El papa y todos los sinodales
El papa y todos los sinodales

Hoy domingo 27 de octubre concluye el Sínodo de la Amazonía. Con una misa y la eucaristía celebrada por el Santo Padre papa Francisco. Con una gigantesca experiencia existencial de fe, aquí en Roma. Experiencia de encuentros. De apóstoles de Nuestro Señor Jesucristo que es lo que son los cardenales y obispos reunidos en las asambleas sinodales. De los apóstoles cristianos de los diferentes pueblos indígenas y de pueblos criollos; de apóstoles del pueblo fiel de Dios. De representantes de diversas religiones, de diversas lenguas y culturas que practican distintos ritos y creencias.

Después de un año de preparación, de reuniones y de 22 días de asamblea sinodal algunos se preguntan: ¿Qué nos deja este encuentro de la Amazonía?

¿Qué podemos ver?

Que hay una gran diversidad de pueblos y comunidades que viven en la selva amazónica de cuyas magnitudes hemos hablado antes. Que conviven con la naturaleza.

Que al mismo tiempo hay una historia de mártires católicos que han acompañado a esos pueblos y fueron víctimas de fuertes intereses económicos que sólo quieren extraer beneficios de la inmensa selva amazónica sin importarles las consecuencias y que significan una desgracia para los pueblos. Uno de los indígenas nos decía: “Por desgracia para nuestras comunidades la extracción del oro esta más cerca de nosotros que la palabra de Dios…”.

En efecto, desde la Amazonía se oye un grito permanente de asfixia de los pueblos respecto de quienes quieren extraer los productos de la tierra -por lo general empresas trasnacionales- y apropiarse de ellas destruyendo la biodiversidad y el medio ambiente, expulsando a las comunidades de aborígenes y campesinos. Durante el sínodo son interminables los testimonios de esta realidad que ocurre en Ecuador, Colombia, Brasil, Perú y las demás naciones que forman parte de la región con la sola excepción de Surinam.

Vemos que mientras los aborígenes tienen una relación de convivencia y de respeto hacia la naturaleza -“no nos consideramos dueños ni cuidadores sino 'parte’ de la naturaleza”- hay una relación de utilización y aprovechamiento del medio con fines económicos y de ganancia acompañada de un gran desprecio por la biodiversidad, la ecología y los derechos humanos de los pueblos nativos de la selva. Ya había sido enunciado por el papa Francisco en Laudato sí en 2014 y los testimonios de los pastores y los pueblos en tal sentido durante este sínodo son contundentes.

Una Iglesia misionera que acompaña

Por otra parte, nuestros obispos y sacerdotes al mismo tiempo que optan por los pobres y excluidos optan por llevar la palabra de Nuestro Señor Jesucristo caminando junto al pueblo, sirviendo, compartiendo las vivencias y la vida cotidiana con los pueblos.

Y en este sentido la labor de los misioneros católicos no es la de oponer los rituales de la Iglesia a los ritos de la espiritualidad de los pueblos de la selva sino dialogar con ellos, trasmitir la fe y aprender de ellos, acompañarlos en la defensa de su identidad, de sus territorios y de su vida.

¿Cuál es el camino?

El camino es el que se va haciendo en el andar juntos. En el día a día. El sínodo no resuelve los problemas concretos: indica un camino, el camino del encuentro. La perspectiva sinodal no se agota en los días que concluyen este domingo 27 de octubre. Los caminos comienzas el día siguiente. Con el tránsito postsinodal. En la gran avenida que se abre a partir de este gran encuentro. Si había dos rostros, el del mundo de la selva y el del mundo de afuera, ahora hay otro mundo, el que vivimos desde la diversidad y desde la complejidad, entre la espiritualidad, el diálogo interreligioso e intercultural, el respeto de los unos por los otros, el reconocimiento de la sabiduría del “buen vivir” como actitud de los pueblos originarios y de la común creencia en el cuidado de la “casa común” y la defensa de una ecología integral.

El papa Francisco empujando la Historia

Dice un obispo en la última conferencia de prensa, el papa Francisco comenzó el Sínodo en Puerto Maldonado directamente en su diálogo personal con los indígenas de la selva amazónica peruana. Y aquí nos empuja a seguir adelante, a darnos más, a que nuestra entrega a la Amazonía sea cada día mayor… Y ese ejemplo nos recuerda que a fuerza de empujones se hace la Historia.

La conversión es lo primero

Ustedes se preguntarán, dice el obispo Czerny, ¿por qué el documento de la Amazonía en lugar de estar estructurado en capítulos lo está en “conversiones”? Porque no hay nuevos caminos si no hay conversiones. Con la Amazonía ardiendo, la gente se esta dando cuentade que no hay soluciones técnicas o medidas urgentes, sino reconocemos que primero tenemos que “cambiar” y ese cambio profundo es la conversión o la reconversión, del corazón, de la comunión, del estar juntos, de una relación interhumana basada en el respeto y el amor… de protagonizar el encuentro supremo con Dios.