América Latina: entre las deudas del siglo XX y los desafíos del siglo XXI

Sociólogo, autor del libro "Gustar, ganar y gobernar" (Ed. Aguilar)
El presidente de Brasil Jair Bolsonaro (EFE/Joedson Alves)
El presidente de Brasil Jair Bolsonaro (EFE/Joedson Alves)

América Latina debate las medidas para enfrentar la pandemia: continuidad, flexibilización o salida de la cuarentena. En Argentina, el esfuerzo que se ha pedido a la ciudadanía desde Casa Rosada y las gobernaciones provinciales está dando resultados alentadores en términos sanitarios, y eso, como vimos en otras latitudes, implica vidas humanas. Lo cierto es que al cumplirse 80 días de aislamiento obligatorio, con algunas flexibilizaciones que han variado en diversas ciudades o provincias, restan aún, por lo menos, 20 días más de una medida que, si bien sigue siendo apoyada por la mayoría de los argentinos, amerita nuevas modalidades.

El impacto de la crisis del Covid-19 no ha sido de igual manera en todos los países del planeta en general y mucho menos en Latinoamérica en particular. Existe un elemento que desiguala la condición con la que las personas se enfrentan al virus y con el cual los gobernantes tienen que lidiar en todas sus decisiones. No se trata de una desigualdad natural como podría ser un anticuerpo, una predisposición biológica a enfermarse o resistir el contagio con mayor facilidad. En Latinoamérica la desigualdad económica y social es un peligroso factor que potencia los efectos del virus.

No es fácil sostener una cuarentena obligatoria para los 130 millones de trabajadores latinoamericanos que son informales y tienen que salir de sus hogares para mantener sus ingresos. En países como México se trata de alrededor del 60% de los trabajadores quienes no pueden garantizarse una remuneración fija, vacaciones pagas o indemnizaciones. Es evidente que, con esta compleja realidad, los gobiernos de la región deben ser cautos en sus decisiones.

Como se ha visto en las últimas semanas, algunos líderes políticos transgredieron esa cautela, planteando el final de la cuarentena sin evaluar los riesgos sanitarios. Otros, por el contrario, reafirman las medidas de aislamiento sin evaluar el impacto económico en los bolsillos de los ciudadanos. En el medio están algunos presidentes más sensatos quienes, aún con las dificultades coyunturales de cada país, lograron sostener la cuarentena articulando determinas medidas económicas en apoyo, tanto de ciudadanos como de pequeñas y medianas empresas.

Los latinoamericanos les están exigiendo a sus gobiernos poder sostener una estrategia epidemiológica que contenga los casos y las muertes, a la vez que eviten el desmoronamiento de la economía nacional y hogareña. Un equilibrio difícil de gestionar.

¿Quién liderará la región?

Los presidentes han demostrado –en su gran mayoría- haber estado a la altura de las circunstancias. Desde el punto de vista de la percepción de los electores, solo dos mandatarios latinoamericanos han tenido una mala performance en el contexto de la crisis. El mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y el brasilero Jair Bolsonaro, han visto disminuir su imagen positiva en un 10% en promedio. Sin embargo, el resto de mandatarios logró aumentarla. Incluso, en casos donde, como el del ecuatoriano Lenin Moreno y el chileno Sebastián Piñera, a comienzos de año sus imágenes negativas superaban la positiva.

Es evidente que los electores reconocen y premian liderazgos efectivos en estos tiempos difíciles. Pero ello no se limitará sólo hacia adentro de los países. Una de las disyuntivas más notables que deberá ser resuelta en la “nueva normalidad” que nos plantee el mundo post Covid-19, será la configuración de un nuevo liderazgo político en la región.

La política latinoamericana se suele comportar como un péndulo, oscilando entre gobiernos autopercibidos de centro derecha, como los gobernantes durante la oleada neoconservadora de mediados de la década de 1980 hasta finales de la década de 1990, a gobiernos de centro izquierda o progresistas, como los gobernantes desde comienzos de la década de los 2000 hasta mediados de los primeros veinte años del nuevo siglo.

Tras una nueva oscilación hacia el centro derecha con líderes vinculados al mercado, empresarios y CEOs, como fueron los presidentes Mauricio Macri, Horacio Cártes (Paraguay), Sebastián Piñera (Chile) y el más fiel seguidor del estilo de Donald Trump (empresario de bienes raíces, entre otros rubros), Jair Bolsonaro (Brasil), América Latina vuelve a pendular. Aún no es clara la dirección de dicho movimiento, pero lo cierto es que más tarde o más temprano, se manifestará el nuevo color político de la región.

Entre los líderes aparecen perfiles disruptivos respecto a los años anteriores como lo son el de AMLO, Alberto Fernández o Luis Lacalle Pou en Uruguay. Cabe destacar que muchos de los nombres que encabezan los países latinoamericanos en la actualidad, no asumieron este 2020, sino que gobiernan desde hace unos años. Sin embargo, la incertidumbre por el liderazgo tiene que ver también con cómo se va a dar la interacción de los “nuevos” con los “antiguos”.

América Latina tiene ante si diversos desafíos. Cada presidente es consciente de cuán apremiante es cada “frente de batalla” interno. Lo cierto es que en la región más desigual del planeta se conjugan las deudas del siglo pasado -es decir el desempleo, la pobreza y desigualdad- y los desafíos del siglo XXI, ligados a la incorporación de más y mejor tecnología, y nuevos derechos para una ciudadanía más diversa y heterogénea.

*Sociólogo, consultor político, autor de “Comunicar lo local” (Parmenia, 2019)


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