Segundo mandato de Almagro en la OEA: ejes y desafíos

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El uruguayo Luis Almagro ha asumido su segundo mandato en la Organización de los Estados Americanos (OEA). Lo ha hecho el miércoles 27 de mayo, en una singular sesión virtual producto de las nuevas condiciones que impone la Era Covid-19. Almagro cuenta con una trayectoria muy destacada, proviene de la izquierda uruguaya, fue Ministro de Relaciones Exteriores de su país durante el gobierno de José Mujica y embajador en China durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez. En 2015 obtuvo el apoyo de la abrumadora mayoría de los 35 países que conforman la organización hemisférica.

Desde un primer momento se advirtió que con la Carta Interamericana en mano reconfiguraría el rol histórico de la Secretaría General. Hizo en su primer mandato una alianza entre los Estados con compromiso democrático y la sociedad civil de todos los países; es decir, de la sociedad civil que hace incidencia en los países democráticos y la sociedad civil que padece la imposición de regímenes que van de totalitarios al extremo como Cuba, y los autoritarios como Venezuela y Nicaragua. Además de las cuestiones vinculadas con los derechos políticos impuso una visión amplia de “más derechos para más gente” y así incluyó la problemática indígena, LGTBI y la de la igualdad de la mujer. En este último aspecto, en su reciente discurso de asunción habló de la necesidad de una “OEA radicalmente feminista”.

A estos temas incorporó temáticas innovadoras como gobierno abierto y un nuevo paradigma educativo que permita un salto a la modernización y al desarrollo en la región.

En párrafo aparte debemos destacar la tarea crucial que ha desempeñado la Secretaría de Fortalecimiento Democrático a cargo del mexicano Francisco Guerrero. Dentro de esta Secretaría se encuentra el estratégico DECO, el Departamento que despliega las Misiones de Observación Electoral. Esta herramienta ha sido central para apuntalar el rumbo de la Secretaría General, en lo que respecta al cumplimiento y promoción de la Carta Interamericana Democrática. Ya no se trata de misiones protocolares, estas ahora se han profesionalizado y han llegado a detectar fraudes estructurales como ocurrió con las elecciones de Bolivia realizadas el 20 de octubre de 2019.

Algunos gobiernos con poco apego democrático entienden que el Secretario General se excede en sus funciones y que tanto esta agenda inclusiva como así también las observaciones electorales les causan cierta incomodidad dado que no están acostumbrados a las sociedades propositivas, fiscalizadoras o movilizadas. De alguna manera se quejan de que la OEA “vulnera soberanías” y al hacerlo distiende el control social que ejercen esos Estados centralizados y autoritarios. Paradójicamente son los países más autoritarios los que levantan la denuncia del “injerencismo”. Hacen una defensa de la soberanía cuando estos mismos países la niegan al no permitir que haya elecciones libres. La soberanía reside en el respeto de la soberanía popular y esta solo puede expresarse mediante elecciones libres que legitiman gobiernos. En definitiva, se trata de gobiernos ilegítimos que hablan de injerencias cuando ellos son la expresión misma de la injerencia a escala local.

Para que resulte más didáctico es importante contextualizar estas elecciones en la OEA. Almagro asume su primer mandato en un momento muy particular. En Venezuela la muerte de Hugo Chávez hace que Nicolás Maduro se haga cargo de su herencia política en 2013, y en solo dos años, consolide una alianza nociva que devendrá en algo nuevo, una suerte de narco dictadura con sede en Cuba y con capacidad para desestabilizar las débiles democracias de los países de la región. El desmantelamiento del aparato productivo provocó un éxodo masivo, al que se le sumó la profundización de la represión y violación de derechos humanos. Esta crisis inédita hizo que la agenda de la Secretaría General se ocupara con particular atención de esta catástrofe. Aquí se rompió el consenso. La posición de la Secretaría en defensa de la Carta Interamericana Democrática hizo que muchos países asumieran una actitud de complicidad con el régimen autoritario de Maduro. El radio de influencia de este gobierno también estaba en el inventario que dejó Chávez, y que se estructuró en base a la emergencia de los populismos autoritarios y de la política del petróleo. Así, los influyentes países del Caribe, aglutinados en la plataforma CARICOM, nunca le soltaron la mano a Maduro.

La votación por la cual Luis Almagro obtiene ahora su segundo mandato no es, por lo tanto, poco significativa. Se trató, por el contrario, de un fuerte respaldo a esta nueva reconfiguración del rol de la Secretaría. El 20 de marzo de este año, por 23 votos contra 10, se impuso a la candidata correista María Fernanda Espinoza. El nuevo gobierno de Argentina tuvo su debut en la OEA formando parte del grupo derrotado y todo indica que permanecerá al margen de la gestión de este estratégico organismo entre 2020 y 2025. En la amenazante Era Covid-19 Argentina parece más dispuesta a liderar el Grupo Puebla, un espacio ligado a lo poco que queda del madurismo regional, que a reestablecer el vínculo con la Secretaría General después de la derrota.

Ahora bien, ¿cuáles son los nuevos ejes de esta segunda gestión? En su discurso, Almagro ha dado algunas pistas. Dijo que será “oficialista y opositor”, dependiendo de las circunstancias. Será oficialista cuando los gobiernos promuevan “más derechos para más gente” y será opositor cuando no lo hagan. Destacó que es importante que haya un “péndulo” entre la izquierda democrática y la derecha democrática, y que este debe basarse en un marco de respecto a la idea de alternancia.

La Era Covid-19 impactará en las economías del hemisferio, es por ello que ponderó la herramienta del multilateralismo y la necesidad de trabajar en otras plataformas como el G7 y el G20. La institucionalidad democrática y la educación como respuesta al desafío que impone el deterioro de las economías. No hay respuestas eficientes posibles desde los Estados de excepción dado que estos traerán más conflictividad política e inestabilidad. Los giros autoritarios quedarán expuestos. No hay lugar para ellos. Almagro ha sido contundente en este sentido al sostener que este organismo internacional, bajo su gestión, no va a ceder ni un “ápice” en la lucha contra las dictaduras. Todo promete que será un período intenso, con turbulencia, por eso es bueno dejar en claro las posiciones desde el inicio.

El autor es director ejecutivo de Transparencia Electoral

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