El diplomático Hugo de Zela Martínez, actual embajador del Perú en Washington (EFE)
El diplomático Hugo de Zela Martínez, actual embajador del Perú en Washington (EFE)

El 20 de marzo se decide el destino de la OEA, no creo que sólo por los próximos 5 años, sino de aquí en adelante.

Los candidatos que se han presentado representan claramente tres cosas:

La ex ministra del presidente Correa, María Fernanda Espinosa, cuya campaña se identifica con los intereses del chavismo, hoy desfigurado aún más por Maduro y su régimen dictatorial en Venezuela. El hecho que no se atreva a llamarlo siquiera por su nombre nos dice bien a las claras que podremos tener, de ganar ella, una OEA donde la democracia sea un término sin significado, sin contenido y, peor que todo ello, sin valor alguno por los pueblos que luchan por sus libertades en contra de regímenes autoritarios.

El ex canciller de Uruguay y actual secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien le ha dado a ésta un liderazgo y una dirección en estos primeros años de su gestión, asumiendo el papel de promotor y el rol y la iniciativa que desde ese cargo se debe de tener para lograr las metas que la organización se propone. Acabando con el acomodo cómplice que desdice los principios escritos del pacto que se firmó y de las cartas que se acordaron, luego de Santiago en 1991 y Lima en el 2001. Llenando de contenido el término de democracia, entendiendo que la palabra no puede ser un guante para esconder la idea, sino que hay que hablar claro en defensa de las libertades que no son propiedad de los gobernantes, como dice el artículo 1° de la Carta Democrática Interamericana, sino de los pueblos y de las personas que los conforman.

El tercero es el diplomático Hugo de Zela Martínez, actual embajador del Perú en Washington, miembro del gabinete de Joao Baena en 1992 cuando se produjo el golpe de Fujimori en el Perú.

Como la lucha parece ardua entre dos posiciones, quiere aparecer como el tercero en discordia, como el cauto, como el que aleja la disputa, el que deja las cosas como están para no molestar a nadie, aunque con ello tampoco se beneficie al continente.

Hay que recordar que en ese año, cuando Fujimori bregaba por convalidar su golpe de Estado, de Zela, miembro del gabinete de Baena, puso las mil y una trabas para evitar que la delegación del Senado peruano, entre los cuales el importante senador Javier Diez Canseco, pudiera dirigirse en plenitud de derechos al conjunto de la Organización e informarles de las razones por las que no podían validar ese embuste que se había creado, con la participación de esa mismas secretaría general, para darle un barniz democrático a esa dictadura. ¡Qué distinto a lo que ha sucedido actualmente en la OEA con la representación democrática de Guaidó!

De Zela fue luego miembro del servicio activo del dictador que rigió el Perú entre 1992 y el 2000, jefe de gabinete del Ministro de Relaciones Exteriores del Perú en 1996, en plena dictadura. Luego, fue embajador de Fujimori en Argentina, y en el curso de ese régimen desarrolló una relación cercana con Vladimiro Montesinos, quien señaló que él debería ser el canciller del Perú. Veamos pues: ese pedigrí dictatorial y de sometimiento medroso no lo acredita para nada para ejercer el cargo de secretario general.

El mismo de Zela fue después jefe de gabinete de José Miguel Insulza, que poco o nada hizo para frenar el avance de la dictadura venezolana. La misma se siguió afirmando durante todos esos años y no se conoce ninguna intervención de de Zela que haya advertido de la importancia de apoyar desde la Organización a un pueblo aplastado por su gobernante.

Ahora quiere que se “desvenezualice” la agenda de la OEA. Vale decir, una propuesta totalmente funcional al mandamás de la Venezuela destrozada de hoy, para que pasen por agua tibia todos los desmanes contra la democracia y los derechos humanos que hoy comete.

En lo intelectual no se le conoce, tampoco, ningún trabajo a favor de la democracia. De Zela no quiere que se hagan olas con Venezuela, prefiere el silencio de la burocracia al sonido de la actividad del liderazgo continental.

Quien no se atrevió a levantar la voz en tiempos difíciles, no podrá ejercer ningún liderazgo en una institución que sólo tiene “auctoritas”, que no tiene “potestas”. Precisamente por ello, esa autoridad absolutamente necesaria es algo que se gana con la trayectoria de toda una vida, la que de Zela no tiene ni por asomo en las lides democráticas.

Quien toda su vida estuvo sometido o callado frente a las dictaduras que golpearon a sus prójimos más cercanos, será imposible que pueda ayudar a aquellos a quienes ni siquiera conoce.

Los hispanoparlantes tenemos un dicho que reza: “No le puedes pedir peras al olmo”. Eso es imposible. Por ello hay que pedirles a los países que tienen solera democrática, y entre ellos hay muchos del Caribe y, por cierto, Canadá, que no se confundan pretendiendo que el olmo (De Zela) dé peras (democracia).

Abogado en ejercicio, profesor universitario y autor de 17 obras. Diputado de Perú de 1985 a 1990 y embajador ante la OEA.