El papa Francisco (Photo by Alberto PIZZOLI / AFP)
El papa Francisco (Photo by Alberto PIZZOLI / AFP)

El Santo Padre dijo el pasado 23 de octubre: “Sigo con preocupación lo que está sucediendo en Chile. Espero que, al poner fin a las manifestaciones violentas, a través del diálogo, se hagan esfuerzos para encontrar soluciones a la crisis y enfrentar las dificultades que las han generado, para el bien de toda la población”.

Las causas del conflicto social

El presidente de la Conferencia Episcopal de Chile Monseñor Santiago Silva Retamales reiteró esta semana denuncias formuladas por la Iglesia de Chile en los años anteriores sobre las “escandalosas desigualdades” existentes (donde el 1% de la población domina el 40% de la riqueza). Denuncias en las que insistieron en los últimos tiempos proponiendo el diálogo -para empezar -sobre un “salario ético”. La voz de la Iglesia no fue considerada.

Los sucesos

En Chile la inflación de la última década nunca alcanzó el 5% anual y en el 2018 fue del 2,6% y el salario medio ronda los 509.400 pesos (aproximadamente 630 dólares).

El jueves 17 de octubre el presidente liberal Sebastián Piñera decidió un aumento de la tarifa del metro (de 800 a 830 pesos que se suma al incremento de 20 pesos impuesta en el mes de enero de 2019). El 18 de octubre, una reacción espontánea de rechazo a la medida se manifestó en la capital con protestas, agresiones a los subterráneos y enfrentamientos con la policía. Piñera decretó el estado de emergencia en Santiago y puso a cargo para garantizar la seguridad a un general del ejército.

El 19, miles de personas protestaron en las calles de Santiago por esa y otras injusticias sociales. Protestas que se replicaron en Valparaíso y Viña del Mar. Piñera decretó el toque de queda y desplegó miles de militares.

Desde entonces las multitudes principalmente de jóvenes ocuparon las calles. El presidente -haciendo algunas concesiones como la suspensión del alza de la tarifa de subterráneos y de los precios del combustible entre otras- dijo “el país se encuentra en guerra”. Las protestas se extendieron a 9 de las 16 regiones. El ejecutivo anunció un paquete de nuevas medidas -alza de las pensiones más bajas, congelamiento de tarifas de electricidad-y convocó a los partidos políticos a una reunión para intentar alcanzar un “acuerdo social”, pidió perdón a la sociedad por los errores que se cometieron en los últimos gobiernos. No obstante ello no cesó el descontento. Los principales sindicatos y movimientos sociales del país llamaron a una huelga general que se llevó a cabo el 23. Tras lo cual continuaron las concentraciones en varias ciudades, con decenas de miles de manifestantes en las calles de Santiago y la huelga se continuó el día 24. Al movimiento se sumaron los sindicatos de las minas de cobre, el personal de salud y los trabajadores portuarios.

El gobierno apeló a militares de reserva para sumar a los 20.000 ya desplegados en las calles y como respuesta el viernes 25 se reunieron en la plaza Italia de Santiago un millón y medio de personas en la mayor concentración de la historia de Chile.

Las medidas de presión contra el gobierno hoy domingo cumplen 23 días y un Comité de Huelga Nacional, integrado por los sindicatos portuarios, de minería, construcción, industria, comercio, educación, salud, agricultura y servicios públicos, anunció un paro nacional el próximo 12 de noviembre que, además, recibió el respaldo de la Mesa de Unidad Social, movimiento que reúne a más de 70 organizaciones sociales. También los docentes decretaron un paro por la constante violación a los derechos humanos.

Las muertes, en su mayoría de jóvenes, alcanzan a más de 70, más de un centenar de heridos muchos de ellos con pérdida irreversible de la visión debido a las balas de goma disparadas por los carabineros y hay entre 3500 a 5000 detenidos.

Las preocupaciones del Santo Padre

Ciertamente que el Santo Padre comparte las demandas de la juventud y el pueblo trabajador de Chile de una mayor igualdad y justicia. Le preocupan -como lo dijo en sus recientes declaraciones -sus causas, principalmente las “escandalosas desigualdades” que lejos de ser disminuidas fueron ahondadas por el actual gobierno neoliberal, le duele la marginación del pueblo de los beneficios del próspero capitalismo chileno, le duelen las injusticias reinantes en el acceso a la educación universitaria y otros aspectos de la vida social. Y desde luego también, está muy preocupado por la violencia descontrolada de la represión y por la acción de algunos grupos que siempre en estas circunstancias actúan con fines políticos mezquinos, o simplemente criminales.

La potencia espiritual de la multitud

Claro que el papa Francisco advertirá sobre la realidad de un sujeto que emerge: la multitud que se manifiesta sin una conducción política que la arrastre, sin banderas ideológicas que la tiñan, con una gran pureza y potencia corpórea y espiritual. Potencia que aparece con la pretensión de producir un cambio en la realidad social de Chile y que anuncia su propio pasaje. Sujeto que viene formulando sus enunciados desde la ética (justicia social frente a la injusticia, igualdad frente a la desigualdad, amor frente al odio). Que aparece con el poder redentor de la palabra y fe del pueblo, que es lo indestructible. Y a no dudarlo, en su viaje a Tailandia y a Japón de estos días, Francisco rezará por el ascenso del alma de esa multitud joven que se manifiesta a través de tantos mártires. Cristos chilenos que en el martirio se hacen nombres, palabra y eco imborrable de la multitud frente al poder satánico de Los Mercados y de La Moneda.