Joe Biden tiene todas las de ganar para tratar con Irán y debe aprovechar el momento

(Reuters)
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La eliminación del principal científico nuclear iraní, Mohsen Fakhrizadeh, ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones especulativas.

La reacción inicial a este incidente fue decir que el asesinato tenía como objetivo socavar la posibilidad de que el presidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden, reestablezca el acuerdo nuclear con Irán.

Otros han afirmado que la operación, supuestamente llevada a cabo por Israel, se realizó para encender un conflicto armado entre el país norteamericano y Teherán.

Si bien concuerdo con el argumento de que la operación carecería de valor, al menos que haya logrado revertir seriamente el programa nuclear de Irán (algo que aún no sabemos),los argumentos mencionados anteriormente no proporcionan una explicación satisfactoria.

Primero, el gobierno iraní ha responsabilizado a Israel por el ataque, no a Estados Unidos. Si Irán va a tomar represalias, atacará objetivos israelíes o judíos tal como lo hizo en Argentina en 1992 y 1994, y en Bulgaria en el 2012.

En segundo lugar, todavía hay un sector en el gobierno iraní que busca desesperadamente aliviar las demoledoras sanciones, y su única esperanza es la Administración Biden. Si el régimen iraní buscara una escalada militar o de otro tipo con Estados Unidos estaría quemando un puente vital para su supervivencia.

La única complicación parece ser una situación en la que el sector de línea dura de Irán gane influencia como para imponer una efectiva resistencia a la reactivación del acuerdo con Irán.

Sin embargo, este escenario existía antes del asesinato de Fakhrizadeh. Los intransigentes incluso se opusieron a las conversaciones con la administración Obama antes del acuerdo del año 2015 y, un cuarto de siglo antes, también se opusieron a cualquier interacción con Estados Unidos, incluso cuando los beneficiaba. Los partidarios de la línea dura de Irán revelaron el asunto Irán-Contra con el objetivo de socavar cualquier posibilidad de llegar a algún entendimiento con Estados Unidos.

Mohsen Fakhrizadeh (Derecha). Foto: Reuters
Mohsen Fakhrizadeh (Derecha). Foto: Reuters

Como ha señalado la académica iraní-estadounidense de Georgetown, Shireen Hunter, este episodio bloqueó cualquier tipo de reconciliación entre Estados Unidos e Irán hasta el acuerdo del 2015 (que también fue resistido por los intransigentes, pero aceptado por temor a que Estados Unidos extendiera las sanciones a la Republica Islámica).

Barack Obama, en su esfuerzo por apaciguar a estos sectores de oposición, firmó un acuerdo que dejó intactas las actividades desestabilizadoras iraníes y hasta su programa de desarrollo de misiles. Para asegurar la aprobación del Congreso de los Estados Unidos, el entonces presidente logró asegurar una votación que requería una mayoría de dos tercios para rechazar el acuerdo. Por supuesto, esto le costó caro cuando Trump desmanteló el trato de un plumazo. Lo que se construye sin un amplio consenso ni diverso asesoramiento, también así se desmantela.

Más recientemente, el parlamento iraní aprobó un proyecto de ley para suspender las inspecciones de la ONU e impulsar el enriquecimiento de uranio. Sin embargo, el presidente Hassan Rouhani se opone al proyecto de ley alegando que tal legislación dificultaría la restauración del acuerdo nuclear y no permitiría aliviar las insoportables sanciones estadounidenses. Rouhani entiende que si Irán se niega a llegar a un acuerdo, el país enfrentaría la continuación de las sanciones. Si estas continúan, el creciente descontento en las calles iraníes puede dar lugar a otra serie de protestas.

Hay otro elemento aquí que juega contra Irán. El asesinato de Fakhrizadeh demostró que incluso los miembros de la Guardia Revolucionaria, la columna vertebral del régimen, son vulnerables. El ataque pudo haber sido planeado y orquestado por el Instituto Central de Inteligencia y Operaciones Especiales de Israel (Mosad), pero fueron iraníes locales quienes lo llevaron a cabo a nivel operacional. Como observó acertadamente el columnista del New York Times Thomas Friedman, esto muestra el grado de oposición interna hacia el régimen.

El presidente iraní Hassan Rouhani  Foto: Kremlin vía REUTERS
El presidente iraní Hassan Rouhani Foto: Kremlin vía REUTERS

Dado el número de operaciones exitosas que ya ocurrieron dentro de territorio iraní, realizadas por los mismos ciudadanos iraníes reclutados por Israel, los opositores al gobierno pueden haber ya aprendido algunas técnicas y métodos capaces de amenazar la existencia del régimen de los Ayatolás.

Además, los israelíes lograron penetrar profundamente en los círculos internos iraníes, incluida la implacable Guardia Revolucionaria. Según informes recientes, los israelíes reclutaron hace más de una década a un funcionario iraní que citó de primera mano al asesinado Fakhrizadeh cuando dijo que produciría “cinco ojivas nucleares”.

Esto confirma la vulnerabilidad del aparato estatal iraní. Es mas, el argumento de la Guardia Revolucionaria según el cual un robot habría llevado a cabo el asesinato de Fakhrizadeh, y no seres humanos reales, precisamente tiene como objetivo ocultar la vulnerabilidad y la debilidad del régimen.

Biden tendrá mucha influencia para negociar un mejor trato. Las declaraciones del presidente electo al New York Times de que buscaría limitar las ambiciones nucleares de Irán y también abordar su proyecto de desarrollo de misiles y sus actividades desestabilizadoras en la región son muy alentadoras. Irán está subvirtiendo a los países de la región del Medio Oriente. También está involucrado en actividades criminales ilegales y sediciosas en todo el mundo, incluida una presencia peligrosa en América Latina, nuestra región.

Biden tiene una excelente oportunidad para incluir personas y expertos de diferentes puntos de vista, incluídos republicanos con experiencia en política exterior y seguridad nacional, muchos de los cuales apoyaron la su candidatura. Se necesita un equipo de rivales para cubrir todos los ángulos y tomar decisiones razonables, pragmáticas y con amplio consenso. Un acuerdo de este tipo no puede tener el estatus de un acuerdo internacional o un tratado si no tiene suficiente apoyo.

Todavía no está claro si Biden tendrá éxito no, pero debe hacer todo lo posible para restaurar la credibilidad internacional de Estados Unidos y aprender de los errores del pasado.

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