La realpolitik española

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en el pleno del Congreso que sobre la quinta prórroga del estado de alarma. EFE/Ballesteros
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en el pleno del Congreso que sobre la quinta prórroga del estado de alarma. EFE/Ballesteros

Hay que reconocerlo. Pedro Sánchez se está convirtiendo en un experto en ganar votaciones difíciles. Esta semana, con un escenario político sumamente dividido y convulsionado, logró que el Congreso de los Diputados aprobara una quinta prórroga al Estado de Alarma. Cinco votaciones seguidas en donde in extremis consigue salvar la votación y eludir la derrota.

Los comentarios posteriores suelen centrarse en dos temas: la paulatina pérdida numérica de votos a favor y cierto desagrado por las extrañas alianzas que llega a conformar uniendo en la misma votación a partidos enfrentados entre sí. Sus opositores inmediatamente lo acusan de “contorsionista”. Revuelven el baúl para encontrar videos en donde se aprecien claras contradicciones entre sus dichos del pasado y del presente. Se vocifera de la fragilidad del Gobierno y de la pérdida de confianza pero poco se habla que, al final del día, Sánchez se salió con la suya y se anotó una nueva victoria.

Pero esto no fue siempre así. Este pragmatismo que impone la realpolitik y controla el presidente fue herencia de los frustrantes intentos del pasado en cerrar pactos amplios que sumen diferentes fuerzas de la izquierda y del centro. Intentos infructuosos que lo empujaron a medirse en reiteradas elecciones.

De forma más reciente tampoco podemos olvidar que Sánchez es hijo de una sesión de investidura ajustadísima que definitivamente selló a fuego su forma de gobernar a la vez que marcó un hito en la historia política española llevando a La Moncloa al primer gobierno de coalición.

Al final del día los políticos son personas, con sus virtudes y defectos, sus victorias y sus aprendizajes. Aunque el presidente de España intenta retomarlo a nivel del relato, su visión idílica de una política de acuerdos amplios y pactos de Estado perdurables voló por los aires. Asimiló, gracias a la oposición a la que se enfrentó, que la política es el arte de lo posible y no de lo que deseamos.

A fuerza de golpes Sanchez entendió que solo puede llevar adelante su agenda si supera semana a semana cada obstáculo que se le presenta con el mayor pragmatismo posible. Y a quienes marcan sus contradicciones cabe preguntarles: ¿qué alternativa le queda? ¿La parálisis? ¿La renuncia? Quienes opinan eso olvidan lo que significa ejercer el poder.

El presidente de España actual es un político que activa pactos por temas. Que sabe contemplar las agendas de cada formación para atraerlos según el obstáculo que tenga que sortear. Estira al socialismo sin desvirtuarlo. Si necesita un acuerdo para una reforma social, convoca a la izquierda. Si requiere sumar voluntades para mantener el Estado de Alarma, la actividad económica y la seguridad, recurre al centro.

Acuerdos transversales. Geometría variable. Eso fue lo que le exigió la ciudadanía al votar a 19 formaciones distintas para que las represente. A algunos les gustaría que la democracia fuera de otra forma, pero es la democracia que votamos y Sánchez empieza a manejarse cómodo en ella.

Es cierto que esa elasticidad incomoda por turnos. A veces a sus socios de coalición (Unidas Podemos), a veces a sus socios de investidura (nacionalistas e independentistas) e incluso a algunos socialistas. Pero Sánchez, que en 2016 sufrió en propia carne el costo de la intransigencia viéndose obligado a renunciar a su escaño y a la secretaría general socialista, entendió que solo puede jugar en esta democracia compleja si construye coaliciones momentáneas y puntuales.

Este estilo, que prima los movimientos tácticos a la estrategia de mediano y largo plazo, con el tiempo puede erosionar la confianza y credibilidad de los gobiernos. Sin embargo, diferentes investigaciones muestran que Sánchez atraviesa toda esta crisis sin perder apenas intención de voto y consiguiendo apoyos legislativos inimaginados.

Claro que hasta al mejor contorsionista alguna vez le viene una contractura. Mientras tanto, todas las semanas Sánchez juega a equilibrar una balanza que siempre parece frágil pero que termina acomodándose a su favor. Ha aprendido a salirse con la suya e imponer su agenda con un pragmatismo envidiable y eso es gobernar, eso es manejar el poder. Eso es la realpolitik.

El autor es consultor y analista político

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