La democracia atraviesa el oscuro túnel de la Era Covid-19

El presidente de Brasil Jair Bolsonaro (EFE/Joedson Alves)
El presidente de Brasil Jair Bolsonaro (EFE/Joedson Alves)

Todos los países del hemisferio occidental se encuentran en este preciso instante atravesando el oscuro túnel de la Era Covid-19.

El ingreso es obligatorio. No hay excepciones. El perfil de los que ingresan presenta diferencias. Podríamos resaltarlas de la siguiente manera. Están, por ejemplo, los que ingresaron ya con antecedentes democráticos negativos. En ese grupo se encuentran Cuba, Venezuela y Nicaragua. El primer caso cuenta con seis décadas de régimen de partido único, el segundo con dos décadas de desmantelamiento de la institucionalidad democrática sostenido hasta llegar a lo que es hoy, la primera narco dictadura de la historia de la región, y, por último, tenemos el paradójico caso de un líder de izquierda, como Daniel Ortega, que en Nicaragua combatió a un sanguinario caudillo para terminar ocupando su lugar y hacer lo mismo que él y su partido denunciaban: concentrando poder, haciendo negocios y violando derechos humanos.

En ninguno de estos tres países hay datos oficiales confiables. Por el contrario, esos datos son producto de sus afinadas máquinas de la mentira organizada. En el caso de Cuba es interesante. Mientras el Estado hace propaganda ideológica con el envío de médicos cubanos al mundo, muchos jóvenes de la izquierda latinoamericana quedaron varados en Cuba y desde sus celulares y en tono dramático les pedían a sus respectivos países vuelos de repatriación urgentes. La denuncia era clara: en Cuba no había al alcance de estos turistas ideológicos ni tapabocas, ni alcohol, ni agua y la descripción de los hospitales públicos que hacían distaba mucho de la perfumada propaganda estatal. En Venezuela la situación parece peor. El desmantelamiento del aparato productivo ha impactado en el sistema sanitario que hoy se encuentra atravesando una crisis total. Los datos oficiales hablan de 1200 muertos por Covid-19. Luego de una investigación realizada por la Universidad Johns Hopkins y Humans Rights Watch las estimaciones son de al menos 30 mil muertos. En Nicaragua las estimaciones no oficiales también son alarmantes. El partido de Ortega organizó eventos masivos para “unirse” y así “mostrarle la fortaleza del pueblo a la amenaza de la pandemia neoliberal”. Esta posición irresponsable y mesiánica, sin duda, mucho se relaciona con el trágico momento que atraviesa el país. La respuesta a las demandas ciudadanas en estos contextos de profunda angustia e incertidumbre ha sido una escalada represiva. En definitiva, estos tres países han entrado autoritarios al túnel de la Era Covid-19 y seguramente saldrán más autoritarios, aunque los márgenes de maniobra de ellos se reducen al ritmo del crack definitivo que indefectiblemente llegará.

El segundo grupo se caracteriza por los estados fallidos o con serios problemas de institucionalidad democrática. El caso clásico es el del castigado Haití que no puede hacer ni elecciones. Por lo tanto, es una incógnita lo que pueda pasar con él luego de su paso por el túnel. El otro caso es Honduras con un presidente decidido a permanecer en el poder a cualquier costo.

El tercer grupo es el más numeroso. Se encuentran todos los países con pretensión democrática. Algunos con institucionalidad democrática estructuradas, como lo son Costa Rica, Uruguay, Chile, Perú, Canadá y Colombia. Otros con institucionalidad democrática menos estructuradas cómo Guatemala, Ecuador, Paraguay y la República Dominicana. Todos estos países sufren y sufrirán el impacto, pero no hay señales de que sus gobiernos salgan autoritarios del paso por el túnel. Al menos es una presunción.

