¿Podrá Venezuela sobrevivir a la pandemia?

Foto de archivo del presidente de Venezuela, Nicolas Maduro, en una rueda de prensa en el Palacio de Miraflores en Caracas. 
Mar 12, 2020. REUTERS/Manaure Quintero
Foto de archivo del presidente de Venezuela, Nicolas Maduro, en una rueda de prensa en el Palacio de Miraflores en Caracas. Mar 12, 2020. REUTERS/Manaure Quintero

Después de la exitosa gira de Juan Guaidó en Europa y Estados Unidos que lo llevó a reunirse con los máximos lideres hemisferio occidental incluyendo a Angela Merkel, Boris Johnson, Justin Trudeau, Emmanuel Macron y Donald Trump, estaba claro que la estrategia de la comunidad internacional se centraría en mayor presión contra la dictadura de Maduro, la cual ahora enfrenta el mayor de todos sus obstáculos entre el covid-19, la guerra de precios del petróleo y, en el plano personal, los cargos por narcoterrorismo presentados por la Justicia de EE.UU. contra su persona.

Poco después de la gira, Estados Unidos anunció que sancionaba a Rosneft Trading S.A., el brazo comercializador de la compañía rusa, con el objetivo de disminuir el comercio de crudo venezolano y generar mayor presión sobre el régimen de Maduro. Otra parte de la estrategia se centraba en concientizar a la Unión Europea sobre el llamado oro de sangre, que se refiere a la explotación ilegal de oro que financia a la dictadura de Maduro.

Adicional a la presión internacional, Guaidó estaba trabajando en una agenda de presión interna, con marchas y eventos. Todo esto debería llevar a la celebración de elecciones presidenciales libres como salida a la crisis venezolana.

Pero en pocas semanas, el panorama mundial cambió. El mundo hoy día se encuentra en una gran cuarentena global para contener el contagio del SARS-CoV-2, popularmente conocido como coronavirus. Como consecuencia, la actividad económica de las grandes potencias mundiales se ha reducido significativamente. En el caso de China, el país entero prácticamente se paralizó. Los mercados se han desplomado ante la incertidumbre. Este fin de semana, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, dijo que la economía global ha entrado en una recesión tan mala o peor que la de 2009.

Para poder afrontar una cuarentena, las familias necesitan alimentos y recursos económicos. Muchas personas en el mundo viven de la economía informal, del día a día o del trabajo por hora. Los gobiernos y bancos centrales han establecidos algunas políticas que van desde suspender pagos hasta ayudas directas a aquellas personas que no reciben ingresos mientras estén en cuarentena.

¿Pero cómo puede Venezuela afrontar la cuarentena? La mayoría de los venezolanos ni siquiera pueden consumir las calorías mínimas diarias y la capacidad de producción local está prácticamente en el piso. Lo poco que se consume es principalmente importado por un sector privado mermado que aprovecha los pocos espacios que Maduro ha tenido que abrir.

El régimen de Maduro, estado fallido al fin, no tiene cómo afrontar esta situación. En primer lugar, al deterioro de la industria petrolera y las sanciones, se le suma la guerra de precios del petróleo entre Arabia Saudita y Rusia, que llevó a Maduro a reconocer que estos se encuentran por debajo de los costos de producción. Segundo, ante una recesión global, hasta la economía ilegal de oro se verá debilitada. Entre febrero y marzo el precio del oro ha caído al menos 7% en promedio y, evidentemente, tanto la demanda mundial como el transporte van a caer considerablemente. En tercer lugar, hoy más que nunca, Maduro tiene cerrado el acceso al financiamiento internacional. Recientemente CAF anunció la compra de acciones a Venezuela equivalente a la deuda del país. Asimismo, el Fondo Monetario Internacional desestimó una solicitud de préstamo por parte de Maduro por USD 5 mil millones para enfrentar la crisis de la pandemia. Y, en cuarto lugar, ahora que la Justicia de Estados Unidos ha presentado cargos contra Maduro, Cabello y varios de sus aliados por narcotráfico y terrorismo, ofreciendo $15 millones y $10 millones de recompensa, respectivamente, la prioridad de Maduro no será salvar vidas sino salvarse a sí mismo.

Ante este panorama, es poco probable que Maduro pueda tener recursos económicos para abastecer a los venezolanos y mantenerlos en sus casas. Será inevitable que mucha gente no acate la cuarentena y asuma el riesgo de contraer el virus a cambio de buscar algo de comida día a día. Si ya en los países más avanzados del mundo los servicios de salud están colapsando, las consecuencias en Venezuela serán siempre mucho más trágicas.

Esta es la mayor asfixia económica que Maduro pueda experimentar. Según datos de la industria petrolera, en el occidente del país, se reporta que las joint ventures de PDVSA están cerrando porque los precios del barril están por debajo del costo operativo de la estatal. En el oriente, PDVSA también ha recortado significativamente la producción, porque los comercializadores rusos cancelaron todas las cargas del mes de marzo y las empresas mexicanas que estaban haciendo intercambio de petróleo por alimentos, también han recortado su demanda significativamente. En general, se estima que la producción petrolera se ubique en 450 mil barriles diarios y no parece haber cargas de crudo agendadas para abril.

Bajo este escenario de bajos precios y escasa demanda, el colapso de la industria petrolera es inminente.

Si bien medidas como las sanciones individuales y secundarias han sido sumamente efectivas, el suspender las licencias a empresas estadounidenses en Venezuela para continuar operando no tendría ningún efecto adicional sobre el régimen. En cambio, generar mayor presión sobre el contrabando del oro de sangre, por ejemplo, sería muy efectivo –en adición a las nuevas medidas anunciadas por el Departamento de Justicia de EEUU—ya que éste es uno de los principales ingresos de la narcotiranía.

Es importante que las pocas empresas venezolanas y aliados extranjeros que quedan en Venezuela estén listos para enfrentar no solo la crisis humanitaria que azota al país, sino esta nueva pandemia que agrava aun más la tragedia venezolana.

El autor es profesor adjunto de la Graduate School of Political Management, George Washington University y candidato a Ph.D. en economía en American University.



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