El legado de Angela Merkel

La canciller Angela Merkel (Michael Kappeler/dpa-pool/dpa)
La canciller Angela Merkel (Michael Kappeler/dpa-pool/dpa)

Unos meses atrás, la canciller alemana Angela Merkel anunció que no será candidata en las elecciones que tendrán lugar el año próximo. Esto significa que, luego de más de 15 años en el poder, una de las principales líderes de nuestro tiempo dejará el escenario internacional. ¿Cuál será el legado de Merkel?

Lo primero que tenemos que decir es que Merkel lideró un período de prosperidad para Alemania. En parte debido a las políticas fiscales de su gobierno, el país logró mantener un superávit fiscal que es envidiado por muchas naciones. El tener las finanzas públicas en orden a la vez facilitó un crecimiento económico que, promovido también por las exportaciones industriales, no ha sido muy alto pero sí constante.

Merkel gobierna de manera pragmática, lo cual la ha llevado a modificar algunas de sus posturas. Mientras que en un inicio se mostró como una líder conservadora que se oponía al multiculturalismo (“el multiculturalismo ha fracasado totalmente en Alemania”) y que no se definía a sí misma como feminista, con la llegada al gobierno del Partido Socialdemócrata comenzó a adoptar posiciones más progresistas, distantes incluso a las de su propia Unión Demócrata Cristiana. Su paso por el poder se ha caracterizado asimismo por la confianza que ha depositado en la ciencia (Merkel es física) y en el saber aplicado a la administración pública.

En el plano internacional, Merkel supo posicionar a Alemania como la gran promotora del multilateralismo. Y si bien su visión de Europa no la muestra neutral en la disputa entre Estados Unidos y China, ya que sigue apoyando la unidad del campo occidental, ha buscado sin embargo mantener equilibrios e incluso incrementar, luego de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la autonomía de Alemania vis-a-vis la gran potencia occidental. El apoyo al multilateralismo la llevó a promover foros como el G20 y a estar a la vanguardia, junto a los líderes franceses, de la lucha contra amenazas que afectan a todas las naciones como es el caso del calentamiento global.

Probablemente el liderazgo de Merkel nunca haya sido tan eficaz como durante la crisis provocada por coronavirus. Alemania no sólo fue uno de los países que mejor contuvo la pandemia sino que, a nivel regional, se mostró suficientemente flexible para proveer asistencia financiera a sus vecinos del sur. De esta manera, logró mantener vivo un proyecto europeo que hoy esta seriamente amenazado, entre otras causas, por el resurgimiento del nacionalismo.

Pero la canciller alemana no logró revertir algunas tendencias que resultan sumamente preocupantes. Entre ellas se encuentra la debilidad de las Fuerzas Armadas de Alemania, una vulnerabilidad estratégica que también le quita influencia a su política exterior. Un reciente informe del Parlamento alemán denunció este hecho, citando incluso que en un determinado momento ninguno de los seis submarinos alemanes estaba en condiciones de operar. El documento llama a incrementar de manera urgente las inversiones en personal y equipamiento.

También existen dudas sobre la capacidad que tendrá Alemania para adaptarse a la nueva economía. En los últimos años no se ha invertido suficiente en infraestructura y el país tiene pocas empresas tecnológicas de peso. Es más, una de ellas, Wirecard, anunció recientemente su bancarrota. Por un lado, los alemanes tendrán entonces que competir con las empresas chinas, que han aumentado rápidamente la calidad de sus productos industriales, y por el otro con las grandes compañías tecnológicas de Estados Unidos. ¿Qué lugar va a ocupar Alemania en el escenario económico que se avecina?

Alemania tampoco es ajena a la creciente polarización que se observa en Occidente. En este sentido, quizás una de las mayores derrotas de Merkel haya sido su manejo de la crisis de refugiados. Escapándose de la guerra civil en su país, más de un millón de sirios llegaron a Alemania en el 2015, lo que produjo en el proceso un gran malestar en parte de la población alemana y en la misma coalición de gobierno. Una serie de desmanejos por parte de Merkel no hicieron más que incrementar este descontento. Esta crisis impulsaría el crecimiento de la derecha nacionalista, que hoy se ha convertido en el principal partido de la oposición, y puso así en peligro algunos de los consensos alcanzados durante las posguerra.

Pero más allá de estos aciertos y errores, Merkel se ha ganado un lugar privilegiado en la lista de cancilleres de la Alemania democrática. Si Konrad Adenauer fue el responsable de liderar la recuperación luego de la Segunda Guerra, Helmut Kohl de reunificar a las dos Alemanias en 1990 y Gerhard Schröder de pasar las reformas que le permitirían al país ganar productividad, Merkel encarna el creciente liderazgo de Alemania en el escenario internacional.

De hecho, es posible que la Canciller alemana sea el “canto del cisne” del orden liberal. La última y sofisticada expresión de un orden que durante décadas promovió la globalización, las instituciones internacionales y la democracia liberal, como asimismo una manera de gobernar basada en la opinión de los expertos. El mundo que se avecina parece ser uno en donde otros sistemas competirán de igual a igual con el liberal.

El autor es secretario general del CARI y global fellow del Wilson Center.

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