Freedom Forum (EFE)

- ¿De dónde viene su vocación por la defensa de los derechos humanos?

- Proviene de una combinación de elementos. Está la educación que recibí. Mi familia siempre ha tenido un sentido de lo que es correcto y está muy comprometida con la justicia social y la lucha moral. Esto se remonta a mucho tiempo atrás, ya que mi abuelo estuvo en la Resistencia. Fue asesinado por los nazis el 15 de agosto de 1944. Está el contexto: al haber crecido durante los años de la Guerra Fría y el apartheid, siempre me ha interesado mucho todo lo relacionado con los derechos humanos. También está la lectura que me ha influido mucho y las oportunidades que han surgido.

- Como antiguo Relator Especial de la ONU, ¿qué motivó su regreso a la sociedad civil?

- Siempre he participado en la sociedad civil. Sólo estuve en el mundo académico y trabajando como relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias durante siete años. Lo disfruté mucho, pero requirió una importante inversión personal. Cuando surgió la oportunidad de trabajar para Amnistía Internacional, sopesé los pros y los contras. Por un lado, sólo me quedaba un año para completar mi mandato; por otro, una poderosa organización no gubernamental como Amnistía Internacional podía darme la oportunidad de luchar y cambiar una serie de cosas. Decidí presentarme.

- ¿No querías también dejar de hacer un trabajo que te había traído amenazas, sobre todo de un alto dirigente saudí?

- No, esa no fue la razón de mi partida. Por otro lado, me preguntaba si los países que me habían amenazado, como Filipinas o Arabia Saudí, a raíz de mi investigación en 2018 sobre el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, se sentirían más libres para actuar puesto que ya no gozaría de la protección informal que me proporcionaba mi cargo en Naciones Unidas.

- ¿No tienes miedo de estar aún más expuesto ahora?

- No, no tengo miedo. No tengo derecho a tener miedo. Las personas con las que trabajo se enfrentan a la represión y corren riesgos fenomenales. Cientos de ellos han sido secuestrados, torturados o asesinados. Ante esto, no puedo permitirme tener miedo. Pero no soy ingenuo. Tomo todas las precauciones necesarias, especialmente cuando viajo.

- ¿Qué lecciones ha aprendido de su experiencia en los procesos intergubernamentales de la ONU que le ayudarán en su nueva función?

- Mi experiencia como ponente especial me permite comprender mejor lo que se puede y no se puede hacer. Conozco los límites desde el punto de vista estratégico y podría utilizar mejor mis habilidades para fines más concretos. Tengo estrechos contactos con los gobiernos. Conozco bien el funcionamiento de la comunidad diplomática en Nueva York y Ginebra. Durante mi anterior mandato, creo que di un nuevo impulso a la interpretación del derecho internacional. Así que espero poder dar a Amnistía Internacional un nuevo impulso para que se convierta en uno de los líderes del derecho internacional de los derechos humanos que esté más en sintonía con los cambios de nuestro mundo. Esto es muy importante porque no podemos contentarnos con trabajar en el marco actual cuando surgen tantas cuestiones nuevas.

- ¿Cuál es su análisis de la situación mundial de los derechos humanos?

- La situación es peor que en cualquier otro momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Hay varios elementos entrelazados. Por un lado, nos enfrentamos a una revisión completa del sistema internacional en el contexto de una nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China. Por otro lado, nos enfrentamos a la transformación de los procesos productivos, al cambio climático, al aumento de las desigualdades, al populismo que está en auge en muchos países, incluidos los democráticos. Sin embargo, nuestras instituciones son relativamente impotentes: el Consejo de Seguridad se bloquea regularmente y el Consejo de Derechos Humanos es a menudo díscolo. El entorno internacional es extremadamente inestable.

- ¿Cuál puede ser su papel en este contexto?

- Los derechos humanos, tal y como los conocemos hoy, datan del periodo posterior al Holocausto. Ya no responden a algunas de las preocupaciones de nuestro tiempo. Las demandas de varias comunidades son muy fuertes, ya sean los pueblos indígenas, la comunidad LGBT+ o las personas con discapacidad. Esto implica una actualización del principio de universalismo tal y como fue conceptualizado originalmente y desafía directa y violentamente el principio de igualdad entre los seres humanos. Por lo tanto, es importante reinterpretar el derecho internacional de una manera más creativa. Se trata de un reto sin precedentes para los agentes de derechos humanos.

* Joachim Tapia-Almosnino es Periodista para CH Media. Artículo publicado originalmente en UN Today www.untoday.org

TE PUEDE INTERESAR