Nicolás Maduro (Reuters)
Nicolás Maduro (Reuters)

Cuando el ex presidente Jimmy Carter afirmó en el año 2012 que "el proceso electoral en Venezuela era el mejor del mundo", no podía imaginar que aquello que estaba observando era ficcional y que luego derivaría en la catástrofe en que terminó. El propio Centro Carter, a los pocos años de esa afirmación, se tuvo que retirar de Venezuela.

Es que el pasaje del tiempo nos empieza a confundir en la secuencia de los acontecimientos que ahora permiten afirmar que en Venezuela hay un régimen totalitario, inclusive mucho antes del informe de Michelle Bachelet que viene a reconocer lo que todos sabían.

En realidad, si hay que seleccionar un momento clave -en todo este periplo de barbarie- es cuando en el verano del año 2017 Nicolás Maduro impone una Asamblea Nacional Constituyente Perpetua que pretende reemplazar al poder legislativo electo democráticamente, y donde la mayoría opositora estaba presente desde el año 2015. Vale la pena recordar estos hitos porque han sido tantos -y tan diversos- los intentos de "negociación" que todos los que seguimos el tema Venezuela perdemos de vista la sumatoria de resultados fallidos que se han producido.

Para llegar a Oslo y a Barbados, en realidad, previamente hubo varios intentos de mediación, de mediadores autoconvocados, algunos avalados por las partes, otros comedidos y varios que surgieron desde un lado de la vereda (sin pretender mediar sino solo acallar algunas voces). Todos han ido participando de una secuencia de frustraciones constantes. En realidad, cada "no avance", cada generación de expectativas derrotada y cada caída en territorio delicuescente ha sido una victoria de la dictadura.

No es la primera vez que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas, la propia OEA, antes y después del Grupo de Lima, y la inmensa mayoría de los países de la región venían advirtiendo que Venezuela estaba violentando la Carta Democrática, los valores del sistema interamericano y la democracia en sí misma. Cuando todo esto sucedía, los socios planetarios que le quedaron a Venezuela fueron Rusia, Turquía, Irán, Corea del Norte y a veces China (según convenga a sus intereses económicos). Es notorio que esos países tensionan con Estados Unidos y se instalan en Caracas para de esa forma incidir geopolíticamente en la región.

Los que creían que la guerra fría había terminado nunca entendieron que todo fue un tema de tiempo.

Hace pocas semanas Alberto Barrera Tyszka sostenía en el New York Times que "la acción política del Chavismo se basa en la lógica militar, está fundada en el contraataque, apuesta al desgaste del adversario y espera el momento adecuado para lanzarse en un movimiento de contraofensiva". Es una aplicación del manual El arte de la guerra de Sun Tzú utilizado casi de forma axiomática, sin sentido filosófico alguno, solo tomado al pie de la letra en cuanto a confrontación se refiere.

Por eso, además, han existido tantas instancias de escenificación diplomática de "diálogo" porque en realidad son coreografías de una realidad que no es tal.

Si se recuerda bien, estamos en estas retóricas desde la "Conferencia Nacional de la Paz", en febrero de 2014. La oposición no participó en esa oportunidad, porque era hilarante convocar bajo esas premisas a un evento que claramente era una trampa. Sin embargo, a los pocos meses Hernán Capriles se prestó para una primera mesa de diálogo, en 10 de abril de 2014, una instancia frustrante nuevamente, donde inclusive el Papa Francisco envió una carta a manera de participación indirecta y procurando ayudar a salir de la situación, pero de forma implícita avalando al régimen de turno. (Ahora hasta el Raví Shankar ha aparecido, en escena lo que podría ser jocoso si no fuera por la sangre que sigue corriendo y por el cinismo de la dictadura que está dispuesta a cualquier "performance" con tal de estirar su agonía.)

No tengo necesidad de recordar los vanos intentos de José Luis Rodríguez Zapatero buscando de manera naif durante tres años (desde 2016) generar "diálogo" a su estilo, siempre difuso, poco sólido, cadencioso e inútil. Es cierto que lo acompañaron en algunas instancias Leonel Fernández y Martín Torrijos, pero él creyó en lo que no era cierto. Perdió el tiempo y se lo hizo perder a los venezolanos. Nada sirvió: mientras tanto la dictadura siguió masacrando personas. No hay otra forma de expresar lo que hicieron.

En los últimos tiempos, México y Uruguay, procurando salirse del esquema de la OEA y del Grupo de Lima, soñaron con arbitrar una conferencia y espacios para el diálogo. Solo siguieron siendo útiles a la dictadura que aprovechó esa disposición y siguió ganando tiempo y tiempo, mientras miles de venezolanos son desplazados o mueren de hambre o tortura en manos del régimen usurpador. Cada actor que aparece con alguna sugerencia, la dictadura lo asume "formalmente" para luego asfixiar por vías indirectas toda opción de salida.

Creer que Human Rights Watch inventó denuncias de "asfixia, hambruna, choques eléctricos" por parte del gobierno de Venezuela es ya creer que nada existe.

El Secretario General de la OEA ha sido terminante: "Maduro va amansando a la comunidad internacional mientras sigue asesinando, torturando y masacrando a su pueblo". Cero retórica, cero expresión metafórica, solo sinceridad frontal ante la masacre. Es que ya no queda margen para seguir mintiendo.

La izquierda bolivariana seguirá argumentando la teoría de la "revolución" importada de Cuba y la teoría del enemigo del Carl Schmitt explicada de forma elemental al aducir que el "imperio" es el enemigo al que hay que combatir. También acá se procede de acuerdo al manual cubano-revolucionario de forma básica. Manual viejo, stalinista y criminal.

Por eso la comunidad internacional empieza a levantar su voz cada vez de forma más elevada, la presión comienza a ser financiera y la búsqueda por deslegitimar lo que haga el gobierno dictatorial de Venezuela es cada vez mayor. No se le puede pedir milagros a Juan Guaidó: hace lo que puede, con el pueblo que todavía resiste y con quienes aún se quedan en el país. No nos olvidemos de que la dictadura tiene todo un sistema paramilitar que le sirve para intimidar, manejar la criminalidad a su manera y continuar con una represión sistemática que todos advierten y temen.

Habrá que seguir presionando (no le temamos a las palabras cuando operan en el terreno democrático) para que en algún momento se haga la luz. Eso se producirá solo si la persistencia de todos los que estamos comprometidos con la recuperación democrática de Venezuela continúa día tras día insistiendo en esta causa desde donde se pueda, foros vivos, internéticos o los que sean.

Solo se logra la libertad si estamos obsesionados con ella. No es un asunto para gente amateur. Es esto tenemos que estar unidos las 24 horas del día. Al final, más temprano que tarde, caerán los criminales.