El presidente de los Estados Unidos Donald Trump mira al secretario del Tesoro Steven Mnuchin (REUTERS/Jonathan Ernst)
El presidente de los Estados Unidos Donald Trump mira al secretario del Tesoro Steven Mnuchin (REUTERS/Jonathan Ernst)

El futuro entrará en fase de rápida reconfiguración catalizado por el COVID 19: sistemas tecnológicos, económicos, políticos y sociales entrarán a debatirse y a cuestionarse en cada una de las sociedades y culturas que conviven en este planeta. Será un período intenso, crítico, emocionante y de grandes incertidumbres. Está en duda si habrá o no un cambio de época; si la tecnofilia se transforma en mayor adicción y dependencia y si avanzamos hacia el Homo Deus que “todo lo puede”; si la avaricia financiera seguirá marcando el ritmo del actual tipo de “desarrollo económico” (no habrá que pensar alguna variante más humana y sostenible que el actual); si los seres humanos seguirán obsesionados por el consumo o se volverán más equilibrados, respetando aquello de que “lo mejor es enemigo de lo bueno”. ¿Cuánto durará el miedo actual? ¿Reflexionaremos lo suficiente o proseguirá con renovada intensidad la lucha por el poder, que es una característica humana no modelada por ninguna civilización? Todo está en el aire.

Geopolítica. Aumentarán las tendencias hacia el concepto de “los intereses nacionales primero”, fomentándose la construcción interna de variantes de la llamada “unidad nacional”. Los países más poderosos se concentrarán primariamente en resolver los problemas resultantes de la debacle económica global, con la mirada puesta principalmente en lo interno, en orden a garantizar sus propias estabilidades políticas y sociales. En una primera fase, la competencia del G20 se expandirá hacia todos los espacios económicos y luego podría alcanzar una fase más militarizada, particularmente en el terreno de las tecnologías cibernéticas (manejo de redes sociales) y espaciales (comunicación satelital, guerra de drones). La competencia geopolítica se juega no sólo en el hardware tecnológico (informática, 5G, computación cuántica, biotecnología, nanotecnología) sino también en el manejo del software comunicacional (prestigio o desprestigio, manejo ético del poder, enfrentamientos culturales, cooperación internacional, tema ambiental, criterios universales de democracia o autoritarismo).

Globalización. Desde hace años se observa un proceso desglobalizador, el que se incrementará a partir de la actual crisis. Es altamente probable que muchos países tengan la imperiosa necesidad de crear empleo dentro de sus propias fronteras. Frente a un caos social inmanejable no alcanzará el argumento de la “eficiencia” de la “fábrica china o asiática”, con producciones más baratas que las locales. La competencia global seguirá existiendo pero con mayor cantidad de regulaciones que produzcan un “efecto equilibrador” entre las necesidades de dar empleo (o facilitar emprendimientos privados locales) como ordenador de la sociedad y el debatido concepto de competitividad global. Además, surge la imperiosa necesidad, en tiempos de geopolítica activa, de no depender demasiado de aquellos con los cuales se está disputando fuertemente. La producción de muchos insumos y bienes intermedios de varias cadenas de valor se relocalizarán en territorios propios o controlados por las países centrales (EEUU; UE; JP). El caso de la vacuna contra el COVID-19 lo muestra claramente, ya que tanto Estados Unidos, Europa, y China están compitiendo fuertemente para descubrir sus propias soluciones, y evitar así molestas dependencias.

También la incorporación de tecnología y los nuevos tipos de “empleos” (recambio de productos y de procesos por cambio tecnológico) constituyen desafíos agregados y de gran magnitud. Implicará una fuerte mirada sobre los flujos y los saldos comerciales externos de cada país. Saldos enormes negativos durante largos períodos entre las grandes potencias podrían no ser viables en el futuro. Los países con exportaciones primarias verán que su situación de dependencia geopolítica aumentará y se reflejará en la calidad de vida de su población.

El Estado necesario. Desde los opuestos en contradicción frontal, es probable o esperable que esta crisis enseñe que hay un Estado necesario, que debería tener administraciones eficientes, con funcionarios del estado, y no estar superpoblado por políticos partidarios. Europa (UE) y su “estado de bienestar” nos muestran que, en algunos países, se había relajado demasiado (desfinanciado y burocratizado) su sector de salud pública. Las crecientes necesidades de las burocracias de la UE (Bruselas) provocaron por un lado la falta de recursos para sectores críticos como la salud, y luego una maraña de criterios burocráticos, sindicales e interestatales llevaron a la presente ineficiencia que se vio reflejada en tantas muertes. También debe decirse que hubo groseras fallas en los criterios políticos de resolución de crisis, que se manifestaron por el lento reflejo de las frágiles coaliciones parlamentarias, armadas solo para ganar el poder político temporal; por las crisis políticas permanentes, visibles claramente en Italia y en España, pero también en otros países de la UE. Surge además un debate sobre la “eficiencia” ante el manejo de las crisis por parte de gobiernos democráticos y autocráticos, atribuyéndose estos últimos cierto mejor desempeño. Pese a ello, también en China hubo festejos del Año Nuevo con grandes traslados y en Irán no se interrumpieron las festividades religiosas; todo lo cual incrementó el número de muertos. Debates que quedarán para el futuro.