Y ahora hay que agregar un grupo de países de estructura democrática (débiles o fuertes) pero que entran al túnel del Covid-19 gobernados por marcados populismos. Tenemos cuatro grandes países como Brasil, México, Estados Unidos y Argentina y un país pequeño como El Salvador. Brasil entra con una crisis en la coalición gobernante provocada por las acciones irresponsables, desmedidas y desconcertantes del propio presidente Jair Bolsonaro. Uno de los países con mayor cantidad de muertos por la pandemia se encuentra con renuncias de ministros, inclusive en el área de Salud, imprescindible en estos tiempos. El México de Andrés Manuel López Obrador no se queda atrás. Hasta algunas semanas atrás se mostraba en distintos videos desafiando ridículamente a la pandemia, abrazando y besando a las personas en distintas recorridas gubernamentales. En el medio, arremete contra la autoridad electoral, el Instituto Nacional Electoral, aprovechando su mayoría en ambas cámaras. Estados Unidos ingresa al túnel en el marco de una campaña electoral muy intensa y que parecía definida. Sin embargo, las muertes ocasionadas por la pandemia, que mucho se relacionan con el perfil del país, abierto y federal como casi ninguno en el mundo, y la movilización social que produjo el crimen de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis, abren la posibilidad de alguna sorpresa y vuelve a poner a Joe Biden con chances de ganar. Pero el perfil intempestivo del presidente Donald Trump y su decisión de llevar a la Guardia Nacional a las calles también cubre con un manto de preocupación los alcances y consecuencias de estas medidas. En Argentina la situación es preocupante. Gobierna un presidente que fue designado por la ex presidente Cristina Fernández para acompañarla en su fórmula. A algo más de seis meses de la campaña había prometido gobernar para todos y todas, con cierta autonomía relativa de ella. Sin embargo, desde que asumió todas las decisiones que distribuyeron cargos y poder beneficiaron al ala dura del kirchnerismo, caracterizado por su concepción populista autoritaria. El propio presidente debió dar señales discursivas en sentido contrario, pero lo hechos son inapelables. El presidente parece no tener poder ante el ala radical de su gobierno que le dice que “ahora” es el momento de tomar las medidas autoritarias. Proyectos de reforma a la justicia, de reforma electoral y reforma impositiva comienzan a discutirse en el seno de esta coalición en un marco de Estado de excepción, con un Congreso que funciona precariamente, un default económico, y una crisis de los sectores productivos sin precedentes. Argentina ingresa al túnel Covid-19 con abusos institucionales muy graves producto de una cuarentena estricta que es una tentación para la discrecionalidad propia del espíritu autoritario presente en muchos rincones del país. Los asesinatos a manos de las fuerzas de seguridad de Luís Espinoza, Franco Merenguello, Hugo Coronel y Magalí Morales son las expresiones más fuertes, pero no las únicas lamentablemente, de esta situación alarmante. Es verdad que el Gobierno ingresa con una situación sanitaria que parece controlada, pero la reflexión acerca de si saldrá democrático, tal como entró al túnel, o aprovechará el crack económico para hacer su giro autoritario no parece clara.

Por último, en El Salvador un joven presidente que encontró su lugar con ideas renovadoras parece haber caído en la tentación populista. Nayib Bukele se muestra amenazante con una Biblia en una mano y con las fuerzas de seguridad en la otra.

Como vemos el panorama no es alentador. No por casualidad la Organización de los Estados Americanos (OEA) sacó a relucir la Carta Interamericana Democrática en un documento presentado esta semana bajo el título “Guía de acción política para enfrentar la pandemia del COVID-19”. El documento concluye que los mecanismos democráticos brindan vías eficaces y legítimas y dan las herramientas necesarias para abordar la emergencia sanitaria y económica. En definitiva, no hay margen para transformaciones. Si entraste democrático al túnel de la Era Covid-19 deberás salir también democrático. Sin embargo, todo indica que las cosas no serán tan fáciles en el túnel de las odiosas tentaciones y los bajos instintos.

El autor es director de Transparencia Electoral



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