La ideología yihadista y la falta de visión de los grupos palestinos empujan a su pueblo a la frustración del pasado

La carencia de visión estratégica de la dirigencia y la militancia palestina para dejarse arrastrar a posiciones de organizaciones para-estatales y estados terroristas se ha hecho evidente.


Mahmoud Abbas (REUTERS)
Mahmoud Abbas (REUTERS)

Cuando se observa, la dirigencia palestina continua inclinada en defender posiciones extemporáneas, sin ideas pro-activas, colmadas de diagnósticos y debates inaplicables en el nuevo mapa geopolítico regional en dirección a necesarias soluciones por los pueblos árabes en general y el palestino en particular. Este panorama negativo, particularmente días en que debería esperarse una reacción positiva que se observa es lo contrario a lo que se necesita y confirma la reiteración del propósito de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) de ceñirse a ideas del pasado como paradigmas sacro-santos a pesar de sus varios fracasos en el tiempo. Así, queda expuesta la desconexión de esa clase dirigente en cuanto a resolver los problemas reales de su pueblo.

Estas posiciones palestinas no solo muestran incapacidad en organizar y sostener la defensa eficaz de sus propios principios políticos sino que marcan el desgobierno en áreas críticas de la ANP en materias como la economía, salud, educación y seguridad, y coloca a su pueblo ante una nueva frustración y el desamparo que se debería evitar aprovechando una oportunidad histórica en la región de la que puede tomar beneficios si se aparta de preceptos que no han llevado a su pueblo a ningún lugar positivo.

En esa dirección, el canciller de Emiratos Árabes Unidos (EAU) Anwar Gargash y el ministro del Interior de Bahréin, Rashid bin Abdullah Al-Khalifa, declararon públicamente en varias oportunidades que sus acuerdos de normalización con Israel no deja de lado la causa palestina, contrario a ello, ambos estados han reafirmado que continúan apoyando la construcción de un estado palestino. Sin embargo, el viaje y la reunión del líder de Hamas, Ismael Haniyyeh a Beirut y su reunión, la pasada semana, con Hassan Nasrallah, secretario general de Hezbollah para coordinar futuros cursos de acción contra el estado judío deja en claro que los grupos palestinos tienen otros planes que una vez más van a contramano de los intereses de su pueblo.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Bahrein, Abdullatif Al Zayani, el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el Ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Abdullah bin Zayed, exhiben sus copias de los acuerdos firmados mientras el Presidente (REUTERS)
El Ministro de Relaciones Exteriores de Bahrein, Abdullatif Al Zayani, el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el Ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Abdullah bin Zayed, exhiben sus copias de los acuerdos firmados mientras el Presidente (REUTERS)

Así, al interior de los países árabes islámicos vuelve a emerger la controversia sobre la gastada y noble afirmación occidental de fe democrática; aquello de: “Puedo no estar de acuerdo con su opinión, pero moriría por su derecho a expresarla” es difícil de aplicar entre las facciones palestinas y pareciera resultar vacía de significado cuando vemos claudicar al presidente palestino Mahmud Abbas (Abu Mazen) y a su gobierno haciéndose eco de los postulados de Ismael Haniyyeh, quien domina la Franja de Gaza luego de derrocar al presidente Abbas y expulsar su administración del enclave en enero de 2006, año en que Hamas instauro un régimen de terror que hoy es apoyado por Irán y Hezbollah desde el Líbano.

La disputa interna entre las facciones palestinas de Hamas y Fatah a la que el grupo Yihad Islámica Palestina suele sumarse como un tercero que complica las cosas más aún para los habitantes de Gaza y Ramallah, hoy parece desaparecer con la unidad de todos ellos en mismo y vehemente rechazo a los acuerdos firmados por EAU y Bahréin con el estado de Israel. Lo curioso del rechazo es que va a contra mano de las necesidades del pueblo palestino y no considera la posibilidad abierta de conformar un estado soberano e independiente. Sin embargo, esa conducta expone la imagen mundial de esa dirigencia mostrando su real posicionamiento al escoger situarse fuera de la mesa de negociaciones desperdiciando una nueva oportunidad al apartarse del momento histórico que puede ofrecerle un cambio de rumbo en aspectos de suma importancia para su progreso, algo que han solicitado incluso por medio de la violencia armada por los últimos 70 años. Esa es la situacion que algun día Mahmud Abbas e Ismael Haniyyeh deberan explicar y rendir cuentas por ello a su propio pueblo.

