Tras los votos, las heridas

Terminado el recuento, ha llegado el momento de mirar hacia los grandes interrogantes que determinarán el éxito o el fracaso de la nueva Casa Blanca

El candidato demócrata a la Presidencia de EE.UU., Joe Biden. EFE/Jim Lo Scalzo
El candidato demócrata a la Presidencia de EE.UU., Joe Biden. EFE/Jim Lo Scalzo

Más que una nación dividida, el mapa electoral norteamericano ha puesto de relieve una potencia fracturada. Ciudades frente a suburbios, hombres frente a mujeres, blancos frente a afroamericanos, universitarios frente a operarios, las urnas han revelado un sectarismo realmente profundo e inquietante.

La primera gran tarea del presidente Biden será, por lo tanto, curar las heridas.

Para algunos esta es una misión imposible, toda vez que el trumpismo sobrevivirá a estas elecciones. Seguirá presentándose como la voz de la mitad de los EEUU y aprovechará todas las oportunidades para degradar el discurso político con falsas alegaciones y conspiraciones, sea a través de Twitter o de procesos judiciales.

No se trata solamente de no saber perder, sino de una necesidad. Es que las declaraciones fiscales de Donald Trump, analizadas por el New York Times, dejaron claro que el republicano depende de aparecer -sea en la política o en la televisión- para generar dinero y cubrir las deudas astronómicas de sus negocios. Como ex presidente aplicará, así, la misma estrategia de siempre: dividir para capitalizar.

Sin embargo, en el momento en que zarpar hacia estas turbias aguas, Biden cuenta con dos armas importantes. Primero, su largo historial de trabajo con el Partido Republicano, en los 36 años que sirvió en el Senado y después como vicepresidente de Obama.

En efecto, Biden no es una figura hostil a la oposición. Tanto es así que personalidades como Colin Powell, William Cohen y Cindy McCain incluso apoyaron su candidatura presidencial.

En segundo lugar, la pandemia, siendo la mayor emergencia nacional, es también la mejor oportunidad que el demócrata dispondrá para unir al país. Biden prometió escuchar a los científicos, promocionar el uso generalizado de máscaras, masificar los testes rápidos y, sobre todo, despolitizar la lucha contra el coronavirus. Esperemos que cumpla, aunque la situación se pueda deteriorar significativamente antes que entre en la Sala Oval, a finales de enero de 2021.

Seamos claros: Biden hereda una situación todavía más grave que la que Obama recibió en 2008. A la crisis de salud se suma una recesión económica y una brecha racial que, en otro siglo, motivó una guerra civil.

Ahora bien, sin fuerza y paz internas, el nuevo presidente encontrará enormes dificultades para rescatar a los valores liberales en el orden internacional. En este campo será fundamental la elección del próximo Secretario de Estado. Se habla mucho de Susan Rice, ex consejera de Seguridad Nacional de Obama, pero también del senador Chris Murphy -quizás demasiado joven para el cargo- y de Tony Blinken, el principal asesor de política exterior de Biden.

Sea quien sea, podemos esperar un acercamiento, comercial y militar, con la Unión Europea para trabar los ímpetus del Kremlin.

Asimismo, podemos anticipar otra sensibilidad para los temas de América Latina en general, aunque sin grandes expectativas respecto a la Argentina. Es que Biden ha visitado el continente con frecuencia en los últimos años y fue además el emisario del presidente Obama en la región.

Por otro lado, hay diversas cuestiones sin respuesta, tales como si EE.UU. volverán prontamente al Acuerdo de París. En el Medio Oriente, todavía no sabemos si la nueva administración seguirá armando a Arabia Saudita, si esperará por un acuerdo político en Afganistán antes de retirar las tropas, si volverá a la mesa de negociaciones con Irán y se seguirá normalizando la relación de Israel con los países árabes.

Pero hay al menos un campo donde no debemos esperar cambios substanciales en lo que ha sido la política de Trump: la creciente competencia con China.

El autor es politólogo y ex embajador en Portugal