Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou (Reuters)
Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou (Reuters)

Se realizaron las elecciones en primera vuelta, se definió que habrá balotaje, y la integración del parlamento (diputados y senadores) y el próximo 24 de noviembre elegiremos al Presidente de la República y a la Vicepresidente. Hay mucha tela para cortar en el análisis y no tiene solo un valor histórico, sino muy actual: en 3 semanas tendremos que votar nuevamente.

Una aclaración necesaria, por la cantidad de lectores que tiene Bitácora en el exterior de Uruguay: yo no soy solo un periodista, o un analista, en estos casos soy sobre todo un militante de izquierda, que milita hace 58 años y que es la primera vez que no participo en una campaña electoral desde 1962, en Uruguay, Argentina y Paraguay, siempre apoyando candidaturas de izquierda. ¿Cómo me fue? Lo saben los interesados.

Hay una pregunta básica que estamos obligados a responder: ¿Quiénes fueron los ganadores y los perdedores en estas elecciones?

El principal ganador fue el Partido Nacional, es quien encabezará con su fórmula Lacalle-Argimón a un amplio espectro de fuerzas políticas opositoras hacia la segunda vuelta, mantuvo la cantidad de senadores y perdió un diputado, y que parte con una importante ventaja en los números 58% de los votos si se suman todos los partidos que los apoyan. Los cuatro más importantes ya le dieron su apoyo explícito.

Ganó la oposición en su conjunto, que en el eje central de definición de esta campaña: 4to gobierno del Frente Amplio o cambio, obtuvo una importante mayoría por el cambio. A diferencia de las tres elecciones anteriores, en que el FA había obtenido en primera vuelta (2004-2009-2014) la mayoría parlamentaria en ambas cámaras y de hecho había asegurado el triunfo en el balotaje.

Ganó la sorpresa de un partido totalmente nuevo, en un país con un sólido sistema de partidos que obtuvieron en su conjunto aproximadamente el 85% de los votos. Sin embargo, Cabildo Abierto, nacido hace un año, con un líder absoluto que fue hasta hace pocos meses el Comandante en Jefe del Ejército de dos gobiernos del FA, el General (R) Guido Manini, obtuvo el 11% de los votos, 3 senadores en 30 y 11 diputados en 99. Si bien es innegable que surgió con una fuerte presencia de militares, es notorio que obtuvo votos de un espectro mucho más amplio.

Ganó un pequeño partido ecologista, el PERI, que por primera vez eligió un diputado.

Ganaron algunas encuestadoras, que básicamente se aproximaron mucho a los resultados y otras perdieron feo, las que le erraron y, a otro nivel las que dieron tal apertura de posibilidades que siempre acertarían, tendrían que explicarnos algo: ¿por qué seguir confiando en sus informes?

Dentro de los lemas (partidos y el Frente) hubo también ganadores y perdedores, en un resultado que tiene un importante significado:

En el FA ganó ampliamente el sector “ultra”, para llamarlo de alguna manera (me niego a llamarlo radical, porque no lo son). En primer lugar el eje MPP, Partido Comunista y aliados y Partido Socialista (con su actual dirección ortodoxa. Entre los tres y el PVC tienen 33 de los 42 diputados (78%) y 10 de los 13 senadores, es decir que tienen una amplia mayoría en la bancada del FA, a lo que se suma su amplia superioridad en la estructura (Plenario y Congreso). Se consolidó el “otro” Frente Amplio, que puede ampliarse todavía con el G8. Y sigue teniendo su coro de justificadores. ¿Cómo posicionar a la Vertiente Artiguista que obtuvo dos senadores y ningún diputado, como resultado casi exclusivamente de una ingeniería electoral?

Ganó el grupo de Mario Bergara.

En los partidos opositores, ganó notoriamente el sector de Luis Lacalle Pou, por su porcentaje dentro del Partido Nacional.

¿Quienes perdieron?

En las elecciones no hay empates: si hay ganadores, hay perdedores.

Primero perdió el segundo gobierno de Tabaré Vázquez, que además de ser integralmente del FA, se comprometió con muchos de sus ministros en la campaña electoral y el 60% de los uruguayos le votaron en contra, y llega con una opinión pública adversa, como nunca antes le había sucedido a un gobierno del FA. Incluso con votantes del Frente que opinan contra el gobierno.

Segundo perdió la fórmula Martínez-Villar, porque si algo salvó al FA fue el pueblo frenteamplista y su corazón y sentimientos tricolores, que lo sacaron en los últimos días a la calle con gran fuerza, sobre todo en Montevideo. La fórmula dio lo que podía dar. Poco.

