La nueva migración en Italia

Después de dos años, el país volvió a dar un giro en esta materia. ¿Cuáles son las razones?

La escultura de los  “ángeles inconscientes”, del canadiense Timothy Schmalz (Shutterstock)
La escultura de los “ángeles inconscientes”, del canadiense Timothy Schmalz (Shutterstock)

La inmigración es un fenómeno de difícil abordaje. Esto se debe a la multiplicidad de dimensiones que afectan a los procesos migratorios no pudiendo determinarse concluyentemente una única causa y encontrando siempre motivos biográficos y estocásticos. Si bien los factores históricos son importantes, este movimiento social responde también a estímulos o presiones sociales vinculadas a realidades de supervivencia o tal vez de progreso social donde también encontramos problemas políticos, sociales y económicos de los individuos afectados.

El siglo XXI y la globalización de los problemas complejizó la trama migratoria. Según datos de la ONU, en el año 2019 migraron 272 millones de personas en todo el mundo. Son 119 millones de personas más que en el mismo sondeo de 1990, siendo Europa la que más migrantes albergó, con 82 millones de personas, y luego América del Norte con 59 millones de personas. Otro dato colorido indica que los desplazamientos forzosos crecieron en 13 millones de personas entre 2010 y 2017. Es en este estamento de refugiados que entra la migración principal que recibe la península itálica.

Durante la era vicepresidencial y ministerial de Matteo Salvini (junio de 2018-septiembre de 2019), el gobierno italiano había tomado un rasgo populista aunque de índole anti-globalizador, proteccionista y nativista. La Antigua Roma, celosa de su ciudadanía –civitas romana- estaba renaciendo en la manos de un populismo de extremos de ambos lados de la ideología política ante la ineficiacia gubernamental de los partidos tradicionales. El apoyo a estas ideas y la voluntad de colocar un freno a la inmigración fue tal que en diciembre de 2018 la extrema derecha con el partido Lega logró transformar en ley –con el apoyo total de la extrema izquierda del partido Movimento 5 Stelle- sus polémicos decretos sobre inmigración y seguridad. En esta línea, y disfrazados los decretos de discursos antimafias-antitráfico de todo tipo y corrupción, en Italia era ahora posible alargar la detención de los inmigrantes, en su mayoría refugiados, en los célebres “Centri di Permanenza per la Repatriazione” o Centros de Permanencia para la Repatriación. Asimismo, se produjo el endurecimiento en las solicitudes de asilo y la supresión total de la protección humanitaria limitando la cuidado de los más vulnerables. Todo esto fue reemplazado por un permiso de residencia de un año para casos extremos como urgencias sanitarias, desastres naturales en el país de origen o, al mejor estilo claudino o neroniano, haber realizado algún mérito en terreno italiano. Por último, la norma facilitaba la expulsión de los inmigrantes considerados “peligrosos” como también de aquellos condenados en primera instancia judicial. En aquellos tiempos, la normativa fue apoyada enormemente por la población quien había votado a Salvini expresamente por este programa de gobierno.

Como bien se sabe, Italia es un país de sorpresas y de cambios inesperados y esta situación cumplió con la regla italiana. A dos años de la normativa, Italia volvió a dar un giro en esta materia. ¿Cuál es entonces la razón para modificar una norma que superó la gestación, el embarazo y el parto hace no tanto tiempo?

Es plausible que la explicación repose en dos factores: la realidad y la humanidad. En cuanto al primero de ellos, Otto von Bismarck ya señalaba: “No podemos hacer la historia, sino esperar a que se desarrolle”. Al mismo tiempo, Salvini parecería haber olvidado el principio político donde “todo lo que no es operable, es falso”. La reducción legal del ingreso migratorio y la expulsión forzosa no implicó que el fenómeno se redujera. Todo lo contrario, se mantuvo –de forma irregular– y hasta incrementó el poder de las mafias y las costos de sus servicios. La no operabilidad fáctica de la medida de detención y expulsión hizo que la norma quedara circunscripta, al menos parcialmente, a un eficaz control estatal del grupo de los admitidos y a un descontrol de los rechazados. Quizás un ingreso total controlado sería, por cierto, más costoso económicamente pero menos costoso socialmente, y un menor costo social bien gestionado, es un menor costo económico a largo plazo. Asimismo, siempre es de destacar que el problema de los refugiados no es italiano sino también europeo y sería atendible que, tras las experiencias de guerras y persecuciones, Europa, en atención a un proceso irreversible, al menos en el corto plazo y de acuerdo a la coyuntura económica y social mundial y al rumbo de la historia universal, acompañara más inteligentemente el proceso en lugar de combatirlo.

