Foto de archivo. El Papa Francisco una misa Crismal en la basílica de San Pedro en el Vaticano. 28 de marzo de 2013. REUTERS/Alessandro Bianchi.
Foto de archivo. El Papa Francisco una misa Crismal en la basílica de San Pedro en el Vaticano. 28 de marzo de 2013. REUTERS/Alessandro Bianchi.

Monseñor Jorge Mario Bergoglio en el Tedeum del 25 de mayo de 1999 en la Catedral de Buenos Aires comenzó su homilía leyendo el Evangelio de San Lucas, capítulo 24, vers. 13-35.

Lucas relata que tres días después de la crucifixión de Jesús dos discípulos, Cleofás y otro, huyeron de Jerusalén a Emaús, pueblo cercano. Sufrieron el temor a la represión y no teniendo otras pruebas lo temieron muerto para siempre. En su huida se les acerco Jesús, irreconocible, y caminando les preguntó que les sucedía ya que hablaban muy acongojados. Le contaron lo de la crucifixión y muerte de Jesús y también que las mujeres que habían ingresado al sepulcro no habían hallado su cuerpo y se les aparecieron unos ángeles que les dijeron que el Señor había resucitado, pero ellos dudaron. Entonces Jesús -un forastero para ellos- les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?”. Y les recordó con detalle las lecturas e interpretaciones de las Escrituras. Cuando los dos llegaron al lugar, Jesús hizo un gesto de seguir viaje y ellos lo invitaron a ingresar ya que era tarde. Sentados a la mesa, él tomó el pan, lo bendijo y lo partió. Entonces se dieron cuenta de que era Jesucristo y en ese instante desapareció (síntesis del autor).

¿No será que el resucitado “en cada crisis” está con nosotros y no lo reconocemos?

Los miedos de los argentinos

En el último medio siglo los argentinos sentimos muchos miedos: por la brutal represión de la dictadura cívico-militar, por Malvinas, por el temor a una guerra con Chile, por la hiperinflación de 1989 y 1990, por la vil entrega de nuestro patrimonio nacional durante el menemismo, por la crisis de 2001 y por la recurrencia al endeudamiento externo de los últimos años. Pero frente a la rememoración de los miedos tenemos que recordar sus superaciones y en particular recordar los logros de la historia grande de la argentina renaciente.

El gran patrimonio histórico, moral y religioso de los argentinos

“Una nueva celebración -dice Bergoglio en aquella homilía- del incipiente comienzo de la conciencia patriótica, aquel mayo de los argentinos, nos congrega para dar gracias por los dones de Dios Padre, por los que nuestros padres supieron -dura y trabajosamente- vivir, luchar y morir”.

“Los argentinos marchamos por nuestra historia acompañados por el don creado de las riquezas de nuestras tierras y por el Espíritu de Cristo reflejado en la mística y el esfuerzo de tantos…en el testimonio…de los que dan su talento, su ética, su creatividad, su vida. ¡Este pueblo comprende hondamente lo que significa el amor a su tierra y la memoria de sus convicciones más profundas! En su religiosidad más íntima, en la siempre espontánea solidaridad, en sus luchas e iniciativas sociales, en su creatividad y capacidad de goce festivo y artístico, se refleja el Don de Vida del Resucitado”.

Los argentinos sabemos lo que es la amistad política

“Nuestra historia está llena de encrucijadas, de tensiones y conflictos…(pero) …este pueblo de fe supo cargar al hombro su destino cada vez que en la solidaridad y el trabajo forjó una amistad política …(y eso)… marca nuestro estilo de vida”.

A propósito, con el amigo todo bien, pero ¿con el “enemigo” qué hacemos? Anticipemos, como enseña Methol Ferré, que en términos cristianos “la dialéctica amigo-enemigo (que está afuera y adentro de cada uno) no se resuelve en el aniquilamiento…hay que encontrar el amigo que hay en el enemigo y rescatarlo".

La Iglesia enseña a “rememorar lo que nos une y construye”

“Los argentinos supimos ‘ser parte’, sentirnos ‘parte de’, supimos acercarnos y acompañarnos… nuestro pueblo conoció momentos fundantes de cambios civiles, políticos y sociales; logros culturales y científicos que… demostraron nuestros valores…(logramos) un sentido de identidad más allá de nuestra compleja composición étnica e histórica".

“(Hubo) momentos en los que privó una conciencia de trabajo fraterno…siempre sentido y vivido hasta el heroísmo. La historia (debe apostar) a la verdad superior, a rememorar lo que nos une y construye, a los logros más que a los fracasos… lejos del historicismo estéril y manipulador".

“Animarnos a vivir de otra manera”

“En la retaguardia hay un pueblo solidario, un pueblo dispuesto a levantarse una y otra vez… que no sólo acude a la necesidad de supervivencia… que quiere refundar el vínculo social…”.

Una mesa para el proceso fundante de la unidad de los argentinos

No resignemos nuestras ideas, utopías, propiedades ni derechos, sino renunciemos solamente a la pretensión de que sean únicos o absolutos. Todos (somos parte) convidados a este encuentro, a realizar y compartir este fermento nuevo que -a la vez- es memoria re vivificante de nuestra mejor historia de sacrificio solidario, de lucha libertaria y de integración social".

“Una gran mesa de comunión donde nos impulse a proclamar como los discípulos de Emaús: “¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? … convenciéndonos que Dios está con los argentinos. Y a los “¡Hombres duros de entendimiento…!” les reiteramos con Bergoglio que “el todo es superior a la parte, el tiempo superior al espacio, la realidad es superior a la idea y la unidad es superior al conflicto”.

Francisco está entre nosotros para refundar la unidad de los argentinos.