Tercero, perdió el Frente Amplio, que definió como uno de sus objetivos fundamentales el 4to gobierno, y sobre todo obtener la mayoría parlamentaria a la que se malacostumbró durante 15 años. Perdió 2 senadores (de 15 a 13) y 9 diputados (de 50 a 41). Falta elegir la vicepresidente, que será la Presidenta de la Asamblea General y del Senado (número 31). Y el FA perdió profundamente en la correlación de fuerzas internas, hoy refleja mucho menos la realidad política e ideológica del país, con la clara predominancia de los sectores ultras.

Perdieron dentro del FA el Frente Liber Seregni que prácticamente desapareció, se fragmentó sin mucha posibilidad de unificarse y en particular Asamblea Uruguay de Danilo Astori, que perdió más de la mitad de los votos y varios parlamentarios y sobre todo, sufrió la sanción de la ciudadanía sobre el balance de muchos temas, pero en particular la situación económica y social actual del país, que comparada con el 2004 es mucho, pero mucho mejor, pero que en cuanto a las expectativas, miedos, y sensaciones concretas de los uruguayos es valorada como en retroceso o que está paralizada. Perdió feo uno de los principales responsables de los anteriores triunfos del FA.

Perdió el Partido Socialista ahora dirigido por los ortodoxos, que perdieron legisladores, la mitad de sus votos y muchos cuadros de primer nivel, todo a pesar de que el candidato a presidente Daniel Martínez hizo, por primera vez en la historia del FA una campaña especial por su condición de socialista.

Perdieron varios sectores del FA que no lograron elegir sus representantes al parlamento, restándole variedad y pluralidad al FA. Algunos que incluso tenían senadores destacados.

Perdió la izquierda como concepto ideológico y cultural, porque además la UP perdió su participación en el parlamento, pero además el surgimiento impetuoso de Cabildo Abierto, fortaleció sin duda a la derecha, aunque reducirla simplemente a un sector de derecha sería un error. Pero lo fundamental es que en 15 años de gobierno nacional y 30 años de gobierno departamental en Montevideo, el FA y la izquierda ultra externa al FA bajaron el número de sus votos y sobre todo su presencia en la agenda política, ideológica y cultural del país. Es posible que sea tan grave, que ni siquiera se den cuenta y se confundan con bajarle los impuestos a los tampones femeninos.

Perdió de forma aplastante el PI y su principal dirigente Pablo Mieres, perdió su presencia en el senado, dos de sus tres diputados y el 66% de sus votos. Entre votar al original y votar una copia de segunda, la gente prefirió votar directamente al original, a los blancos. Y castigó las miserias.

Perdió la Alternativa, porque el resultado demuestra claramente que había un espacio importante para una verdadera alternativa de centro izquierda, con sus diferencias internas pero por algo, en su nacimiento llegó a registrar un 5% de intención de voto. Vaya en esta valoración mi autocrítica, por creer que nos podíamos aliar con el PI. Reconociendo que dentro del PI hay excelentes personas y militantes, pero aplastados por la dupla Mieres-Posada.

Perdió el Partido de la Gente que notoriamente tenía otras aspiraciones.

Perdió la UP, que habiendo realizado una buena actividad parlamentaria no logró renovar su banca.

Perdieron dentro de sus expectativas y los resultados de la internas Ernesto Talvi y el Partido Colorado. Perdió muy pocos votos en relación al 2014 no perdió ningún parlamentario, pero está en su mínimo histórico y sigue allí. La renovación de dirigentes no dio lo que se esperaba. Se quedó en la mitad del salto.

Obviamente perdieron todos los partidos menores que se presentaron y no lograron representación parlamentaria.

La gran ganadora, innegable y absoluta, fue la república y la democracia, no como discurso retórico, sino como práctica concreta y visible, por la participación cercana al 90% de los inscriptos, por la normalidad y transparencia de los comicios, sin incidentes de ningún tipo y con la absoluta certeza de que no se trampeó un solo voto. Y por la potencia del sistema de partidos. En las internas y en las nacionales.

Perdió, pero por muy poco el plebiscito del "SI" propuesto por Jorge Larrañaga, que obtuvo casi el 47% de los votos a pesar de muchas condiciones adversas. Si los políticos uruguayos no escuchan ese potente grito de las urnas, es mejor que vayan urgentemente a un otorrinolaringólogo político y social.

Para una próxima nota, dejamos el análisis de las razones de estos resultados y las perspectivas.

El autor es periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de Agencia de Noticias Uypress