Algunas claves para entender cómo serán las elecciones en EEUU

¿Cuáles son algunos de los aspectos centrales tanto del proceso electoral estadounidense como del desempeño actual de ambas campañas? ¿Quién tiene más posibilidades de ganar?

Donald Trump y Joe Biden (Shealah Craighead/White House/dp / DPA)
Donald Trump y Joe Biden (Shealah Craighead/White House/dp / DPA)

Luego de la nominación de sus candidatos a presidente y vicepresidente, el Partido Demócrata (John Biden–Kamala Harris) y Partido Republicano (Donald Trump–John Pence) entran en la recta final de una elección que se definirá el 3 de noviembre. ¿Cuáles son algunos de los aspectos centrales tanto del proceso electoral estadounidense como del desempeño actual de ambas campañas? ¿Quién tiene más posibilidades de ganar la elección?

Un primer tema para considerar es que el voto en Estados Unidos es voluntario. Esto quiere decir que los candidatos no sólo tienen que atraer a los votantes moderados sino también motivar a sus propias bases para que el día de la elección salgan a votar. Este equilibrio resulta difícil de alcanzar. Tomemos el caso de Biden. Por un lado, tiene que atraer a los votantes independientes que rechazan algunas de las posiciones más extremistas del ala progresista del partido, pero al mismo tiempo necesita contar con el apoyo de los jóvenes y otros sectores más cercanos a la izquierda. Estos últimos, al igual que Trump, tienden a ser antielitistas y en las internas del Partido Demócrata apoyaron a Bernie Sanders. Por su parte, Trump necesita asegurarse el apoyo del movimiento evangélico que, con sus posiciones socialmente conservadoras, se ha convertido en la principal base electoral del Partido Republicano.

Y esto nos lleva a otro aspecto central del proceso electoral de Estados Unidos: la elección del candidato a vicepresidente. Esta es una de las pocas oportunidades con las que cuenta un candidato presidencial para ampliar su coalición electoral. De manera inteligente, en 2016 Trump eligió a Pence y de esta manera se aseguró el apoyo de los dirigentes del partido y de los evangélicos. Unas semanas atrás Biden se inclinó por la senadora Harris, en lo que parece haber sido una apuesta segura. Si bien Harris es un miembro del establishment del partido, también es una mujer que pertenece a una minoría étnica. De esta manera parece haber logrado acercarse a los progresistas sin por ello haber despertado el temor de los más moderados.

Además de la elección del vicepresidente, otras oportunidades con las que cuentan los candidatos presidenciales para ganar nuevos adeptos son los discursos en los que aceptan la nominación de sus partidos y los debates presidenciales. En esta ocasión, los discursos no han podido ser en estadios cerrados debido a la pandemia. En este sentido, los republicanos fueron afortunados ya que al tener su convención luego de la de los demócratas pudieron aprender de sus errores y presentar un mejor espectáculo, lo cual se vio reflejado en una mejora en las encuestas. Quedan pendientes entonces los debates presidenciales, quizás la última ocasión que Biden y Trump para sacarse ventaja.

Otra particularidad del sistema electoral estadounidense es que la elección no es por voto popular sino a través de electores. Cada estado tiene un número fijo de electores que, básicamente, corresponde al número de habitantes. Salvo en un par de casos menores, aquella formula presidencial que se impone en un estado se lleva todos sus electores. Esto ha llevado a que se produzcan resultados curiosos, como ocurrió en el 2000 y en el 2016, cuando los demócratas ganaron el voto popular pero perdieron la elección presidencial. En definitiva, la elección presidencial se definirá en aquellos estados en donde el resultado todavía no esta claro. Entre estos se encuentran Florida, Ohio, Virginia, Michigan y Pensilvania, los denominados battleground states. Será ahí a donde las campañas apuntarán sus recursos.

El sistema electoral actual representa un problema estructural para los demócratas ya que su apoyo tiende a concentrarse en estados con gran población, como son California y Nueva York, en donde ganar por un voto o 10 millones resulta igual. Otro problema para los demócratas consiste en que California y Nueva York tienen la misma cantidad de senadores que cualquier otro estado del país. Esto favorece a los republicanos, dado que suelen contar con mayor apoyo en estados relativamente pequeños.

Efectivamente, no debemos olvidar que en esta elección no se define únicamente la presidencia. Por ejemplo, el partido que controle el Senado tendrá gran influencia sobre la futura composición de la Corte Suprema de Justicia. Y dado que en las últimas décadas se ha vuelto cada vez más difícil legislar en Washington, en parte debido a los altos niveles de polarización, con el paso del tiempo este tribunal ha comenzado a tomar decisiones claves. Si los republicanos logran retener la presidencia y el Senado, es posible que puedan incrementar la mayoría conservadora de la Corte del 5 a 4 actual a un 7 a 2. En efecto, se especula que las próximas dos vacantes serán dejadas por jueces progresistas.

¿Quién tiene más posibilidades de ganar la elección presidencial? Hoy en día las encuestas lo muestran a Biden ganando el voto popular por seis puntos, diferencia que cae a la mitad en los battleground states. La principal ventaja de Biden es que resulta un candidato atractivo para los votantes independientes, pero no tiene el carisma de candidatos anteriores como Barack Obama o Bill Clinton. Por otra parte, Trump despierta el rechazo de un sector importante de la población pero sigue teniendo una enorme capacidad para comunicarse con el electorado. Un dato no menor en este sentido es que mientras que el republicano cuenta con 85 millones de seguidores en Twitter, Biden tan sólo posee 8,6 millones. Dado todo lo que está en juego y lo reñida que promete ser la elección, somos espectadores de una de las campañas más atractivas de la historia reciente de los Estados Unidos.

El autor es secretario general del CARI y global fellow del Wilson Center