Nicolás Maduro (EFE)
Nicolás Maduro (EFE)

Históricamente, los mensajes públicos tanto de Chávez entonces como de Maduro ahora fueron dirigidos exclusivamente hacia su propia gente, y casi siempre con la intención de cumplir con los compromisos que asumían. El hecho de que un opositor escuchara también ese mensaje de ninguna manera significaba que estaba dirigido a él, o sea que estaba escuchando una conversación ajena, y por supuesto lo llevaban a entender algo diferente, y en consecuencia a tomar decisiones equivocadas, muchas de las cuales dieron como resultado la dramática situación que atraviesa Venezuela hoy.

Cuando en diciembre pasado Maduro prometió en reiteradas ocasiones la recuperación de la AN para el chavismo, y ya para quedársela definitivamente, era un hecho que así sería. Más allá de si contaba o no con los votos, de si se reintegraban o no los diputados del PSUV -muchos de los cuales se reintegraron y votaron a sabiendas de que ya habían perdido su condición de diputados, por haber ejercido cargos públicos-, de si contaban con los opositores de la “mesa amiga” y otros desertores, ya se podía anticipar que eso sería así.

Para entender el contexto, habría que recordar que desde el año 2017, con las elecciones y posterior constitución de la Asamblea Nacional Constituyente-ANC, el chavismo formalizó el concepto de “doble institucionalidad”, porque la mitad de los constitucionalistas del país decían que para que eso fuera legal debió haber habido un referéndum previo, y la otra mitad decía que eso no era necesario. La cuestión es que las instituciones paralelas ya comenzaban a formar parte de la realidad política del país: y el peso que podían tener estaba vinculado a si había o no gente que les hiciera caso o fuerza para hacerlas cumplir. Además, ellos ya habían establecido el concepto del “doble comando”, pues cada vez que un opositor ganaba una gobernación o una alcaldía, el chavismo “creaba” una institución paralela llamada “el protector”, al que se le dotaba de más recursos ejecutivos que al oficial, y generaba una sensación de que con el chavismo las cosas andaban mejor que con el gobernador o alcalde opositor.

Cuando en enero de 2019 Guaidó asumió la presidencia encargada, el concepto del doble comando no causó demasiada novedad pues era ya parte del accionar corriente. Y así vino la fiscalía paralela, el tribunal supremo paralelo, las juntas directivas de las empresas paralelas. Y vendría la Asamblea Nacional-AN paralela, que es lo que terminó ocurriendo el pasado domingo 5 de enero. Ahora en Venezuela, hay dos AN coexistiendo, y me imagino que la manejada por el gobierno asumirá algunas de las facultades legislativas que estaban en manos de la ANC, sin que esta última pierda su condición de súper poder. Es de esperar que en el futuro haya un doble ministerio de defensa y una doble fuerza armada, además del doble comando de Conatel (ente regulador y censor de las telecomunicaciones) como ya anunció Guaidó en estos días.

Conclusión: el chavismo es a esta fecha el “dueño” del poder absoluto dentro de las fronteras de Venezuela, mientras que los poderes paralelos, en manos de la oposición, tienen su campo de existencia principalmente fuera de las fronteras y en el ámbito de los países que los reconocen.

La importancia que tiene para el chavismo el haber “recuperado” la AN es la posibilidad de generar los paquetes legislativos que le permitan al gobierno operar frente a terceros en el exterior, ya se trate de gobiernos o de instituciones financieras -como la CAF que tiene en tratamiento un proyecto para fortalecer el sistema eléctrico en el occidente del país- que requieren de la aprobación del congreso de cada país, tanto para los mencionados créditos como para la constitución de empresas mixtas y también para vender empresas del estado. Es posible entonces que en las próximas semanas veamos aprobaciones relacionadas con el petróleo, las telecomunicaciones y la electricidad para ir poco a poco abandonando en la práctica el Plan de la Patria, el cual ya desde hace tiempo no estaba dando respuestas a las necesidades concretas del país en general, y de la revolución en particular. Aquí cabe hacer mención a que ese plan se elaboró en el 2007 y desde entonces no tuvo cambios de fondo, mientras el país cambió de tal manera que lo dejó obsoleto, como si hubiera sido para otro país, en otro momento del tiempo. La preocupación es que ante la ausencia de un plan, lo que vaya a ocurrir en el futuro –que por cierto ya estamos viviendo- será defensivo, pasándole a otros actores la opción de la proactividad, la cual, si se reconoce la oportunidad y si se actúa asertivamente, puede ser bueno para todos –chavistas incluidos- porque se estaría abandonando un camino que nos está llevando a la catástrofe económica continuada e indetenible.

