Las elecciones en Israel y el futuro de Benjamin Netanyahu

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pronuncia un discurso en su oficina de Jerusalén, sobre las medidas que se tomarán para luchar contra el coronavirus el 14 de marzo de 2020 (Gali Tibbon/Pool vía REUTERS/Archivo)
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pronuncia un discurso en su oficina de Jerusalén, sobre las medidas que se tomarán para luchar contra el coronavirus el 14 de marzo de 2020 (Gali Tibbon/Pool vía REUTERS/Archivo)

El próximo 23 de marzo el Estado de Israel celebrará sus cuartas elecciones parlamentarias en menos de dos años. Una vez más, el eje del proceso político se estructura en torno a la suerte del primer ministro Benjamin Netanyahu.

Resulta imposible comprender el devenir de Israel con independencia de la situación del premier. Netanyahu, para bien o para mal, es el eje de la política israelí de las últimas dos décadas. Habiendo participado en la Guerra de Desgaste que llevó Israel contra Egipto durante los años sesenta, es ex ministro de Relaciones Exteriores, ex ministro de Finanzas y Primer Ministro con el récord de permanencia en el poder desde la creación del Estado de Israel a través de la resolución 181 de las Naciones Unidas en 1947.

Netanyahu lleva en el poder quince años en dos períodos diferentes, de 1996 a 1999 y luego de 2009 hasta la actualidad, superando al primer Primer Ministro y fundador del Estado David Ben-Gurion, quien dirigió el país durante trece años, también, en dos períodos distintos, de 1948 a 1953 y de 1955 a 1963.

Durante su gobierno, Israel vivió una fenomenal transformación económica. Sus reformas incluyeron innovaciones en el nivel tributario, reducción del déficit público, privatizaciones de empresas, supresión de los controles de capitales y reducción burocrática en diversos sectores estatales. Además, impulsó a Israel hasta convertirlo en una potencia a nivel tecnológico en el mundo y el aprovechamiento de las grandes reservas de gas que posee el país, con exportaciones a países enfrentados históricamente como Egipto.

Israel mantiene un régimen político parlamentario, heredado del sistema británico, en el que el poder reside en el Jefe de Gobierno, que es el Primer Ministro, mientras que el Presidente cumple la función de Jefe de Estado, limitando su accionar al plano formal. El Poder Legislativo es representado por una Asamblea del Estado, llamada Knesset, compuesta por 120 bancas con una representación proporcional uninominal.

Para acceder a una banca en la Knesset, los partidos políticos deben alcanzar como mínimo un 3,25% de los votos para poder obtener un escaño en el Parlamento, lo que provoca que la composición sea extremadamente diversa, con más de quince partidos o coaliciones existentes. Una vez realizada la votación, los miembros del Parlamento deben seleccionar a quién lo presida, a través de negociaciones entre las diferentes facciones. La coalición oficialista debe poseer la mitad más uno, es decir, 61 bancas para formar gobierno.

El año pasado, se conformó una alianza de alternancia en el poder entre los dos partidos con más escaños: el partido de Netanyahu (Likud) y el partido del Ministro de Defensa, Benny Gantz (Azul y Blanca). Pero la política israelí está dominada desde siempre por un intenso dinamismo que llevó a que durante el transcurso del año 2020, esa alianza se rompiera. El acuerdo consistía en que Netanyahu debía ceder el cargo a Gantz en 2021, sin embargo, ese no fue el motivo de la disputa, sino la aprobación del presupuesto. Netanyahu quería aprobar un presupuesto para el año 2020 y 2021, mientras que Gantz quería aprobar un solo presupuesto bianual. Dicho enfrentamiento, sumado a otras discrepancias internas, terminó con la disolución de la coalición y el llamado a nuevas elecciones. Una perspectiva que eventualmente, fue juzgada como el resultado deliberado de una maniobra del astuto premier para incumplir su compromiso con Gantz e intentar un mandato completo por derecho propio.

Actualmente, la popularidad de Gantz se encuentra sumamente disminuida. Ello contribuye al hecho de que, a pesar de ser o haber sido un enemigo formidable, las verdaderas amenazas para Netanyahu provienen de otros sectores.

Los actores más relevantes en esta contienda electoral son el conservador Guideon Saar, (que fue su Ministro de Educación y del Interior), el centrista Yair Lapid y uno de los más radicales, Naftali Bennett, ex ministro de Educación y de Defensa, quien también fue un incómodo aliado de Netanyahu.

Saar conformó su propio partido, llamado Nueva Esperanza. Lapid representa al partido Yesh Atid, que ya conformaba parte del bloque opositor a Netanyahu desde el año pasado, mientras que Bennett representa al partido Yamina.

Sin embargo, estos no son los únicos partidos en la contienda electoral. Al existir una gran cantidad de ellos, los partidos pequeños pueden cumplir un rol clave para formar gobierno, tales como la Lista Conjunta Árabe, Raam, Israel Beitenu, Shas, Judaísmo Unido de la Torá, la Casa Judía o el Partido Laborista, entre otros. Recordemos que en el Estado de Israel, el 17% de su electorado son árabes, por lo que su influencia puede inclinar la balanza en favor de algunos de los contendientes a la jefatura de gobierno.

Atilio Molteni, ex embajador de Argentina en Israel en el período 2003-2010, considera que “la campaña de Netanyahu es particularmente intensa, con frecuencia invoca que ninguno de sus contrincantes tiene su experiencia interna e internacional, la misma que le habría permitido obtener las dosis de vacuna necesarias contra el covid-19, y desarrollar un plan que se extiende a gran parte de la población y la convierte en un ejemplo mundial, situación que le permitió ofrecer programas de cooperación a cuatro países europeos.”

Netanyahu se encuentra en una situación compleja, en donde su larga trayectoria como líder de Israel pende de un hilo. Enfrentado a causas de corrupción, sumado al descontento de un sector de la población por tantos años bajo el mando de una misma persona. En tanto, Netanyahu -e Israel en su conjunto- enfrentan el desafío de tener que construir una relación con una nueva Administración norteamericana, en momentos en que Irán despliega una intensa actividad diplomática y militar que inquieta al Estado judío.

El ex embajador argentino en Israel Mariano Caucino (2017-2019) señaló: “Mi experiencia indica que la política israelí se rige hace casi dos décadas por la dicotomía que plantea Netanyahu sí o Netanyahu no, y ello a la larga ha contribuido a solidificar su liderazgo dado que pareciera ser el eje del sistema”

Si bien el partido de Netanyahu encabeza las principales encuestas como el que más bancas obtendría, el número que obtenga dependerá de las alianzas que pueda tejer. Un triunfo electoral podría renovar sus esperanzas para extender su permanencia en el poder. En ese caso, confirmará una vez más una tendencia que ha marcado toda su trayectoria como Primer Ministro: los acompañantes van variando, pero el que conduce siempre es el mismo... Benjamin Netanyahu.

El autor es analista político

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