En los cuatro últimos años lo que más he trabajado y con más ilusión, y sigo en ello, ha sido buscar una salida a la grave situación económica, social y política de Nicolás Maduro y del gobierno y para ello he hablado con gran parte de la oposición y con organizaciones sociales, políticas, religiosas, civiles y jurídicas.

De los documentos elaborados durante dos años de conversaciones y consensos, publiqué recientemente un resumen reducido donde se recogen los principios básicos de este diálogo y que son la salida del poder de la República del chavismo, el cierre de la Asamblea Nacional Constituyente y la recuperación de poderes de la Asamblea Nacional; la formación del gobierno de transición mixto de mayoría opositora y de funcionamiento colegiado; la reforma constitucional exprés con doble vuelta electoral presidencial sin reelección; convocar elecciones en 9 a 12 meses; otorgar una amnistía política general condicionada y el exilio de los 40 principales dirigentes bajo control internacional; y, por último, poner el ejército al servicio de la democracia, las libertades y la constitución.

Por ello contacté además con dirigentes chavistas de forma directa e indirecta a través de intermediarios y creo que después de mucho tiempo en muchas reuniones conseguí un cierto entendimiento y principio de aceptación por parte de ellos. Debo decir que por la otra parte, Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, ha sido la más clara defensora del acuerdo, en el que están desde hace tiempo unánimemente la cúpula militar venezolana, el poder judicial, la mayoría de los gobernadores, gran parte del PSUV y por supuesto la alegría del pueblo venezolano.

Este acuerdo, que supone un gobierno de transición de mayoría de oposición con componentes minoritarios chavistas, la convocatoria de elecciones libres en un plazo de 9 a 12 meses y la amnistía política, es una buena salida, aunque no la más justa, pero que sin duda cierra una época negra de sufrimiento y dolor de los venezolanos y abre las puertas a la libertad y el progreso. Además, posibilita la reconciliación nacional.

Cada vez que estamos a punto de cerrar un acuerdo, viene el ex presidente español Zapatero a intentar convencer a los dirigentes chavistas de que no lo hagan. La última vez, su visita número 39, se produjo en el mes de febrero de 2020, coincidiendo con la visita exitosa de Guaidó a Europa, Estados Unidos y Canadá, donde se reunió con la canciller alemana Angela Merkel; el presidente de Francia, Emmanuel Macron; el alto representante de la Unión Europea en política exterior y seguridad, Josep Borrell; el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau; y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, entre otros.

Todo parecía que la visita de Zapatero al Palacio de Miraflores era para echarle una mano a Maduro y compensarle con su apoyo, unido a la negativa de Pedro Sánchez de reunirse con Guaidó en su gira europea. La realidad es más compleja, a la reunión que mantuvo Zapatero en el Palacio Presidencial de Miraflores asistieron Nicolás Maduro; Jorge Rodríguez, ministro para la comunicación y la información de Venezuela; Timoteo Zambrano, diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela y antiguo diputado de Acción Democrática, que salió elegido por Un Nuevo Tiempo (UNT) en las elecciones a la Asamblea Nacional en 2015, actualmente es un diputado que está más bien en la órbita del chavismo, aunque ha sido elegido en nombre y representación de la oposición, a través de la Mesa de Unidad Democrática (MUD); también estuvieron Luis Aquiles Moreno, diputado de la Asamblea Nacional por Acción Democrática y Stalin González diputado de la Asamblea Nacional por Un Nuevo Tiempo (UNT).

Zapatero, antes de la reunión le dijo, a modo de amenaza, a Cilia Flores que si abandonaba la Presidencia, dijeran lo que dijeran los norteamericanos, ella iba a ir irremediablemente a la cárcel porque los americanos no iban a cumplir sus compromisos. Posteriormente en la reunión mencionada pidió a Nicolás Maduro que no dimitiera de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela y que aguantara un tiempo, porque las cosas podían cambiar a mejor, les ofreció la entrada del partido de Maduro, el PSUV en la Internacional Socialista, ser recibido por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y por el alto representante de la Unión Europea en política exterior y seguridad, Josep Borrell y, lo que es más importante, garantizó que la Unión Europea no iba a aplicar las sanciones. Por último, Zapatero solicitó que en la Comisión Nacional Electoral se nombrara a un hermano del dirigente de Acción Democrática, Bernabé Gutiérrez, como uno de sus cinco rectores y que reeligieran al actual rector, Luis Emilio Rondón, de Un Nuevo Tiempo (UNT).

En teoría, los miembros de la Comisión Nacional Electoral deben ser elegidos por la Asamblea Nacional, pero Zapatero les propone que los elija Maduro, o en su caso a través de la falsa y absurda Asamblea Nacional Constituyente, que mantenga a tres suyos y que incorpore a estas dos personas de la línea de Maduro propuestas por el ex presidente español, para que todos falseen a través del órgano electoral otra elección más y de paso destrozar y dividir a la Asamblea Nacional con dos partidos minoritarios a favor de un Maduro blanqueado por la Internacional Socialista. En resumen, Zapatero quiere que se realicen unas elecciones sin garantías y bajo el control mayoritario de los chavistas.

En esa misma reunión, Zapatero pidió ayuda económica para tres políticos relacionados con la oposición, pero más bien al servicio del chavismo que son Claudio Fermín, Felipe Múgica y Timoteo Zambrano.

Realmente espero y deseo que ni Pedro Sánchez, ni Josep Borrell, ni la Unión Europea, ni la Internacional Socialista sepan de este acuerdo, ni que por supuesto estén de acuerdo con el plan de Zapatero. Aunque, en el seno de los dirigentes actuales del PSOE español, se observa cierta connivencia con el régimen de Maduro.

Habrá el que pretenda negar estos hechos de los que tengo buena información. En todo caso solo hay que seguir los pasos de Zapatero en Venezuela en sus 39 viajes y en sus continuas declaraciones, en las que, entre los verdugos y las víctimas, siempre está a favor y con los verdugos.

El autor es politólogo y analista político