Días pasados también un hecho de alto impacto que involucra a la dirigencia palestina tuvo lugar, la viuda de Yasser Arafat (Abu Yihad), Suha Arafat, felicitó los acuerdos a los que calificó como oportunidad a no desaprovechar, se disculpó con EAU y Bahréin por la quema de banderas de ambos países que se vieron en Gaza y Ramallah y publicó en sus redes sociales graves acusaciones contra Abbas y Haniyyeh desde Malta, lugar donde reside, sus declaraciones fueron apoyadas por amplios sectores populares palestinos. La viuda de Arafat denuncio tambien que desde que efectuó esas publicaciones ha sido objeto de amenazas reiteradas y esta siendo atacada en sus redes sociales, por lo que culpa directamente al liderazgo palestino.

Aunque no es una cuestión acerca de lo que los palestinos toleraran o las acusaciones que por estas horas sus políticos dirigen a Bahréin y a EAU, sino lo que defenderán en beneficio de su pueblo, lo esperable de Abbas y la ANP era un marco de consenso inclusivo y tolerante para tomar rédito en favor de su pueblo del nuevo mapa geopolítico, y no el discurso que se escucha de su gobierno y funcionarios. Lo cierto es que el avance a una etapa de modernidad en Oriente Medio no puede incluir a grupos y sectores que se muestran abiertamente violentos y cercanos al terrorismo. Aquellos que pretendan manipular las libertades y oportunidades políticas que les ofrece la conformación de un Estado y una sociedad libre y pacífica muy probablemente fracasaran y quedaran fuera de la historia.

La tolerancia a las políticas autoritarias por parte del pueblo palestino no puede ser infinitamente elástica. La medida en que puede estirarse o circunscribirse dependerá de las circunstancias económicas y sociales, pero sobre todo a la experiencia histórica de “la causa palestina” ante la proximidad de las amenazas que tanto Hamas como Fatah presentan a las instituciones necesarias para la formación del estado palestino por el que dicen luchar.

El problema entre facciones palestinas radica en que si las oportunidades para que crezca una amenaza totalitaria se mantienen abiertas demasiado tiempo el escenario interno entre ellas se agravara y cuando esas amenazas emergen justamente de parte de quien ejerce el poder de manera arbitraria las cosas se tornaran más complejas aún, y el único perjudicado continuara siendo el pueblo palestino que hoy se encuentra secuestrado entre la puja de una entidad terrorista que gobierna el enclave y una ANP que no puede, no sabe o no quiere controlar sus territorios y dirigirse a la modernidad para brindar una vida mejor a los suyos.

La magnitud del problema palestino no se evidencia cuando algunos funcionarios de la ANP o de Hamas rompen cualquier acuerdo que pudieron alcanzar a través del tiempo, radica en las fragmentadas facciones, coaliciones o frentes en que los egos personales de sus líderes han demostrado ser perniciosos e inconducentes. Esas conductas y el personalismo que caracteriza a su clase política desde los tiempos de Yasser Arafat, hoy tienen la oportunidad de madurar y evolucionar para brindar una oferta de gobernabilidad que genere confianza en una dirigencia palestina que ha defeccionado por más de 50 años. De lo contrario, como pueblo, los palestinos continuaran sometidos a las históricas y fracasadas internas de sus facciones que, lejos de construir instituciones democráticas que favorezcan la creación de un estado propio, soberano e independiente, lleven a su pueblo a un escenario peor al conocido hasta el presente.

Una política clara en materia de seguridad y bienestar de un pueblo para crear un estado sustentable con instituciones serias se basa en un pilar fundamental que es la convicción en los valores en materia de ordenamiento y en la libertad de sus ciudadanos, a ello debe sumarse la determinación para defender esos valores. Infortunadamente hoy no existe tal cosa en Ramallah y Gaza, y la retórica emergente de ambos sectores prometen agravar peligrosamente la situación social de su pueblo dejándolo una vez más al margen del progreso, la modernidad y la historia.

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