La Guerra Fría 2.0 y el desfiladero para la diplomacia latinoamericana

A diferencia de lo que ocurría entre EEUU y la URSS, en esta oportunidad los gigantes en puja son capitalistas y masivos socios comerciales entre sí

Donald Trump y Xi Jinping (REUTERS/Kevin Lamarque/File Photo)
Donald Trump y Xi Jinping (REUTERS/Kevin Lamarque/File Photo)

En los primeros días de agosto, tanto desde fuentes gubernamentales chinas como en medios de prensa que hacen de voceros oficiosos, se han multiplicado las referencias sobre lo perentorio de restablecer y potenciar cuanto antes canales de diálogo con los Estados Unidos, especialmente en las áreas militar y diplomática. En este sentido, desde Beijing se elogiaron los comentarios del secretario de Defensa de los EEUU, Mark Esper, con respecto a su voluntad de hacer una visita a China en los próximos meses para abordar temas de mutuo interés. De manera simultánea, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, ha comenzado a focalizar sus dichos en la necesidad de reconstruir los canales de diálogo con Washington. El funcionario subrayó que se debe evitar avanzar más en un clima de Guerra Fría entre ambos países y de macartismo contra el Partido Comunista de China, ofreció recrear un nuevo marco de consultas entre ambos países y agregó que Beijing no tiene intenciones de exportar su ideología a otros países tal como lo hizo la URSS y que, pese a que Washington se viene manejando con prejuicios y arrogancia, la necesidad buscar espacios de comunicación es lo más importante. Además, remarcó que no existe un plan para transformar el Mar de la China en un espacio de tensiones y de conflictos, ni con sus vecinos ni con los EEUU. Y también indicó el ministro que la diplomacia de su país no busca la pelea y la fricción, pero que llegado el caso de no quedar otro camino no dudará en hacerlo. Desde el estallido mundial del Covid-19 originado en China, los niveles de respuesta y aspereza de la diplomacia de Beijing se fueron acentuando y abrieron capítulos de tensiones con diversos países de su vecindario y otras zonas del mundo, como Brasil y Ecuador. Los medios académicos y de prensa internacionales comenzaron a llamar a este estilo wolf warrior diplomacy, haciendo referencia a una serie de películas chinas de tono militarizado y nacionalista, en donde sus FFAA enfrentan ataques y sabotajes de todo tipo encarados por mercenarios occidentales dirigidos desde los EEUU. Si algo caracterizó la estrategia internacional china desde su giro al capitalismo y acercamiento económico y comercial a los EEUU en 1978, fue el denominado ascenso sigiloso, bajo la idea de no generar temores y reacciones en las potencias occidentales que terminase afectando la necesidad de modernización y desarrollo del país. Si bien en los últimos años ya hubo señales de una mayor asertividad y dureza en ciertas acciones y comentarios por parte de Beijing, el tono solo comenzaría a cambiar de manera más tensa en los meses recientes.

Todo ello en un escenario en donde se multiplican las advertencias acerca de un eventual incidente militar entre las dos grandes potencias. El propio Primer Ministro australiano reconoció que las posibilidad de un evento así nunca fue más elevado que ahora y que por ello su país avanzaría con un refuerzo se su presupuesto de Defensa de 190 mil millones de dólares en los próximos 10 años. Asimismo, Japón aprobó el gasto militar anual más alto desde fin de la Segunda Guerra Mundial y dio el visto bueno para que su Marina opere, por primera vez en 75 años, aviones de combate desde sus navíos así como un decidido impulso al desarrollo de misiles hipersónicos en condiciones de atacar blancos navales y terrestres desde grandes distancias. A todo ello, se suma la constante incorporación a la flota japonesa de lo que se consideran los submarinos convencionales más modernos y silenciosos del mundo, que cuentan con revolucionarias baterías de litio que le dan el doble de permanencia bajo el agua que a otro sumergible no nucleares. En el mes de julio, se llevaron a cabo maniobras navales combinadas de EEUU, India y Australia, incluyendo la decisión del Pentágono de posicionar en la zona dos portaviones nucleares y acompañado por un creciente acercamiento y cooperación militar entre la superpotencia americana y su viejo enemigo Vietnam. Cabe recordar que la última guerra que tuvieron las FFAA chinas -con malos resultados en el campo de batalla- fue precisamente contra Vietnam en 1979. La adhesión de ambos al marxismo leninismo no evitó la conflagración. En otro paso sensible para los intereses y reivindicaciones territoriales de China, el Pentágono dio luz verde a la modernización de la flota de más de 140 aviones de combate F16 de Taiwán. En el caso de países como Filipinas, ha decidido modernizar su capacidad de ataque naval comprando misiles hipersónicos anti navíos de fabricación rusa e hindú. En el campo diplomático, por primera vez EEUU hizo pública su adhesión al fallo del Tribunal de Justicia de la Haya 2016 donde se rechaza las pretensiones soberanas de Beijing sobre el Mar de la China en detrimento de los otros países de la región. La postura de la Casa Blanca había sido hasta el momento de silencio con respecto a la decisión del supremo tribunal. En el área del armamento nuclear, Washington ha decidido abandonar el acuerdo que prohibía el desarrollo y despliegue de misiles con cabezas nucleares con alcance de 500 a 5000 kilómetros firmado en 1987 con la ex URSS. La razón fundamental dista de ser un gesto direccionado básicamente contra Moscú, sino más bien la decisión americana de poder emplazar vectores de este tipo en Asia y que apunten hacia China. En las últimas décadas, mientras los EEUU y Rusia se ataban las manos en este campo tecnológico, China avanzó a toda marcha en desarrollar una amplia familia de vectores con capacidad de alcanzar a todas los aliados y bases americanas en Asia. Aún un país con óptimas relaciones diplomáticas y económicos en los últimos 20 años con China como es Rusia, ha acelerado la entrega de material bélico a la India luego del incidente fronterizo de este país con China que derivó en más de 60 muertos. Asimismo, Moscú sorprendió al postergar sin fecha la venta a Beijing de los sofisticados misiles antiaéreos de largo alcance SS400.