En cuanto al segundo factor, en mi opinión, en general, el ser humano no puede escapar a su humanidad por mayor que sea su fanatismo e ideología. El dolor siempre y eventualmente, una vez que transita el perdón, increíblemente, humaniza. La alegría reúne pero sólo el dolor une. Siguiendo a Newman, “en un mundo superior puede ser de otra manera; pero aquí abajo, vivir es cambiar, y ser perfecto equivale a haber cambiado muchas veces.” La muerte de Willy Monteiro Duarte, un joven de 21 años nacido en Roma de padres originarios de Cabo Verde, asesinado el 6 de septiembre de 2019 en Colleferro a raíz de la golpiza de cuatros jóvenes “blancos, de un anacrónico mussolinianismo y racistas” conmovió a Italia y produjo un cambio. La sociedad italiana recuerda sus llagas y sus heridas y las revive. La empatía rebrotó incluso en algunos quienes eran más afines al proyecto salvinista. Los muertos, que el embravecido mar desliza en sus playas, la impotencia de la indefensión y el dolor de la indiferencia mellaron con el italiano promedio.

Fue así que se gestó la nueva normativa, festejada, entre otros, por Nicola Zingaretti, el líder del Partido Democrático. Este texto, aprobado a inicios de octubre de 2020, tiene varias virtudes y modifica los artículos 131 bis y 588 del Código Penal Italiano. En primer lugar, restringe la expulsión del inmigrantes si existe riesgo de tortura, de tratos inhumanos y degradantes y de riesgo a su vida privada y familiar al ser repatriado, proveyéndolo de un permiso especial de estadía como protección humanitaria. Este permiso es convertible en permiso permanente de trabajo si es que el refugiado encuentra uno. Asimismo, se agregan como permisos convertibles los casos de calamidad, residencia electiva, adquisición de la ciudadanía o apatridia, actividad deportiva, trabajo artístico, motivos religiosos y asistencia a menores. En segundo lugar, el nuevo decreto crea un sistema de acogida e integración donde, en una primera fase, los primeros auxilios se continúan brindando en los centros gubernamentales ordinarios y extraordinarios y donde, en una segunda fase se produce una división en dos niveles de servicios: el primero dedicado a los solicitantes de la protección internacional y el segundo a quienes ya la poseen, con servicios adicionales orientados a la integración. En tercer lugar, permite a las ONGs internacionales la cooperación con las fuerzas marítimas estatales de bandera italiana siempre que estas proporcionen su anuencia, y redujo las multas elevadas que Salvini había impuesto para el caso de la navegación ilegal en aguas italianas. En un cuarto lugar, se le otorga poder a las cuesturas municipales para prohibir el ingreso de inmigrantes a locales donde se sospecha o se haya probado que el inmigrante vende drogas endureciendo la pena por esta conducta. Por último, y en atención a lo ocurrido con el caboverdense, si alguien es herido o muerto por peleas de origen racial el agresor será condenado con prisión de seis meses a seis años.

A partir de esta norma, todos los inmigrantes tienen, de alguna manera, la posibilidad milagrosa de insertarse en Europa vía Italia, siempre que cumplan con el orden público imperante. La expulsión, aunque atenuada, continúa vigente para los que deseen insertarse por fuera de la ley.

La escultura de los “Angels unaware” o de los “ángeles inconscientes”, del canadiense Timothy Schmalz, es una estatua donde hay una barca con inmigrantes de todas las épocas y con rostros tomados de la realidad que simula a su vez a los refugiados. La obra fue emplazada por el papa Francisco en la Piazza San Pietro para el día de la Jornada Mundial del Emigrante (29/09/2019). La misma nos muestra que no sólo “Black Lives Matter” (las vidas negras importan) sino que “All lives matter” (todas las vidas importan). Esta obra artística es, a su vez, una buena síntesis de nuestra condición: la humanidad, sin distinción de raza o credo, en esta nueva paz armada se halla en un mismo bote averiado por el cambio climático y debe enfrentar un potencial diluvio de hambrunas, enfermedades y muerte. Está en el hombre conseguir uno de los más difíciles pero fructíferos y liberadores cambios. Poder, por un lado, aceptarse y perdonarse y, de esta manera, aceptar y perdonar al otro. Radica únicamente en esta moraleja, a mi entender, la transfiguración de esta triste e injusta realidad. Sólo así el bote modificará su nombre por el de arca.

El autor es empresario, Magister en Relaciones Internacionales América Latina-Europa por la Universidad de Bologna y Profesor de Derecho de la UBA.