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Hacia fines del siglo XX y principios del XXI, Medellín era sinónimo de caos, inseguridad y narcotráfico. Era, posiblemente, la ciudad más desprestigiada del mundo y la más temida. Las comunas, auténticas favelas o tugurios constituían el centro del terrorismo urbano más importante de la ciudad en épocas nefastas del país, cuando Pablo Escobar, la guerrilla FARC, el ELN, los paramilitares y bandas criminales se entrelazaban en una batalla constante para dominar el bajo mundo

Hoy, en el 2020, Medellín ha cambiado totalmente su perfil, aunque ello no sea totalmente percibido por el resto del mundo. Desde el hueco negro en que estaba, ha tenido un renacer tipo Ave Fénix, que todavía no tiene la difusión que debiera como ejemplo de recuperación.

El cambio producido catapultó a la ciudad desde ese infierno hacia un acelerado liderazgo, en algo completamente diferente a su tradición manufacturera y a pesar de su fama trágica causada por el narcotráfico y sus secuelas nefastas.

Una de las causas de esta transformación estuvo en la completa dedicación de las fuerzas vivas de la ciudad, desde los sectores públicos públicos y privados, la academia y las ONGs bajo la bandera de la innovación, la ciencia y la tecnología. Poco se conoce de ese proceso y la importancia que tuvo la “Comuna 13” como parte de un proyecto llamado “Naciones Digitales” del Laboratorio de Medios Digitales, conocido como el Media Lab del Massachussets Institute of Technology (MIT), en ese renacer en 2003.

Hoy, Medellín ha sido reconocida como el Centro Latinoamericano de la 4ª. Revolución Industrial, por el World Economic Forum (WEF), entidad de reconocimiento mundial en el campo del desarrollo social, económico y tecnológico sostenible.

Pasó de ser una ciudad casi fallida, conocida como la ciudad más violenta del mundo, con un promedio de 365 muertes violentas por cada 100.000 habitantes a ser conocida como la Ciudad Más Innovadora del Mundo en 2014, reconocimiento otorgado por el Wall Street Journal, la Urban and Land Foundation de la ONU y el Citibank, por encima de Tel Aviv y New York. En el 2018 fue nuevamente galardonada como la ciudad más Innovadora socialmente hablando por la fundación Lee Kuan Yew, de Singapur.

Hoy, con 19 muertes violentas por cada 100.000 habitantes está considerada como más segura que ciudades como Washington, por ejemplo, lo cual es un enorme cambio de paradigma.

Muchas son las causas de este cambio. Quizás el arranque se produjo con la llamada Operación Orión, de 2002, cuando la ejército y la policía de Colombia invadieron la Comuna 13 de Medellín, bajo la presidencia de Álvaro Uribe, operación que durante muchos años fue motivo de alabanzas y recientemente flanco de críticas acérrimas con argumentos relacionados con el uso excesivo de la fuerza, por asesinatos de civiles inocentes, que han desdibujado ciertos aspectos positivos que trajo la operación.

Otro elemento importante en el proceso de reconstrucción de Medellín es el proyecto de la Comuna 13. Alrededor del 2009, Medellín comenzó un proyecto de transformación urbana bautizado Medellín 2011, basado en un sistema de transporte masivo complementado con lo que se ha llamado Arquitectura y Urbanismo Social, que dotó a las comunas ubicadas en las empinadas laderas de las montañas con un sistema de transporte basado en góndolas, que fue un eficaz complemento de una gran espina dorsal de transporte masivo, el Metro que recorría el valle de Sur a Norte.

En la Comuna 13 se instalaron una serie de escaleras mecánicas, que permitieron acortar el tiempo de traslado de sus habitantes hasta el lugar de trabajo de dos horas y media a 40 minutos.

A esta transformación esencial, se le fueron agregando ideas complementarias de gran impacto social: creación de escuelas, bibliotecas y Centros Comunales en la parte alta de las comunas, que fue desarrollando una mejora en la autoestima ciudadana.

Uno de los principales gestores en esta reinstalación de Medellín, a través de la innovación y ciencia, y quien se le debe mucho de lo conseguido es, sin duda, Rodrigo Arboleda, cuya amistad con Nicolás Negroponte -con quienes fueron compañeros de estudio, y sus relaciones con MIT y su Media Lab han sido un factor decisivo en la recuperación inicial y actual resignificación de la ciudad. Arboleda implementó la recuperación de la Comuna 13 a través de la innovación, incorporando al ejército y la policía en la tarea de capacitación docente, a través de la implementación de cursos y la entrega de desktops inicialmente y luego laptops a los niños involucrados. Los policías fueron entrenados en el manejo de los programas por medio de los cuales los niños aprendían a escribir código.

Precisamente, fue por invitación de Arboleda que Alejandro Piscitelli, filósofo destacado en el campo de la innovación educativa y yo fuimos invitados a discutir en Medellín un próximo panel sobre Educación e Innovación en América Latina, que se llevará a cabo en Miami, y del cual Rodrigo Arboleda es su principal gestor

Otro rol esencial en el proceso fue cumplido por una alianza público/privada/académica, en un organismo que funciona como un “hub” de innovación, ciencia y tecnología, llamado “Ruta N”.

Financiado con dinero de las Empresas Públicas de Medellín, su gobernanza es compartida por los tres sectores, y que mantiene una narrativa coherente con un plan de largo plazo. Entre sus logros, se cuenta haber atraído a más de 250 empresas extranjeras y crear más de 8,000 empleos directos en temas de innovación, ciencia y tecnología.

La innovación ha sido, entonces, el motor del desarrollo del Medellín 2020, como lo fueron a principios del siglo XX, la minería y la industria textil.

El próximo proyecto a ser encarado por Ruta N se refiere al sistema educativo y la innovación en la materia y la posibilidad de exportar a otras sociedades los logros de la Medellín del siglo XXI.

El autor es presidente del Interamerican Institute for Democracy