En este complejo tablero internacional, complejizado aún más por los devastadores efectos económicos y sociales del Covid-19, los países de nuestra región deben desarrollar una estrategia diplomática por demás realista, prudente y articulada. La historia de los últimos 100 años nos muestran que en las dos oportunidades anteriores, décadas del 30 con la Alemania nazi y luego en los años 60 con la amenaza Soviética y su rol en Cuba y en la región, en que Washington sintió un desafío a su hegemonía hemisférica, su respuesta fue una gran estrategia que combinó elementos diplomáticos, económicos, militares, de seguridad y de opinión pública. Con sustancial éxito en ambas ocasiones. Todo indica que en la década que se inicia y las subsiguientes, China buscará acentuar su peso e influencia en América Latina y los EEUU actuarán en consecuencia. Nada garantiza su éxito en el largo plazo, pero tampoco su fracaso. Este nuevo ambiente estratégico reducirá fuertemente los márgenes para relatos y gesticulaciones para satisfacer minorías intensas anti americanas y anti occidentales en nuestros países. Asimismo, el tomar partido por China en nombre de la lucha contra el imperialismo y simpatías con el comunismo se complejiza cuando entre los aliados de Washington en la puja ya desatada con China figura nada más y nada menos que Vietnam y su partido comunista tan admirando y elogiado por la izquierda latinoamericana desde la década del 60. Cabe recordar la arenga del Che Guevara en 1965 cuando pidió “crear dos, tres… muchos Vietnam, es la consigna”. Años en que la URSS como máxima protectora del régimen cubano ya tenía un abierto enfrentamiento ideológico y geopolítico con la China de Mao, lo cual derivaría en un choque militar entre ambos en 1969. Ya en esos momentos y los años 70, los partidos maoístas latinoamericanos serían implacables críticos de los grupos armados marxista leninistas pro soviéticos que operaban a sangre y fuego en esta parte del mundo. La puja en pleno desarrollo entre Washington y Beijing y su correlato en América Latina, especialmente en Sudamérica dada la masiva interdependencia entre EEUU y México, dista de poder ser analizada de manera simple y esquemática. Así lo demuestra la predisposición del gobierno de Bolsonaro en Brasil de no descartar la participación China en el proyecto 5G. El vicepresidente Hamilton Mourão subrayó que la tecnología del país asiático presenta ventajas y reafirmó la necesidad que pueda competir en la licitación prevista para el año 2021. Por lo tanto, la caricatura de Brasil de Bolsonaro como alineado sin matices con los EEUU dista de ser tan lineal. Las veces que algún funcionario o el más activo y mediático de sus hijos, Eduardo Bolsonaro, tuvo palabras críticas hacia China, el Presidente brasileño no dudó en buscar espacios de diálogo y de desescalada de tensiones Beijing. En el caso argentino, pocos días atrás el gobierno ratificó luego de más de cinco años el acuerdo bilateral con China por la base satelital en Neuquén operativa desde 2018. De manera casual o no, al mismo tiempo se renovaba del swap por 18.500 millones. Todo indica que los países de nuestra zona tendrán amplios márgenes de maniobra para mantener y potenciar el intercambio comercial y económico con China. Las líneas rojas que dibuje Washington estarán más ligadas a situaciones donde se vean involucradas cuestiones militares y vinculadas a tecnologías sensibles. En los tomadores de decisión argentinos estará la capacidad de caminar por este sendero sin pisar ninguna mina.

A diferencia de la Guerra Fría del pasado entre EEUU y la URSS, en esta oportunidad los gigantes en puja son capitalistas y masivos socios comerciales entre sí. Sin olvidar los más de 380 mil estudiantes chinos que desarrollan sus actividades en la tierra del Tío Sam y la inmensa cantidad de funcionarios chinos que han cursado sus carreras de grado y posgrado también en América. Finalmente, pero no por ello menos importante, cabe recordar que la tarea fundamental y de por sí compleja de Beijing los próximos 20 a 30 años, será reducir al extremos el rol y peso estratégico y militar americano en Asia, zona donde Washington está tejiendo y reforzando nuevas y viejas alianzas con potencias como India, Japón, Australia, Malasia, Corea del Sur, Filipinas, Vietnam, Indonesia, etc. Para tener una idea aproximada, el gasto militar de estos Estados representa por sí solo más de la mitad del de China y el americano es tres veces superior al de superpotencia asiática. Sin olvidar que en el caso de la India, este país tiene una importante arsenal nuclear y la capacidad de lanzar sus ojivas atómicas tanto desde tierra, aviones y submarinos. Por ello, será mejor que los sectores políticos anti EEUU en Argentina y en la región lo piensen dos veces antes de tomar posiciones y acciones apresuradas. Los más veteranos de nuestra dirigencia política seguramente recordarán lo errado y disfuncional que fue creer que el poder americano entraba en una crisis y decadencia profunda e inevitable a comienzos de los años 70. Menos de 20 años después, el desmoronado era el mundo soviético.