Fronteras, del miedo al abrazo

Frontera entre Santana do Livramento, Brasil, y Rivera, Uruguay (Reuters)
Frontera entre Santana do Livramento, Brasil, y Rivera, Uruguay (Reuters)

Las fronteras son lo oscuro de nuestra América. Territorio sin ley. Espacio de lo sucio. Reino de lo fraudulento. Perfecta pista de los oportunismos. Mezcla que degrada la pureza de los lenguajes y las culturas. Lugares de paso y sin memoria. Inseguros. Donde manda el más fuerte y no el derecho. Los países le tienen miedo a sus fronteras. No las resuelven porque no las comprenden. No llegan a abarcar nunca sus respuestas ante el vaivén permanente. Como les temen las abandonan. Las dejan a su suerte. En sus libertades que son simples escapes. En sus fortalezas que sólo son manotazos. Con sus culturas, que esas sí son identidades.

El límite político del territorio de los países se ha transformado, en las fronteras, en límite para la vigencia de la ley, en límite para la acción estatal. Ante la duda y el desconocimiento, el Estado se abstiene. A veces aparece. Reprime. Ni educa, ni cura, ni promueve. Sólo reprime. Los gobernantes se cuidan de no quedar en falso. Temen de su error. Temen de las respuestas infinitas. Temen del diálogo porque no conocen los interlocutores. Temen de lo efímero de los procesos sociales. En la frontera todo cambia todos los días. Las voluntades también. Los pactos de largo plazo parecen no tener razón de ser. Los Gobiernos por las dudas no se meten.

Tuvimos y tenemos fronteras de límites contestados. Algunas de conflicto entre países. Fronteras campo del enfrentamiento entre los Estados. Lugares vistos como riesgo y nunca como oportunidad. Es la frontera el lugar en donde los países se cuidan de las invasiones militares, del ingreso de las armas, de las drogas, del comercio ilegal y del ilegítimo. Es el lugar en donde se termina el poder coercitivo del Estado. El apartado de la ley que traspasa la frontera aliviará su riesgo de ser detenido. Robar cerca de la frontera baja el riesgo. Matar también.

Los Estados confunden el límite territorial con el límite de sus sueños y realizaciones. Límite es límite. Frontera es frontera. La frontera no debe ser límite del ejercicio de las responsabilidades ni del desarrollo. Las fronteras son otra cosa. Son puerta abierta a un mundo cada vez más integrado en la gente por más que los gobiernos todavía no lo entiendan. El Estado debe actuar sin ánimo defensivo. Sin desconfianzas. Con espíritu de hermanarse con otro Estado, en un territorio donde la gente ya es hermana.

Migrantes en la frontera entre Bolivia y Chile (Reuters)
Migrantes en la frontera entre Bolivia y Chile (Reuters)

El fronterizo tiene patria. A veces dos países o tres. Familia de un lado y del otro. Pero es más patriota de su patria que ninguno de sus connacionales. Es el que grita más fuerte los goles de su selección, y el que la defiende en cualquier circunstancia. El fronterizo es el que defiende la lengua aún contra la tendencia que impone la necesidad de comunicarse. Es el que muestra más orgullo de las pautas culturales nacionales. Es el que quiere ser más auténticamente nacional, aunque no lo dejen ni lo vean. También es el de la iniciativa permanente. Es el que más se adapta al cambio. Es el de más palabra. Las lealtades en frontera son lealtades. Para el desleal la sanción suele ser grande. El leal es reconocido.

El fronterizo está condenado a la inestabilidad. Cualquier fenómeno que afecte la moneda cambiará la frontera. Generará oportunidades donde no las hay, o revolcones donde había paso firme. Donde había trabajo y alegría, habrá desempleo, desesperación y tristeza. De un día para el otro. Sin manera de acomodarse en el recado. Se pasará de tener a no tener. De ganar a deber. Del respeto a la mendicidad. La inestabilidad de la economía deviene en inestabilidad social. Deja de valer la pena portarse bien y hacer las cosas bien. Deja de valer la pena invertir en la economía, y también en la vida. El educado se desplomará lo mismo. Los americanos no podemos permitir esta condena. Debemos resolver.

