El presidente iraní Hasan Rohani con la imagen de los líderes supremos de fondo (AFP)
El presidente iraní Hasan Rohani con la imagen de los líderes supremos de fondo (AFP)

La tensión en el Golfo Pérsico, y especialmente en el Estrecho de Ormuz, está aumentando raudamente ante la probabilidad de que la República Islámica de Irán cumpla su amenaza de cerrar el transito marítimo de esa área altamente sensible a la economía de los países productores de petróleo de la región y de los consumidores del mundo. Los ecos de ese conflicto que lleva más de 30 años son cada vez más fuertes.

La casa Saudí ha expresado en un comunicado estar siguiendo con prioridad el curso de los hechos desde que, esta semana, los presidentes de Irán y los Estados Unidos expresaron sus posiciones en declaraciones muy duras que adelantan una potencial escalada sobre Ormuz por lo que los mercados petroleros vigilan atentamente los acontecimientos. Al mismo tiempo, Israel lanzó nuevas advertencias a los iraníes ante su determinación de avanzar en su programa nuclear y su apoyo abierto al grupo político-terrorista chiíta libanés Hezbollah. No obstante, el interrogante que se maneja dentro del Grupo de Cooperación de los Países del Golfo avanza sobre cómo sería manejado un conflicto centrado en el Estrecho de Ormuz. ¿Cuánto tiempo duraría? Y, sobre todo, ¿cuál sería la estrategia que Estados Unidos y Occidente podría poner en práctica para con Irán?

La enorme crisis política y militar en la región sigue siendo la confrontación religiosa y geopolítica entre los sunitas de Arabia Saudita y los chiítas de Irán, cada uno de los cuales tiene una enemistad histórica de larga data hacia el otro. Ahora, Irán está presionando diplomática y militarmente a varias naciones árabes de la región: Irak, Siria, Qatar, Líbano y Yemen.  Arabia Saudita, bajo el liderazgo del príncipe heredero Mohamed bin Salman, está decidido a detener la intrusión de los khomeinistas persas en el mundo árabe. Las dos naciones comparten las extensas costas del Golfo, donde han luchado durante siglos. La clave de toda la zona ha sido siempre la estrecha entrada marítima conocida como "el estrecho de Ormuz", sobre el cual Irán tiene aceitados planes para cerrar de inmediato el estrecho si las hostilidades comienzan.

La República Islámica de Irán puede usar una variedad de medios para su cometido, y ellos incluyen desde los ataques de enjambres de lanchas patrulleras pequeñas y ultra rápidas; misiles de crucero desde tierra; aviones tripulados y submarinos diésel. Todo eso puede conformar la ofensiva persa. Sus submarinos a motores diésel llevan tiempo desplazados en el Golfo Pérsico para hostigar a los buques mercantes que transitan la zona; al igual que las lanchas rápidas lo hacen con los buques de guerra estadounidenses y sus aliados en todo el estrecho de Ormuz.

Todo esto por supuesto es ilegal según el derecho internacional, pero forma parte del plan de desafiar a los EEUU y a los Estados sunitas del Golfo, mientras Irán busca elevar exponencialmente los precios del petróleo. Por otra parte, Teherán puede exportar cantidades menores de petróleo de su costa sur, sin necesidad de pasar por el estrecho, por lo que su economía podría sufrir menos que la de los otros Estados árabes. De allí que no debería descartarse la posición oficial de Irán en este tema. Cuando el líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei, y el presidente Hassan Rouhani hablan sobre el cierre del estrecho, lo dicen en serio. Podrían lograrlo en solo 48 a 72 horas, ya que el transporte comercial, por prudencia y bajo la presión de las compañías aseguradoras, optaría por no correr el riesgo de pasar por las aguas de Ormuz. En términos de respuesta, Estados Unidos, sus aliados y socios de la coalición no tendrían más variables de respuesta que una dura reacción militar.

La Armada estadounidense tiene un Plan de contingencia que indica atacar a los barcos iraníes que intentaran colocar minas marítimas; destruir todos sitios de almacenamiento de misiles en tierra cercanos al estrecho; hundir los submarinos diésel iraníes en sus muelles o donde se encuentren; y potencialmente lanzar ataques punitivos contra objetivos más amplios dentro de Irán, aunque las respuestas iniciales probablemente apuntarían solo a las armas y sistemas utilizados en el cierre del estrecho para observar las reglas de guerra relacionadas con la proporcionalidad.

En otras palabras, así como Irán tiene planes detallados para cerrar el estrecho, Estados Unidos y los Países del Grupo de Cooperación del Golfo, liderados por Arabia Saudita. Tienen planes de contingencia para responder y re-abrirlo lo antes posible. Aunque esto sería un proceso mucho más largo de lo que varios sospechan, especialmente si Irán tiene la oportunidad de colocar una cantidad significativa de minas de agua. La remoción de minas es un proceso complejo y requiere mucho tiempo, lo cual podría tomar semanas, incluso un mes o dos para terminar el trabajo de limpieza de minas.

El presidente Donald Trump, quien durante mucho tiempo ha mantenido la antipatía por Irán y rechazó públicamente el acuerdo nuclear de la administración Obama, reaccionó con dureza el miércoles cuando Khamenei hizo una referencia velada a jugar la carta del Estrecho de Ormuz si los estadounidenses imponen sanciones adicionales en el primer trimestre del año. Al hacerlo, Trump toma una estrategia similar al plan de su administración para Corea del Norte, apostando a que Khamenei y los duros de Teherán retrocederán y escojan el camino diplomático en lugar de la guerra.

Desafortunadamente, según el enfoque de algunos asesores en Washington, los iraníes son mucho más ideológicos que Kim Jong-un. Kim no es más que un buen gánster que responderá siempre a los incentivos del dinero. En cambio los ayatolás son fanáticos religiosos, muchos de los cuales, siguiendo la doctrina khomeinista, están dispuestos a morir para desafiar al Gran Satanás estadounidense.

La mejor estrategia para los Estados Unidos será la de menos mensajes de sus funcionarios por las redes sociales y la elaboración de una estrategia global disruptiva y sensata hacia Irán. Los componentes centrales de esas políticas hacia los khomeinistas deberían incluir la vigilancia actual, pero mejorada y profundizada con mayores tareas de recolección de información de inteligencia; la inclusión de defensas de misiles más potentes para las bases de Estados Unidos en la región; más uso del ciberespacio ofensivo para adelantarse a las opciones iraníes; fuerzas navales más grandes en la región, especialmente en el Mar de Arabia del Norte; y, sobre todo, lograr que sus aliados europeos estén "de su lado" en apoyar las sanciones contra el régimen de Irán. Esta última tarea será enormemente más difícil después de las debacles de las cumbres del G7 y la OTAN, dado que los sentimientos duros en Europa son reales y seguirán causando una división significativa entre la administración de los Estados Unidos y el grupo de sus socios europeos.

Las políticas actuales de Washington están centradas en el plan del Secretario de Estado Mike Pompeo, y de él depende ampliar y fortalecer una estrategia inteligente para enfrentar la amenaza de Irán y lograr mantener abierto el Estrecho de Ormuz para preservar la economía mundial. Sin embargo, hacerlo, esta vez requerirá una hábil conjunción política de poder duro y poder blando en el marco de una estrategia coherente para enfrentar la verdadera amenaza iraní.

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