Incendio en Pimentel Barbosa, Mato Grosso, Brasil, el 4 de septiembre de 2019 (REUTERS/Lucas Landau)
Incendio en Pimentel Barbosa, Mato Grosso, Brasil, el 4 de septiembre de 2019 (REUTERS/Lucas Landau)

Una de las cosas que más me impresionó, cuando en el año 2004, es decir hace 15 años, fui elegida Secretaria General de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, OTCA y asistí a una reunión en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, fue la cantidad de humo que llegaba a la ciudad, procedente de las quemas que los agricultores realizaban en áreas aledañas, en una práctica que los bolivianos denominan "chaqueo", y que incluye los incendios provocados al preparar la tierra para la agricultura.

Pero no solo en Santa Cruz, también en territorio peruano, en la zona de Puerto Maldonado, o en Río Branco, en Acre en Brasil, el humo de las quemas absurdas de la selva, se ha hecho presente y ha afectado a una cantidad de territorios; ese humo que hace lagrimear los ojos y también el corazón, por estas prácticas que vienen, en su mayor parte del sector agrícola, con la idea errónea de beneficiar el suelo.

En algunos momentos más graves de los incendios, los aeropuertos tenían que cerrarse, las escuelas dejar de funcionar, los niños y ancianos salir con mascarillas a las calles para tratar de protegerse del rigor del humo, ocasionado por el accionar humano.

Incendio en Machadinho do Oeste, Rondonia, Brasil, el 2 de septiembre de 2019 (REUTERS/Ricardo Moraes)
Incendio en Machadinho do Oeste, Rondonia, Brasil, el 2 de septiembre de 2019 (REUTERS/Ricardo Moraes)

Si a eso se suman los fuegos causados de manera accidental o los que se producen de manera espontánea por la ausencia de lluvia y el calor excesivo, y otros ocasionados de manera intencional y delictiva, esas zonas se transforman en un infierno.

Ha habido intentos sustentados en la política de enseñar a los agricultores ya establecidos, algunos sistemas de lo que se denominan fuegos controlados, o simplemente erradicar estas costumbres, que no se dan solo en la región amazónica, sino en todo el mundo. Pero las gestiones han sido infructuosas. Hoy la humanidad entera se siente alarmada porque una parte importante de la selva amazónica, la más grande selva tropical continua de la esfera terrestre, desaparece transformada en humo.

Esta selva constituye uno de los más importantes reguladores del clima en el planeta, contiene entre 90 y 140 mil millones de toneladas métricas de carbono, es la generadora de las más grandes reservas de agua e influye en el clima mundial y la circulación de las corrientes oceánicas, así como también es la guardiana de la biodiversidad más rica del orbe.

Incendios en Bolivia (AFP)
Incendios en Bolivia (AFP)

Es bueno que los ojos de la humanidad se vuelquen hacia la Amazonía, que además se preocupen por los seres humanos que en ella viven, ya que esta región no es un "espacio vacío" como generalmente y de manera equivocada se piensa. En esa región, en la Amazonía continental, la que está formada por ocho países, viven más de treinta millones de habitantes.

Las soluciones deben venir de los gobiernos, pero también de quienes  habitan la región, de las empresas y países que tienen inversiones y sacan los ingentes recursos de estas tierras prodigiosas.

La iniciativa Yasuní-ITT en Ecuador, para quienes no la recuerdan, puede ser un ejemplo sobre cuáles deben ser los mecanismos compensatorios globales para dejar por ejemplo el petróleo bajo tierra en un país y no beneficiarse con esos ingresos petroleros pero mantener la selva en pie, aportando al planeta con esa decisión. Podríamos usar el Green Climate Fund para crear un Fondo especial que bajo estrictas regulaciones de control (incluso satelitales) destine millones de dólares a los países en favor de proteger esos santuarios que son un bien común para todos los seres humanos.

Fuego en Candeias do Jamari, cerca de Porto Velho en el estado Rondonia, en el noroeste de Brazil, el 24 de agosto de 2019 (Photo by Victor MORIYAMA / GREENPEACE / AFP)
Fuego en Candeias do Jamari, cerca de Porto Velho en el estado Rondonia, en el noroeste de Brazil, el 24 de agosto de 2019 (Photo by Victor MORIYAMA / GREENPEACE / AFP)

Aunque es importante reiterar que el Amazonas no es el pulmón del planeta, tenemos la oportunidad camino a la COP25 en Chile para generar un debate serio de las "naciones partes de la convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático" respecto de la preservación de los recursos naturales, ya que el descuido y el abuso reiterados pueden seguir acelerando y poniendo en jaque el futuro de la humanidad entera.

 

*Rosalía Arteaga Serrano es ex presidenta constitucional del Ecuador y ex secretaria general de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica