China y Estados Unidos: economías golpeadas y conflictos políticos en aumento

Ambos países han iniciado irresponsablemente una nueva escalada de “ojo por ojo”, lo cual es peligroso para la geopolítica mundial. ¿El comienzo de una nueva Guerra Fría?

Donald Trump y Xi Jinping (REUTERS/Kevin Lamarque)
Donald Trump y Xi Jinping (REUTERS/Kevin Lamarque)

La reforma económica de China, iniciada en 1979 por el entonces presidente de la República Deng Xiaoping, se basó en dos grandes estrategias: liberalización del sistema económico y apertura al comercio exterior. El éxito fue el mayor de la historia económica mundial; en efecto, durante los últimos 50 años su economía creció nada menos que a una tasa promedio del 8% anual, más que cuadruplicando su PBI. Esta increíble expansión le permitió a China ubicarse en el segundo puesto del ranking mundial, con un PBI del orden de los 15 billones (millones de millones) de dólares, frente a uno de 22 billones de Estados Unidos. Ambas economías generan nada menos que el 45% del PBI mundial, estimado en -aproximadamente- 80 billones. Las cifras hablan bien a las claras de la fundamental importancia geoeconómica y geopolítica de estos dos colosos. A este respecto, resulta interesante analizar el comportamiento de las economías de ambos países y la evolución de su relación política a lo largo del primer semestre de la pandemia generada por el Covid-19.

Escenario económico: fuerte caída de los niveles de actividad

En lo que hace a China, país en donde hacia fines del año anterior surgió el coronavirus, sus autoridades rápidamente aplicaron un férreo confinamiento social y económico. La medida, al menos por ahora, les permitió atemperar la crisis económica que había comenzado a generarse como lógica consecuencia de la parálisis de la actividad causada por la cuarentena. En efecto, en el primer trimestre su economía cayó interanualmente un 6,8%, mientras que en el segundo apenas recuperó un crecimiento del 3,2%. Para el total del año, el consenso estima una expansión del orden de “sólo” el 2%; el menor de los últimos 50 años, lo que la convierte en la única de las grandes economías que alcanzaría una evolución positiva.

Respecto a Estados Unidos, el panorama es diferente. En efecto, debido a una política sanitaria extremadamente errática de un Donald Trump más preocupado por su reelección que por la salud de sus ciudadanos, el gigante americano se ha convertido a nivel mundial en el país con mayor cantidad de infectados y fallecidos. Este escenario, con marchas y contramarchas en la flexibilización de los confinamientos y cierre de actividades, ha impactado fuertemente en los niveles de actividad y desempleo, y aún no se produjo una recuperación. En efecto, en el primer trimestre la caída de su PBI fue del 5%, y se estima una nueva baja anualizada en el segundo no menor al 35% en términos anualizados. Por su parte, el “consenso” de los analistas pronostica que la reversión de este negativo panorama recién se produciría a partir del segundo semestre, lo cual –en el mejor de los casos- permitiría “reducir” la caída anual a no menos del 6 por ciento.

Escenario político: conflictos diplomáticos in crescendo y posibilidad de una nueva Guerra Fría

En lo que respecta a las relaciones políticas y diplomáticas, previo a la pandemia el escenario entre ambas potencias ya era de extrema tensión; se destacaban, entre otros conflictos, la guerra comercial de aranceles que ya lleva más de dos años, acusaciones de robo de tecnología y de espionaje industrial, impedimentos de radicación de empresas americanas en China, denuncias de prácticas comerciales desleales ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) y detención de ejecutivos chinos de la empresa tecnológica Huawei.

Frente a este peligroso escenario político de confrontación, todo hacía suponer que -dado el complicado escenario económico generado a partir del Covid-19- que la relación entre ambos, en aras de facilitar las respectivas recuperaciones económicas, mejoraría. Sin embargo, nada de ello ocurrió. En efecto, no sólo no se atemperaron los conflictos existentes sino que, además, dentro de un esquema de “ojo por ojo” han surgido nuevos conflictos diplomáticos que no han hecho más que agravar la situación. En efecto, entre otros, se pueden mencionar:

-Retiro del “status especial de comercio”, concedido oportunamente por Estados Unidos a Hong Kong, debido a la evidente pérdida –a partir de la “Ley de Seguridad Nacional” aprobada por el gobierno chino- de libertades individuales de sus ciudadanos y la limitación de la autonomía política de la cual gozaba la ex colonia inglesa.

-Acusación del presidente Trump a China por no advertir a tiempo de la aparición de la epidemia, incluso llamando despectivamente al Covid-19 como “virus chino”.

-Cancelación por parte de EE UU de la “Fase I” de rebaja de aranceles entre ambas naciones, entendida, en noviembre del 2019, como el inicio de una eventual flexibilización de las sanciones comerciales recíprocas impuestas desde el inicio de la guerra comercial.

-Crítica a una supuesta “connivencia” entre el gobierno chino y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

-Prohibición a empresas de los EE UU de proveer a la empresa china de tecnología Huawei de insumos considerados estratégicos para su seguridad

-Fuerte competencia por el dominio de la red “5G” a nivel internacional.

-Orden a China del cierre de su consulado en Houston.

-A modo de represalia, obligación cerrar el consulado de Estados Unidos en la ciudad de Chengdu.

-Limitación del número de ciudadanos chinos que pueden trabajar en organizaciones chinas localizadas en Estados Unidos. Represalia: expulsión de periodistas del New York Times, Wall Street Journal y Washington Post.

-Desafío de Estados Unidos a la soberanía que reclama China sobre el Mar del Sur, enviando dos portaviones a la zona.

Conclusiones: la pandemia ha provocado un claro deterioro en las dos principales economías del mundo. Sin embargo, frente a esta negativa situación, ambas naciones -lejos de relajar la tirantez política ya existente anterior a la pandemia- han iniciado irresponsablemente una nueva escalada de “ojo por ojo”, lo cual es extremadamente peligroso para la geopolítica mundial, inaugurando –quizás- una nueva Guerra Fría. Una vez más, la ausencia de líderes mundiales que estén a la altura de las circunstancias brilla por su ausencia, con todas las negativas consecuencias que ello podría acarrear.

El autor es economista

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