La frontera no se resuelve con guardias ni con ejércitos. No se resuelve con represión ni con radares. Tampoco se resuelve con acuerdos ni con tratados. Se resuelve con flexibilidades. La frontera vista con perspectiva militar será siempre riesgo en la seguridad e inestabilidad social. La frontera de la buena intención de los tratados tiene otros inconvenientes. Son hechos por diplomáticos que conocen de países, pero no de fronteras. Cada tratado lleva años. Sus respuestas llegarán siempre después de los problemas o de los hechos. Jamás abarcarán la diversidad de cuestiones y áreas. Siempre tocarán intereses nacionales de un lado o del otro. El país debe tener sus políticas y una política de fronteras que habilite la adaptabilidad en frontera.

Turistas argentinos en el puente Tancredo Neves, bloqueado por las autoridades, desde Foz do Iguacu, Brasil (Reuters)
Turistas argentinos en el puente Tancredo Neves, bloqueado por las autoridades, desde Foz do Iguacu, Brasil (Reuters)

La diferencia es inherente a la frontera. Mientras haya Estado habrá políticas. Políticas propias en un Estado y en el Estado vecino. Habrá modos de producción, competitividades, políticas de incentivo, políticas monetarias, regulaciones, protecciones. La frontera es el lugar donde se ven esas diferencias. Allí aparecen. No se pueden disimular. Los efectos de las políticas marcan diferencias. Las diferencias generan reacomodos. Habrá cambios e inestabilidades permanentes. Favorecen países y condenan fronteras. Para vencer la inestabilidad hay que generar mecanismos de adaptabilidad. La rama dura se quiebra con el peso de la nieve. La flexible resiste.

El contrabando viene de la diferencia de precios. Para derrotarlo hay que atacar la causa. Debemos achicar las diferencias. Con mecanismos de importación o bajas de precios que se disparen de modo automático cuando aparece la diferencia. No hay otro modo. A mayor disparidad mayor incentivo a la asunción del riesgo. No hay ejército que mate el contrabando si la expectativa de ganancia lo justifica. Aquello de la curva de Laffer y los impuestos. Subía la tasa y caía la recaudación porque el riesgo de evadir se pagaba. En esto es lo mismo. Si hay expectativa de ganancia en el comercio ilegal habrá contrabando. Es imparable. Se lo detiene con inteligencia. Si se habilita el comercio en frontera con aranceles bajos el contrabando se achica. El Estado recauda donde no recaudaba. Los formales no enfrentan la competencia desleal.

La inestabilidad social es multicausal. Nace con los cambios en la economía. Se afirma con la desprotección legal y social. Las medidas deben ir más allá de las propuestas. Hay que mejorar inversiones y servicios para esas poblaciones, y hay que hacerlo de modo de afirmar su utilización compartida. Es una eficaz manera de favorecer el vínculo. De eliminar diferencias. De generar una homogeneidad integradora. Escuelas bilingües y de buen nivel que eduquen para una sociedad y para la otra. Servicios de salud comunes, integración de servicios de agua, saneamiento, electricidad. Coordinación entre autoridades locales. Coordinación e integración de servicios de transporte. Política ambiental común. Coordinación en materia de seguridad, que complemente el aporte del esfuerzo igualador e integrador. Inversiones en infraestructura compensatorias de los déficits históricos en ese orden.

Generar zonas de economía común. Con comercio interno libre. Industria con materias primas y materiales de origen indistinto. Trabajadores de cualquiera de las nacionalidades, y ubicadas sin distinción de lado de la frontera. En todo caso, con alguna limitación en cuanto a porcentajes máximos de participación extranjera de mano de obra y materias primas para su comercialización extrazona. Habrá que desarrollar nuevas experiencias sociales. En las fronteras tenemos uno de nuestros mayores patrimonios dormidos. Lo único que nos debe estar prohibido es no resolver. La distracción intencionada debe desaparecer. Hay que pasar de la condena a la oportunidad. De la inestabilidad a la prosperidad. De la oscuridad a la claridad. Del miedo al abrazo.

*El autor es senador uruguayo del Partido Nacional