El petrolero inglés capturado por la Guardia Revolucionaria iraní esta semana (Foto: AFP / Iran’s Revolutionary Guard)
El petrolero inglés capturado por la Guardia Revolucionaria iraní esta semana (Foto: AFP / Iran’s Revolutionary Guard)

Enfrentar a Irán es como dilucidar un gran laberinto, resolverlo requiere muchos intentos antes de alcanzar la forma correcta de resolución. Los pasos equivocados pueden ser más numerosos que los correctos. Una confrontación militar con Irán también parece más fácil; sin embargo, aunque pueda destruir el poder militar del régimen, no necesariamente pueda ser suficiente para eliminarlo, y podría generar un problema mayor para la región. Por otra parte, la coalición árabe puede ganar la guerra, pero la guerra podría destruir las capacidades económicas de los estados del Golfo.

La crisis podría dispararse poco a poco, un primer paso por rescatar al petrolero inglés secuestrado podría abrir la escalada, pero luego puede salirse de control y convertirse en una guerra más amplia. También hay que tener en cuenta otras posibilidades, como las posiciones de las otras potencias relevantes: China y Rusia, ambas tienen sus propios planes y son diferentes a los de la coalición.

Rusia tiene varias diferencias con Occidente básicamente por su antigua esfera de influencia, que perdió con el colapso de la Unión Soviética, y desea restaurar sus antiguas capitales, desde Kiev hasta Praga. China también tiene sus propias diferencias con los EEUU en los mares del este del sur de China, así como sus disputas comerciales y los profundos desacuerdos arancelarios. Por lo tanto, en el caso de una crisis iraní complicada y prolongada, que no sea resuelta con rapidez militar o política, estos países intervendrán para sus propios intereses, como ya lo ha hecho Rusia en Siria.

De hecho, esto no se limita solo a estos dos grandes jugadores regionales; también están las milicias iraníes, que están entrenadas para luchar en guerra urbana tanto en Teherán como en todo el territorio iraní. Esas milicias saben que no pueden ganar la guerra, pero son capaces de propagar el caos en toda la región. Luego tenemos el contrafrente de batalla, donde diferentes países pueden tener diferentes objetivos. En el caso de Israel, su principal problema es eliminar el programa de las armas nucleares de Irán. Por otro lado, la prioridad principal de Arabia Saudita es detener el proyecto amenazador de Irán, que incluye apoderarse del Líbano, Yemen e Irak. Esta diferencia de propósito no puede quedar fuera de un escenario de crisis y seguramente se reflejará en la naturaleza de la confrontación.

Algunos especialistas y analistas militares expertos en Oriente Medio pueden decir que "mientras el escenario parezca estar colmado de riesgos y diferencias, ¿por qué no volver a la situación de hace un año atrás?". "Es decir, antes de que se aplicaran las sanciones económicas o incluso antes de que Washington anunciara su retiro del acuerdo nuclear, y así evitar otra guerra". Este es un enfoque idealista y carente de sustentación según el estado de las cosas al día de hoy sencillamente porque no terminará con el problema. El hecho es que la paz "gratuita" solo pospone la guerra hasta que más tarde el conflicto se vuelve más duro y peligroso.

Irán continúa su campaña para dominar el Líbano, Irak, Siria y Yemen, lo cual es una política pública declarada con orgullo y claridad por los líderes khomeinistas de alto rango del régimen iraní y Teherán continuará en ese camino hasta que, muy probablemente, estalle la guerra que la coalición viene retrasando.

Son muchos los informes confirmando que Irán, de hecho, esta cerca de obtener sus armas nucleares. Los británicos creen que está a solo un año de lograr ese objetivo. Washington dice que Irán nunca ha dejado de trabajar en su programa nuclear, a pesar de sus afirmaciones y promesas firmadas con el ex presidente estadounidense Barack Obama. Esto significa que, una vez que Irán se convierta en una potencia nuclear, nadie la confrontará militarmente debido a su peligro para el mundo; así, las grandes potencias tendrían que aceptar el status quo que impondría Teherán.

Por lo tanto, el momento de la acción decisiva es un factor fundamental, mientras que posponerlo no parece estar a favor de los oponentes de Irán, independientemente de los cálculos de hoy y los riesgos de confrontación.

Este escenario no significa que nadie quiera la guerra. De hecho, nadie la quiere. El plan del presidente de EEUU Donald Trump es bloquear a Irán y obligarlo a acordar políticamente para detener su política agresiva en la región. 

Los objetivos de Trump pueden tardar de uno a cuatro años en alcanzarse. Hasta entonces, la dificultad radica en mantener los nervios y no ser arrastrado a una guerra importante, peligrosa y altamente costosa en vidas humanas, además de convencer al régimen khomeinista de que la guerra lo destruirá sin la necesidad de demostrárselo en el terreno.