Bergoglio cumplió siete años como jefe de la Iglesia Católica (AP Photo/Andrew Medichini)
Bergoglio cumplió siete años como jefe de la Iglesia Católica (AP Photo/Andrew Medichini)

La gran mayoría de la gente no sabe que hace casi dos mil años, en un bellísimo lugar a 40 kilómetros del mar de Galilea, a orillas de la principal fuente de agua del Jordán, Jesús junto a sus discípulos fundó la Iglesia. Simón-Pedro tuvo la revelación y el Señor le encomendó ser su cabeza. Entonces dio comienzo nuestra historia con la historia de Pedro como el primer papa.

Un nuevo año del Papa Francisco y el coronavirus

El viernes pasado se inició el octavo año de Francisco, sucesor de Pedro al frente de la Iglesia. Cuando el coronavirus se globaliza, se torna pandémico, se cobra muertos y asola a los pueblos. Sin embargo, cuando también y al mismo tiempo hay una decisión responsable de los gobernantes frente a la adversidad, las iglesias se movilizan y en el mundo comienza a haber una mayor conciencia del mal de las vanidades que degradan al hombre y a la mujer.

¿Por qué Pedro fue el primer pontífice de la Iglesia?

En el último tiempo de su tránsito por el mundo, Jesús se fue a la región de Cesarea de Filipo y estando allí -testifica uno de los apóstoles llamado Mateo- preguntó a sus discípulos: «Según el parecer de la gente, ¿quién soy yo? ¿Quién es el Hijo del Hombre?». Ellos respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros que eres Elías, o bien Jeremías o alguno de los profetas».

Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro contestó: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le replicó: «Feliz eres, Simón Bar-Jonah, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (Kefas, en arameo, Petrus en latín o sea “piedra”), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo».

Y finalmente les anunció que lo apresarían, lo condenarían, lo humillarían y debería morir para luego resucitar.

De Francisco de Asís al Papa Francisco

Francisco (1205), nacido en una familia rica de Asís, después de estar un año preso se reconvirtió en la fe, dejó su casa y se dedicó a vivir con los leprosos, pobres, excluidos y las criaturas de la naturaleza. Vivió con renuncia a los bienes en las cuevas que construyeron él y sus amigos en las laderas del Monte Subastio, haciendo el bien. Le pedía a Dios que le hablara para conocer su voluntad cuando un día ante la Cruz de la capilla San Damián oyó que le decía: “Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala”. Y él le contestó: “De muy buena gana lo haré, Señor”. Y lo hizo. Con mucho amor. Cambió el rumbo de una Iglesia que resbalaba hacia la corrupción y la mundanidad.

Jorge Bergoglio fue ungido primado de la Iglesia católica

En el curso de la historia, un 13 de marzo de 2013 el latinoamericano Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, pastor de almas que trabajaba de cura en las barriadas porteñas a orillas del Río de la Plata, heredó el sitio de Pedro y se llamó Francisco, por aquel de Asís. Esta semana su pontificado cumplió siete años. Este, como Pedro y el pastor del monte Subastio, nos confirma en la fe y nos apacienta en la esperanza como miembros del pueblo fiel de Dios.

Desde Santa Marta

Este miércoles, como lo hace todas las mañanas, el papa Francisco impartió misa y en la homilía, tras continuar rezando por los pacientes y víctimas del coronavirus y después de dedicar un pensamiento especial por los presos y presas, leyó el salmo 38:22-23, que dice: «No me abandones, Señor mi Dios, no te alejes de mí; ven pronto en mi ayuda, Señor mi salvación». Claro que realiza la invocación por la peste del coronavirus y al mismo tiempo por la peste que irradian las ideologías del odio y de la vanidad que tanto daño causan.

Los instrumentos del mal: seducción o ensañamiento

En efecto, en otros tramos de su homilía, el Santo Padre dice que la labor del diablo consiste en destruir al hombre y para eso “el diablo tiene dos estilos: las promesas, el espíritu mundano, la vanidad, la seducción (del poder y del dinero) para hacerle cambiar el plan de la redención, y si eso no funciona, el ensañamiento ... Que el Señor nos dé la gracia de discernir el camino de Dios, que es el de la Cruz, del camino del mundo, que es la vanidad, la apariencia, el maquillaje”.

Cuando la peste no es tan solo una metáfora

Recorriendo estos siete años se puede afirmar que el demonio fue sorprendido y derrotado por el papa Francisco tornando vanos sus intentos de destrucción de la Iglesia. Sin embargo, sabemos que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, por lo que hay que permanecer siempre atentos.

Hoy tenemos una Iglesia fuerte de la mano de un Dios trino, muy vivo, que se repara y rompe el ensimismamiento, de pie y en salida, derriba muros y construye puentes, misionera, que asiste y acompaña a todos y mucho más a los más necesitados.

Una Iglesia que no huye sino que reencuentra en la peste el sufrimiento de Cristo que le da sentido a la vida. Hoy los pastores de la Iglesia, monjas, curas y laicos acompañan aliviando el dolor de las víctimas del Covid-19 junto a gobernantes, agentes de la sanidad, trabajadores sociales, docentes y voluntarios en todo el mundo.