Runciman considera que Mark Zuckerberg constituye la mayor amenaza para la democracia ya que no debe rendirle cuentas a nadie (Foto: Reuters)
Runciman considera que Mark Zuckerberg constituye la mayor amenaza para la democracia ya que no debe rendirle cuentas a nadie (Foto: Reuters)

Reflexionando sobre la aguda crisis de la representación política que nos toca vivir en estos tiempos, vuelven a mi memoria un par de libros, a mi entender paradigmáticos, que desde la década del ochenta hasta hoy, sintetizan el malestar y la incertidumbre que sacuden a las democracias occidentales en la actualidad.

En primer lugar quiero destacar la vasta obra de Jean Francois Revel (1924 – 2006), tal vez el intelectual francés de finales del siglo XX más iconoclasta y certero en el análisis de los sistemas políticos surgidos durante la Guerra Fría. Tras renegar de su pasión socialista a principios de los '70 con su tal vez su obra más famosa, "La tentación totalitaria", publicó en 1983 el ensayo "Cómo terminan las democracias" en pleno auge de la nueva derecha encarnada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, causando un enorme revuelo en el establishment cultural de entonces.

Al decir de Mario Vargas Llosa, su gran amigo y difusor de su obra, el libro
destilaba un "pesimismo sobrecogedor", al tiempo que adjudicaba a la entonces Unión Soviética como la gran triunfadora en lo que su colega francés describía como la gran batalla por la desinformación. A ello sumaba también la facilidad con la que los grandes medios de comunicación hacían un nocivo uso y abuso de conceptos como "liberación nacional, antiimperialismo y fascismo", los que en su gran mayoría perfilaban una connotación favorable a los intereses soviéticos en detrimento de las democracias occidentales.

En 1988, a poco menos de un año de la caída del Muro de Berlín, Revel
publicó "El conocimiento inútil", un monumental ensayo en el que pronostica con total certeza la gravedad de las "fake news" que día a día emergen como un virus letal para la transparencia republicana. Lo dijo así; la democracia es un "régimen que sólo es viable en la verdad y lleva a la catástrofe si los ciudadanos deciden según informaciones falsas". Un detalle que habla por sí mismo: el capítulo del libro de esta cita se titula "La  potencia adúltera".

A principios del siglo XXI, entre el atentado contra las Torres Gemelas y la
invasión estadounidense a Irak, Revel publicó el ensayo "La obsesión
antiamericana", libro que le valió una furibunda crítica de la gran mayoría de la crítica cultural europea. No era para menos; sostenía sin ponerse colorado que los europeos fueron los causantes de dos guerras mundiales, y que las dos veces los americanos acudieron en su ayuda, además de haber sido los arquitectos de la paz y la protección frente al imperialismo soviético. Remataba afirmando que Europa inventó el totalitarismo. No era políticamente correcto revisionar la historia de esa manera en pleno auge de los neoconservadores que entornaban al presidente George W. Bush.

Tras el derrumbe de los regímenes comunistas de Europa Oriental y la
disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se propagó la idea del triunfo in eternum de las democracias occidentales frente a los sistemas políticos totalitarios. Comenzaba la primavera del llamado consenso de Washington, pero también con las flores de la ilusión comenzaban a expandirse por debajo de la superficie, principalmente alrededor de las clases medias de los grandes centros urbanos, los gérmenes de la incertidumbre, y prolongada ésta, sobrevendría el prólogo de una gran desilusión.

En esos días de 1992, a cinco siglos del Descubrimiento de América, dos
filósofos españoles, Rafael Argullol y Eugenio Trías, publican un breve ensayo en forma de diálogo bajo el título de "El cansancio de Occidente". En una reciente entrevista, el mismo Argullol (Trías falleció en 2013), retorna al espíritu del diálogo mantenido con su colega afirmando que "en todas las épocas de la Historia, y en nuestras épocas personales, cuando prima el miedo sobre la esperanza, podemos esperar cualquier cosa. El hombre con miedo es proclive a dejarse salvar, a creer en fanatismos. El hombre es libertad e incertidumbre. Cuando la incertidumbre se impone, entonces puede ocurrir algo altamente peligroso. Lo más oscuro es cuando se impone el miedo a la esperanza".

Otra obra de un gran teórico de la política actual ha vuelto a las librerías. De
aparición reciente en lengua española, el último ensayo de Francis Fukuyama se titula "Identidad. La demanda de dignidad y las políticas de resentimiento". Nacido en Chicago, doctorado en Harvard y actual profesor de la universidad Johns Hopkins e integrante del Consejo Ejecutivo de la Rand Corporation, Fukuyama tuvo sus marchas y contramarchas en sus creencias sobre el triunfo absoluto y por siglos que tendrían las democracias occidentales a partir de la década del '90.

En "Identidad…", el autor de origen japonés destaca las consecuencias no
queridas de la globalización, aunque no asimila el auge del populismo a fracasos o distorsiones en la producción de riqueza y en la distribución de la misma. Resignifica el concepto histórico de identidad en base a la creencia humana universal de que uno tiene una dignidad interna que no se siempre se le reconoce.

A su vez, no duda en sostener que el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales y el fenómeno político y social del Brexit serán vistos históricamente como dos sucesos de tinte populista que tuvieron un alto impacto disruptivo en dos de las democracias liberales más antiguas y estables de Occidente.

Finalmente destaco el reciente ensayo de David Runciman, politólogo inglés
de la universidad de Cambridge, "Así termina la democracia", quien ya desde el título de su obra evoca, consciente o inconscientemente, a Revel, a la vez que resucita, sin proponérselo, el diálogo entre Argullol y Trías. Dice Runciman que "la democracia representativa contemporánea está cansada, es vengativa y paranoica, se engaña a sí misma y es engorrosa y, con frecuencia, ineficaz. Buena parte del tiempo vive de glorias pasadas".

Feroz crítico de Donald Trump, Runciman sostiene que el funcionamiento  básico del establishment político estadounidense proporciona al actual  mandatario norteamericano "toda la cobertura que necesita para fingir que lo está desmantelando. Lo que hará será continuar en su deterioro sostenido. Es probable que no ocurra nada dramático, lo que significa que la reconciliación con la realidad puede esperar un poco más todavía".

Por último, Runciman considera que el gran diablo de la política no
proviene de ella. Sentencia sin temblar que Mark Zuckerberg constituye la mayor amenaza para la democracia ya que no debe rendirle cuentas a nadie, y además su mandato al frente de Facebook podría llegar a durar muchas décadas más que los ocho años que Trump puede mantenerse al frente de los Estados Unidos.

Tal vez los sentimientos negativos que atraviesan y diagnostican la grave crisis que atraviesan las principales democracias occidentales puedan tener un remedio realista y pragmático en algunas de las definiciones que Steve Bannon, el ultraconservador fundador de Breitbart, ex consejero de Trump y actual asesor de Jair Bolsonaro, brindara en una reciente entrevista a un diario español: "La gente dice <el final de la democracia>. Lo es porque los partidos aburridos de centro ya no pueden ganar. La crisis democrática es que han dejado de vencer los de siempre… Bolsonaro ganó la campaña con 750.000 dólares. Y Salvini con cuatro o  cinco millones de euros y mucho Facebook Live. Esos tíos tienen la habilidad de convertir la política en un estilo de vida aspiracional".

¿Será entonces que en la sociedad actual son los líderes quienes crean a sus
seguidores, o es a la inversa?