EEUU 2020, votar y contar: una elección para la historia

¿Cuál será su legado del actual presidente? ¿Habrá trumpismo sin Trump? ¿Qué es el trumpismo exactamente?

El presidente electo Joe Biden (REUTERS/Jonathan Ernst

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El presidente electo Joe Biden (REUTERS/Jonathan Ernst

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Aunque el polvo de la batalla electoral no se ha asentado, los días precedentes han generado imágenes difíciles de olvidar, una miríada de datos y temas a analizar y eventos que pasarán a la historia. Los hechos principales: Joe Biden es el candidato con más votos en la historia de Estados Unidos. Le sacó además más de cuatro millones de votos al presidente Trump. Su candidata a vicepresidenta sería la primera mujer en ocupar esa magistratura y dice: “Soy la primera en ocupar este cargo, pero estoy segura que no seré la última”.

Al presidente se le está escapando su re-elección (y también su ansiado sueño de un tercer período), y no concede la victoria. Para demostrar que todavía tiene el poder, en una advertencia a los militares y servicios de seguridad que deberían sacarlo de la Casa Blanca si se confirman los resultados y si él se resiste, echó por Twitter al secretario de Defensa y se rumorea que los jefes del FBI y la CIA podrían ser los próximo. Es tal vez el capítulo más reciente del importante debate sobre el “estado profundo” (deep state), o quizá una versión de aquella pregunta inicial de su presidencia: ¿Ganará el Presidente o las instituciones del estado constitucional? Vale la pena invocar a nuestro Guillermo O’Donnell con su aporte al debate de la “rendición de cuentas” (accountability). Nos enseñó que tiene dos facetas: la horizontal (el equilibrio de poderes de Montesquieu, la mutua vigilancia entre ellos) y la vertical, cuando los ciudadanos dan su veredicto, el voto. El Presidente hizo y deshizo en su presidencia, pero fue sin embargo sometido al raro y grave evento institucional del juicio político. El 3 de noviembre llego la hora de los ciudadanos: las elecciones.

Se pronuncian ya también muchos líderes y aliados mundiales (Boris Johnson del Reino Unido, Benjamin Netanyahu de Israel, la presidenta de Taiwán) que felicitan a Biden. China, Rusia, México y Brasil, esperan. Un puñado de republicanos (los Bush, Mitt Rommey), saludan a Biden y apenas otro puñado apoya a Trump (Marcos Rubio, Ted Cruz). Recién ayer parecieron salir del estado de shock, una semana después de las elecciones. Un nuevo oxímoron político: el silencio del grueso del “Gran y Viejo Partido” (GOP) republicano ha sido ensordecedor.

Una sorpresa tan mayúscula como la de la cadena conservadora Fox, baluarte acérrimo del trumpismo en estos años. Por largas horas y días, la pantalla de Fox parece congelada “cometiendo la herejía” de reconocerle 264 votos electorales a Joe Biden y 213 al Presidente, y esto mientras CNN daba Biden 253-Trump 213. ¿Qué pasó? ¡Vuelan las teorías conspirativas en Washington! Sobre esto como sobre todo. Uno que ha observado elecciones en muchos lugares piensa: que Fox reconozca ganador a Biden baja las perspectivas de la violencia latente en el aire. En efecto, las grandes ciudades con sus negocios con maderas atornilladas en las vidrieras, como cuando vienen los inmisericordes huracanes, estarán quietas, en tensa calma, hasta que los medios reconozcan la victoria de Biden (y Kamala Harris) el sábado 7 por la mañana.

Le duele y mucho al presidente no poder borrar ya nunca el haber sido derrotado por Joe “sleepy” Biden, quien ha ganado la batalla de la legitimidad. El Presidente confía todavía en ganar la batalla de la legalidad, y elige el camino de atacar la integridad del complejo sistema electoral norteamericano. Con una andanada de tuits lanza una guerra de guerrillas en tribunales. Un asesor republicano exclamó vehemente: “Oremos a la justicia en todos los casos en que encontremos fraude sistemático”. Es música que suena en los oídos trumpianos, “¡fraude!”, que no advierten que la palabra clave es “sistemático”. No imposible, pero difícil en un sistema tan descentralizado como el de EEUU. El presidente republicano del Comité Judicial del Senado también parece tronar: “Me ocuparé de que se investiguen todas las denuncias creíbles que se presenten”. De nuevo, aquí, es más importante “creíble” que “denuncia”. A los ojos de muchos ciudadanos honestos, el cambio de los indicadores después de una espera eterna, del rojo republicano al azul demócrata resultaba comprensiblemente sospechoso. De antemano se sabía, sin embargo, que primero se contarían los votos presenciales, que previsiblemente favorecerían al presidente que minimiza el peligro del Covid-19 y que el voto por correo, de los mayoritariamente preocupados votantes demócratas, que quieren evitar el peligro de la cola y del recuento cerrado de votación, y que entraría en horas y días subsiguientes, favorecería a Biden. El Presidente apuesta a todo o nada, a que aparezca un juez que le dé la razón, que algún caso, que involucre un número de votos importantes, y que el caso llegue a la Corte Suprema, donde hay mayoría donde de los nueve miembros seis son conservadores y tres progresistas. Tres de los conservadores que incluso le deben su puesto al presidente, la última jueza nombrada en tiempo récord pocos días antes de la elección.

Si se confirma la derrota del presidente, ¿cuál será su legado? ¿Habrá trumpismo sin Trump? ¿Qué es el trumpismo exactamente? Tampoco hay mucho acuerdo. ¿Una crítica a la elite? ¿Un ataque al sistema? ¿Al sistema democrático? ¿La demolición acaso de los pilares del estado y la democracia? ¿Una crítica a la globalización en nombre de los perdedores? ¿Un estilo de hacer política? Todas correctas, pero ¿qué peso cada una? Algunos piensan que no habrá otro como Trump, y que la realidad cambiará mucho en cuatro años. El Presidente tiene hoy 74 años; Joe Biden, 77. Si el sueño de tres mandatos consecutivos se aleja, quizá otro sueño emerja: la epopeya de un mítico retorno en 2024, cuando tendrá 78 años. Los impacientes ciudadanos del siglo XXI, ¿se cansarán también pronto de los demócratas? 88.9 millones de seguidores en Twitter en todo el mundo todavía respaldan a Trump. Volver a la presidencia después de haberla dejado, esto sería hacer historia en la gran historia de Estados Unidos. ¿The comeback kid? ¿El sueño americano? el sueño americano de Trump.

*JD, MPhil, MA, PhD. Centro de Estudios Latinoamericanos (CLAS). Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown


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