El silencio de Andrés Manuel López Obrador debe interpretarse como una manifestación de respeto

Varios “opinólogos” y políticos han tergiversado esta situación afirmando que se trata de una supuesta simpatía de Andrés Manuel López Obrador hacia Donald Trump

La prensa mexicana registró el triunfo de Joe Biden en la presidencia de Estados Unidos.  EFE/Mario Guzmán
La prensa mexicana registró el triunfo de Joe Biden en la presidencia de Estados Unidos. EFE/Mario Guzmán

La decisión de AMLO de no pronunciarse con respecto a la victoria o derrota de los candidatos presidenciales en Estados Unidos, lejos está de ser un asunto de simpatías, por el contrario, se trata de una decisión de Estado que muestra el compromiso del presidente mexicano para respetar la doctrina Estrada, como lo ha hecho en diferentes contextos a lo largo de su mandato.

No debemos olvidar que este proceso electoral ha sido uno de los más reñidos de la historia de la nación norteamericana en los últimos tiempos, por lo que la política exterior debe ser sumamente cuidadosa en sus pronunciamientos y no se debe tomar a la ligera, pues hay dudas razonables para pensar que la determinación legal del ganador, puede demorar.

En el contexto de la posverdad y las noticias falsas, varios “opinólogos” y políticos han tergiversado esta situación afirmando que se trata de una supuesta simpatía de Andrés Manuel López Obrador hacia Donald Trump, lo cual es categóricamente falso, así hubiese sido distinto el resultado preliminar, la política exterior del gobierno mexicano siempre ha girado en dirección al respeto de la libre determinación de los pueblos, por lo que la tesis del supuesto apoyo a Trump es bastante cuestionada.

El candidato demócrata, Joe Biden, da su primer discurso como virtual vencedor en las elecciones de 2020 frente a Donald Trump, en Wilmington, Delaware, Estados Unidos, 7 de noviembre, 2020. REUTERS/Jim Bourg
El candidato demócrata, Joe Biden, da su primer discurso como virtual vencedor en las elecciones de 2020 frente a Donald Trump, en Wilmington, Delaware, Estados Unidos, 7 de noviembre, 2020. REUTERS/Jim Bourg

Es imprescindible que, para que haya un pronunciamiento para reconocer al nuevo presidente de Estados Unidos por parte del Estado mexicano, debe de haber una total certeza de que legalmente haya un legítimo ganador de las elecciones en nuestro país vecino. Precipitarse al respecto, podría malinterpretarse como una injerencia o intromisión a los asuntos internos de los Estados Unidos dado el protagonismo de las relaciones que tiene con México.

Resulta desafortunada la declaración que hizo en Twitter Joaquín Castro, representante demócrata quien calificó la política no intervencionista del presidente Obrador como “un impresionante fracaso diplomático”, lo único que demuestran este tipo de declaraciones es un notorio desconocimiento de la política exterior mexicana, que busca presionar y generar controversia.

Tampoco pasa inadvertido el oportunismo de algunos políticos de oposición mexicanos (senadores, diputados, gobernadores y un expresidente) que han “felicitado” al virtual ganador, Joe Biden, en miras de, supuestamente, “exhibir” la simpatía del presidente de México por Donald Trump. Lo único que demuestra este tipo de acciones es la ausencia de una oposición sólida y verdaderamente crítica, mucho menos, propositiva.

El silencio de Andrés Manuel López Obrador debe interpretarse como una manifestación de respeto, prudencia y dignidad, no del mandatario, sino del Estado mexicano. Estos principios, son indispensables para cualquier política exterior de cualquier gobierno.

Al final del día, creo que el sistema electoral estadounidense ha dado síntomas a estas alturas de una necesaria reforma que le dé más peso al voto popular como sucede en otras democracias, así como la imperiosa necesidad de crear instituciones que den certeza al respeto de los votantes.

En el año 2000, Al Gore tardó 45 días en reconocer la victoria de George W. Bush. La elección se decidió en la corte.. REUTERS/Kevin Lamarque/File Photo
En el año 2000, Al Gore tardó 45 días en reconocer la victoria de George W. Bush. La elección se decidió en la corte.. REUTERS/Kevin Lamarque/File Photo

Hay que recordar que, a lo largo de la historia de los Estados Unidos, en cinco ocasiones el candidato con más votos populares no ganó las elecciones, hecho que nos da mucho que pensar acerca del papel del sistema de “colegio electoral” que impera en el país vecino; tal vez, el caso más notorio fue cuando en 1876, cuando con un solo voto del “colegio electoral” se determinó al vencedor, en el marco de las elecciones más reñidas de Estados Unidos hasta ese momento.

En la época reciente, basta hacer mención a la elección de Bush contra Gore en el año 2000, en la que el segundo, pese contar con el sufragio del pueblo, también perdió, después de que el asunto terminara en la Corte Suprema, la cual, tras un recuento y una apretada votación, dio la victoria a George W. Bush.

Así pues, considerar estos hechos históricos y las deficiencias del propio sistema electoral norteamericano son un recordatorio de que hay que tratar “con pinzas” el tema de las relaciones exteriores no sólo con nuestro vecino del norte sino con todas las naciones del mundo.

*Doctor en derecho y académico de la Facultad de Derecho de la UNAM, Autor del libro “Bajo la lupa. Análisis de sentencias relevantes en la elección 2018, hacia una agenda electoral ciudadana”. Coordinador de Formación y Docencia del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS ) de la UNAM

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