Habrá que ver ahora si este movimiento poco claro de “recuperar” la AN les rinde el beneficio que esperaban, o si se generarán las dudas naturales y ahora los terceros interesados preferirán esperar por las elecciones parlamentarias que constitucionalmente corresponden para este año. Porque hay que estar claros: la manera que eligió el chavismo para su recuperación le da un golpe muy fuerte a las soluciones pacíficas y democráticas, considerando que todo el proceso que culminó con las dos elecciones paralelas de la directiva de la AN, la chavista con Luis Parra al frente y la opositora con Juan Guaidó (que repite como presidente encargado de Venezuela), se basó en gran parte en el uso de la fuerza de las armas, tanto por las persecuciones y prisiones, como por el asalto de ese día al hotel donde estaban los diputados opositores, y el violento bloqueo para que no llegaran a la sesión; y también la utilización de esa legalidad paralela que se formalizó en 2017 y que no reconoce los fueros parlamentarios.

Este arranque del 2020 continúa la profundización de las diferencias que arrancó en el 2019, y deja claras las posiciones de la dirigencia y su polarización, mientras la gran masa del pueblo en más de un 80% quiere que Maduro y la revolución, salgan del poder. Esto, además del aislamiento internacional, y las sanciones norteamericanas, hará que la gobernabilidad se haga cada vez más difícil y tenga que aumentar la exposición y la represión para poder sostenerla: cuanto más poder, más vulnerabilidad. Este mes de enero será muy difícil para la gran masa de las familias venezolanas, por lo que puede anticiparse que el comportamiento social puede llegar a cambiar y que la protesta con riesgo de vida se hará inevitable.

La solución para Venezuela sigue estando en un acuerdo entre las cúpulas de las fuerzas en conflicto (porque el pueblo en general ya no está polarizado), pero los sucesos en la AN, fuente natural de diálogo y debate, indican que esto no ocurrirá hasta que haya algún tipo de colapso que los fuerce a una mesa de negociación para “juntar los pedazos” y arrancar de nuevo.

Al parecer, el gobierno argentino, desoyendo las recomendaciones de reconocer a las dos fuerzas en conflicto en Venezuela para promover el acercamiento y no las diferencias, ha decidido –de todos modos, era el escenario más probable- tomar abiertamente partido a favor de la revolución bolivariana, ocupando de esa manera el lugar que abandonó Bolivia, como su único apoyo en Sudamérica. Esto lleva a anticipar que las políticas llevadas a cabo dentro de la nación argentina tenderán a ser mas influenciadas por los movimientos relacionados con el kirchnerismo,que por los moderados del peronismo clásico. Las manifestaciones oficiales a favor del chavismo de aceptar a la todavía informal embajadora de Maduro, mientras le quita las credenciales a la de Guaidó, más la posición oficial ambigua sobre los sucesos de la AN mientras invita al superministro Rodriguez al acto de toma de posesión, todo en menos de un mes, ya muestra una alineación que le traerá problemas a la Argentina, especialmente con la divisoria de aguas por el caso de Irán, con quienes el kirchnerismo tiene una relación estrecha, y Venezuela una cercana, abierta y declarada: Irán o EEUU, serán la opciones. Sin medias tintas.

El autor es economista y consultor gerencial en estrategia y análisis de entorno