La nueva política de defensa de Brasil: muchas continuidades y algunos cambios contundentes

El presidente de Brasil Jair Bolsonaro (REUTERS/Adriano Machado)
El presidente de Brasil Jair Bolsonaro (REUTERS/Adriano Machado)

Cuando a un argentino promedio se le pregunta sobre Brasil, lo primero que viene a su mente es el verano, las playas, el descanso, el carnaval, la exuberancia del amazonas y la rivalidad en el fútbol. Si esa consulta se extiende a la dirigencia empresarial y política, se repite lo mismo más el agregado del peso clave de Brasil en nuestro comercio internacional y ni que decir en la industria automotriz. Los más formados comentarán hitos claves en el proceso de acercamiento e integración entre ambos países a partir de la superación de la hipótesis de conflicto por el uso de los ríos y represas en 1979 luego de la cumbre entre los presidentes Jorge Rafael Videla y João Baptista de Oliveira Figueiredo. Pero muy probablemente unos pocos, muy pocos, tomen conciencia de la magnitud de nuestro vecino. Más de 200 millones de habitantes, un poderoso parque industrial (con más de 15 millones de empresas grandes, medianas y chicas) y de servicios, un PBI superior al ruso, masivos recursos naturales y mega producción de alimentos. Y uno de los mayores presupuestos militares del mundo. En el informe anual elaborado por el SIPRI de Estocolmo, Washington, lidera la lista con un 38% de total mundial, China (14%) e India (3,7%); siguiendo luego Rusia (3.4%), Arabia Saudita (3,2%), Francia (2,6%), Alemania (2,6%), Reino Unido y Japón (2,5%), Corea del Sur (2,3%) y Brasil (1,4%). En una relación vis a vis, la inversión argentina en defensa es de casi 8 a 1. Así como más de 4 a 1 en población y 5 a 6 a 1 en PBI. En materia de reservas de los Bancos Centrales, la ecuación es 8 a 1. Cabe hacer notar que mientras las otras potencias con mayores recursos bélicos y económicos que Brasil tienen concentrados sus intereses en otras áreas del mundo, Brasilia las focaliza básicamente en nuestra región. Ecuación que debe ser muy tenida en cuenta al momento de comparar a nuestro vecino con otros Estados poderosos y extra regionales.

Por todo ello, adquiere particular importancia leer y analizar el nuevo documento “Política de Defensa Nacional”, dado a conocer hace pocos días por el Ministerio de Defensa del Brasil. La presencia de Bolsonaro en la Presidencia, su vicepresidente, un destacado general en retiro del Ejército, así como más de 130 oficiales superiores (en su mayoría también en condición de retiro) en cargos de primera y segunda línea en el Poder Ejecutivo, hacen que las miradas sobre estas 41 páginas vayan a ser más atentas, agudas y, muy probablemente, prejuiciosas. Especialmente la izquierda regional ya dio a entender desde sus medios de difusión que su redacción e ideas fuerza eran netamente guerreristas y agresivas, poniendo supuestamente a los vecinos nuevamente como hipotesis de conflicto. Por esas paradojas o dobles estándares que abundan en el mundo de la política, tanto nacional como internacional, muchos de los horrorizados por el peso de los militares en Brasil se sienten fascinados por la militarización de Venezuela y Cuba.

Lo primero que sobresale de una lectura no malintencionada del documento es su fuerte continuidad con los elaborados desde hace ya más de diez años durante el gobierno de Lula da Silva y el entonces ministro de Defensa Nelson Jobim. En este sentido, se reitera el rol central de lo disuasivo pero no por ello meramente reactivo o pasivo. La vocación de paz no implica ingenuidad ni descuidar las capacidades para enfrentar factores de amenaza estatales y no estatales. Las fronteras rígidas entre seguridad y defensa muchas veces se llevan mejor con dogmas puestos en papel que con las realidades en los campos de combate. Una columna de narcos mexicanos con fusiles de asalto, granadas, lanza cohetes, vehículos blindados, cascos y chalecos antibala de última generación y teléfonos satelitales, explosivos plásticos de alto poder, etc, ¿es un tema policial o militar? Brasil, por el peso y poder de sus organizaciones de narcotráfico como el PCC y otras, esto lo tiene muy en claro (tanto el actual gobierno como en el pasado el mismo PT, durante sus casi 12 años en el poder). No casualmente, fue durante la presidencia de Lula da Silva que se amplió el marco normativo para el accionar de los militares dentro de las favelas y sus Operaciones de Ley y Orden. El texto publicado en julio de 2020 establece claramente escenarios regionales frente a los cuales el país debe contar con la planificación y los recursos humanos y materiales adecuados. Básicamente el garantizar la soberanía sobre la zona amazónica y en el Atlántico Sur. Así como también una creíble disuasión frente a actores regionales que asociados o no a potencias externas puedan provocar algún incidente o hecho que ponga en riesgo la estabilidad. También se subraya que la misión principal del instrumento militar es la protección del país frente a amenazas extremas, tanto estatales como no estatales, las cuales, en muchos casos, están entrelazadas entre sí y son difíciles de dividir artificialmente. En todo momento, se le da un gran énfasis a la soberanía nacional así como a los intereses claves del país, no solo dentro del territorio sino también en el exterior. La producción para la Defensa es puesta como una prioridad sin que ello implique lógicas de cerrarse a esquemas de coordinación y cooperación con países aliados. En este punto, se alienta fuertemente el buscar la producción conjunta con países vecinos (¿radares, drones, reactores nucleares de baja potencia, satélites y tecnología cyber con Argentina?). Un ítem que sobresale en sus párrafos es el concepto de proyección de fuerzas, tratando, todas las veces que sea posible, de llevar el choque armado fuera del territorio propio y de sus zonas más sensibles en términos de población y producción. Asimismo, se convoca a una adecuada coordinación con los lineamientos estratégicos de la política exterior del país y de su modelo de desarrollo económico y social. Como no podía ser de otra manera, en este complejo año 2020 se le da un espacio importante al desarrollo y mejora de las capacidades de respaldo de las FFAA al poder político frente a pandemias y catástrofes naturales. En este sentido, más de 35 mil efectivos están actuando en estos meses en todo lo relacionado con la plaga del Covid 19. A su vez, el colapso socioeconómico de países vecinos está también en la agenda. Sin dudas la situación de Venezuela con más de 15% de su población huyendo, hiperinflación, derrumbe de más del 50% del PBI en los últimos tres años y carencias extremas de medicamentos y alimentos es el ejemplo que inspira esta sección del documento. Por la importancia clave del Brasil en el presente y futuro de la Argentina, será de vital importancia que nuestros dirigentes hagan una lectura atenta, sin preconceptos y detallada de este documento. Como nos advertía Tucidides en su libro Historia de la guerra del Peloponeso 2500 años atrás, en la política internacional los poderosos hacen lo que deben hacer y los débiles padecen lo que deben padecer. Nada le brindará más capacidad y fuerza a nuestro país que una integración fuerte y sin fronteras ideológicas con Brasil.

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