Un semestre de pandemia: ¿qué hemos aprendido?

Esta semana se cumplieron seis meses de pandemia (Nicolás Stulberg)
Esta semana se cumplieron seis meses de pandemia (Nicolás Stulberg)

El surgimiento de un nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) desde finales de 2019 ha puesto al mundo de cabeza. Para algunos países ha sido una completa pesadilla. Si hay algo que es posible observar es la forma heterogénea en la cual han respondido los gobiernos. En situaciones de incertidumbre, cuando es difícil tener un plan frente a un nuevo fenómeno, la forma diversa en la cual los países afrontan la crisis se convierte en una ventana para el aprendizaje. El hecho de que los distintos gobiernos vayan ensayando, permite aprender de los éxitos y fracasos hasta conseguir una ruta más o menos común.

Por un lado, tenemos a los países asiáticos, unos más democráticos que otros, como Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur. Por su cercanía con China y por haber tenido que enfrentar otras epidemias recientes como el SARS-CoV y el MERS, son países que parecen haber estado preparados desde el principio. Son países cuyas instituciones pueden adaptarse rápidamente para este tipo de eventos. Desde la posibilidad de imponer estrictos confinamientos en países no democráticos como Singapur o la propia China, hasta realizar pruebas masivas y aleatorias, así como el rastreo epidemiológico de Corea de Sur, que parece haberse convertido en el paradigma de éxito en el combate a la pandemia.

Por otro lado, tenemos a los países avanzados de hemisferio occidental: Europa y EEUU. Algunos de estos gobiernos postergaron medidas por dos razones: 1) subestimaron el impacto del virus y 2) tuvieron miedo a las consecuencias económicas del confinamiento. España, Italia y EEUU han sido los más afectado en este sentido. Suecia, por otro lado, decidió mantener una política de confinamiento bastante laxa para no afectar su economía y hoy día es uno de los países con más muertes por cada mil habitantes, incluso por encima de Estados Unidos.

Respecto a Latinoamérica, siendo una región con menos recursos, ha tenido que apelar a confinamientos estrictos. Aquí la larga tradición de instituciones y gobiernos militaristas facilita decretos de toque queda y arrestos a personas que violen la cuarentena. Aunque también hay excepciones como Brasil, cuyo presidente subestimó irresponsablemente al virus y hoy es el epicentro de la pandemia.

Finalmente, está el estrepitoso fracaso de la Organización Mundial de la Salud en su función de gobernanza mundial al no haber podido coordinar a las grandes potencias del mundo en esfuerzo común.

El combate a la pandemia deja entrever un falso dilema entre salud pública y economía. Algunos argumentan que la población se va a contagiar de igual forma y que las políticas de quedarse en casa son más costosas que la enfermedad. Esta fue la visión del Reino Unido que finalmente revirtió luego de darse cuenta de que su política de “inmunización del rebaño” costaría cientos de miles de vida.

Este falso dilema ha llevado a economistas, empresarios y diseñadores de políticas públicas a estudiar casos exitosos y plantear enfoques óptimos para enfrentar al virus reduciendo los costos de salud pública y economía al mismo tiempo. Acemoglou y otros hallaron evidencia de que los confinamientos sectorizados por edades, acompañados de mínimo contacto físico y pruebas masivas, puede traducirse en menos muertes y menores costos en el bienestar económico.

Hoy se sabe estadísticamente que la proporción de jóvenes que se infecta es mucho mayor a la de los más viejos, pero estos últimos están en una situación de más riesgosa. En países como España e Italia el contacto entre jóvenes y viejos es mayor que en otros países del norte de Europa y esas consecuencias se vieron en el número de infectados y fatalidades. Por otro lado, muchos de estos jóvenes infectados son asintomáticos, así que hacer pruebas masivas permite identificar y aislar a los asintomáticos sin tener que aislar al resto de la población.

Muchas de estas medidas son un gran reto para América Latina. Por razones culturales y económicas, el contacto entre jóvenes y viejos puede llegar a ser bastante alto. Por razones de recursos, la posibilidad de hacer pruebas masivas también podría ser muy reducida. Sin embargo, siendo una de las regiones que ha adoptado el confinamiento estricto, los gobiernos de la región no pueden pensar en una reapertura económica sin minimizar los riesgos de nuevos brotes, pero tampoco pueden permanecer confinados hasta que aparezca la vacuna. Es necesario, plantearse acudir a los organismos multilaterales para invertir en mayor número de pruebas y mayor capacidad de respuesta del sector salud.

También es necesario darle espacio al sector privado de la economía para que se mantenga activo e innove en el ofrecimiento de mejores condiciones de salud para sus clientes. Los bares y restaurantes enfrentan una enorme desventaja en estos momentos. Sin embargo, en muchas ciudades del mundo han permanecido abiertos ofreciendo envíos o comida para llevar. En Washington DC, el restaurante del argentino Ezequiel Vázquez y el chef venezolano Enrique Limardo, Seven Reasons, ha sido considerado uno de los casos de estudio más exitoso de la zona por su forma de innovar en la entrega de deliciosos platos y cócteles. En América Latina, la imposición de ley seca limita estas actividades económicas que son clave para su recuperación. Peor aún, trae otras consecuencias como la venta ilegal de licor que ha desencadenado en un incremento en la actividad de comercio ilícito, afectando a la economía formal y el fisco. Además, este tipo de prohibiciones estimula la violencia e impacta directamente en la salud de quienes se arriesgan a consumir alcohol adulterado, tal es el caso de República Dominicana donde el alcohol de fabricación casera ha ocasionado cerca de 180 muertes. En el marco de los 100 años de la conocida prohibición en Estados Unidos, vemos cómo este tipo de medidas logran efectos contrarios a los que se buscan: pérdidas de empleos, creación de un mercado ilícito paralelo y una serie de consecuencias negativas en la economía.

Todos los expertos coinciden en que América Latina es una región muy vulnerable y que la pandemia puede golpearla mucho más severamente que a otros países. Sin embargo, una buena combinación de ciencia, salud pública, economía e innovación empresarial pueden ayudar a minimizar estos costos. Lo importante es que los gobiernos estén abiertos a aprender de otras experiencias exitosas y al trabajo coordinado en todos los niveles.

El autor es profesor adjunto de la Graduate School of Political Management en la Universidad de George Washington, y candidato a PhD en Economía por American University.


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