Cultura y globalidad. El actual modo geopolítico aumentará la densidad de los conflictos interculturales. El miedo colectivo que producen las pestes es un arma poderosa, muy apta para la manipulación. “Cuando la muerte está en los labios, el hombre vivo habla” (El cónsul honorario, Graham Greene, 1973). Eso es lo que ha ocurrido a escala global, apoyado por los medios de comunicación y las redes sociales, quienes se encargaron de multiplicar hasta el infinito tantas realidades, como tantas fake news que han puesto al rojo vivo a los smartphones de todos los habitantes del planeta. En la época del hombre hiper-individualista hubo más “comunicación” que nunca antes. Dialéctica de los contrarios que no han llegado aún a una síntesis superadora. ¿Llegará en los próximos tiempos?

Factor psico-social. La crisis ha sido un inmenso laboratorio de ensayo y de experimentación psico-social. Los algoritmos están trabajando a pleno para entender los mecanismos de acción y reacción en relación a los hechos reales, a las fake news, a las reacciones de las dirigencias gubernamentales y sus respectivas ideologías, tipos y sistemas de gobierno. Seguramente no pasarán la prueba del ácido aquellos acostumbrados a democracias sostenidas por prosperidades pasadas, con batallas de segundo orden estratégico, autocomplacientes, cómodas y sin rumbos claros, con bonanzas ficticias, y que olvidaron que la vida es siempre lucha y que el progreso no viene de la mano del facilismo, ni de la simple creencia en las buenas intenciones. El mundo seguirá en manos de los poderosos, en la medida que no haya un involucramiento masivo en los temas políticos que fijan los destinos sociales. Probablemente se realicen más adelante varias acciones psicológicas sobre la población para imponer (siempre por vías indirectas y en modo de sugerencia) modalidades “más convenientes” de gobierno que beneficien a grupos de poder de uno u otro signo.

Urbanización, ambiente y ocupación territorial. El modelo universal de altas concentraciones de poblaciones en grandes urbes está deteriorando el ambiente, tema por demás debatido y analizado. Ahora también ha mostrado que costumbres milenarias realizadas en ámbitos rurales discretos, pero magnificados como modas culturales en grandes urbes pueden producir graves efectos negativos planetarios. Si el COVID-19 se hubiese desarrollado en ámbitos rurales de China es altamente probable que no se hubiese expandido demasiado porque sus efectos malignos se hubiesen visualizado a tiempo. La alta densidad poblacional es señalada como un “gran contribuyente” a la expansión de epidemias y pandemias. Una racional ocupación territorial será un tema trascendental para reorganizar el futuro (caso Alemania); más aún en Argentina, que constituye un blanco fácil si se desataran conflictos mayores de trascendencia geopolítica. Tema para analizar y ampliar.

Factor poblacional. Es probable que el equilibrio ecológico natural se esté desequilibrando y que el calentamiento global sea sólo uno de sus síntomas, y que también este tipo de crisis lo esté indicando. Dada su enorme población, Asia, y particularmente China e India, serán en el futuro, foco de nuevos problemas; es decir la aparición de epidemias continuas y permanentes, que de proseguir tanta interconexión económica se sigan transformando en pandemias. Preguntas: ¿Hay ya exceso de población mundial? ¿Es sostenible la situación actual? ¿Se trata solo de una mala distribución, tanto de la riqueza como de la ocupación territorial? ¿No hay depositadas demasiadas esperanzas en que la tecnología resuelva este tipo de problemas? ¿Se seguirá creyendo en el Homo-Deus? Son todos interrogantes sin respuestas claras o definitivas al momento.

Factor energía/petróleo. Como consecuencia del decrecimiento económico global, se ha desatado la puja por la producción y el precio del petróleo, con sus ventajas y desventajas para unos y otros, ya analizado en artículo anterior. En el largo plazo afecta principalmente a los contrincantes de EEUU, excepto China, Venezuela, Irán, Rusia, y a los “no aliados”: Unión Europea.

Escenario posible post crisis:

-La crisis es un punto de inflexión y veremos una reestructuración de las relaciones de poder mundial.

-Prevalecerá la geo-política y no la geo-economía.

-Reseteo de la economía globalizante, a favor de las economías nacionales.

-Continúa un período de grandes incertidumbres.

-Actitudes no demasiado colaborativas dentro del G2.

-Caminos independientes en el G2 y de confrontación de alta intensidad en lo tecnológico.

-Competencia intensa en el G2, pero de baja intensidad en lo militar.

-Búsqueda de espacios de influencia global sobre terceros países en discordia

-La famosa “Ruta de la Seda” creada por China se ralentizará y podría quedar en algunos acuerdos bilaterales.

-La imagen de China comenzará a ser cuestionada, no por su autoritarismo no democrático, sino por su imprevisibilidad como proveedor.

-EEUU pierde poder relativo, aunque mantenga la primacía estratégica en el campo militar y tecnológico.

-Momentáneo debilitamiento de Trump, pese a la buena situación económica y del empleo; todo dependerá de los resultados en el campo del manejo de la crisis virósica.

-Disminución de las relaciones multilaterales (G2 y otros) por falta de liderazgos para crear mecanismos de cooperación internacional

-Rusia no puede aprovechar demasiado la crisis si el precio de la energía sigue bajo por un par de años.

-Europa (UE) podría tener un grave retroceso económico, y comenzar cada país a avanzar a diferentes velocidades.

-El Brexit inglés se beneficiaría. Desplazamiento de servicios financieros desde Hong Kong hacia Londres.

-Japón buscará tener mayores grados de libertad, para tomar decisiones autónomas

-La India multiplicará su presencia mundial.

-Los países que exportan productos primarios seguirán con problemas y deberán crear empleo para evitar insubordinaciones sociales.

-América Latina podría renovar estrategias de integración regional en la medida que resuelva el problema de sus grietas internas.

-Habrá grandes debates sobre el ambiente y la ecología, pero por ahora, prevalecerán las cuestiones geopolíticas.

El autor es analista de temas geopolíticos