Una multitud en Beirut escucha un discurso de Hassan Nasrallah, el líder de Hezbollah, el 20 de septiembre de 2018 (REUTERS/Aziz Taher)
Una multitud en Beirut escucha un discurso de Hassan Nasrallah, el líder de Hezbollah, el 20 de septiembre de 2018 (REUTERS/Aziz Taher)

La catarata de discursos de los últimos dos meses del Secretario General de Hezbollah, Hassan Nasrallah -en los que presumió que su organización posee misiles altamente precisos y que si Israel obliga a Hezbollah a entrar en guerra, los israelíes se sorprenderán al descubrir el alcance de las capacidades que posee- fueron respondidos por el grupo chiíta anti-Hezbollah "Janoubia", que publicó en su sitio web (janoubia.com) un artículo de su columnista Muhammad Baghdadi, advirtiendo a Nasrallah que si estalla otra guerra entre Hezbollah e Israel, ella producirá la destrucción total del Líbano.

Baghdadi, quien además es vocero del grupo, acusó a Nasrallah de promover victorias imaginarias y lamentó que Beirut fuera llamada en el pasado "la París del Oriente Medio" y ahora el Líbano es un estado pobre, retrógrado y corrupto por el control que Hezbollah ejerce sobre sus instituciones democráticas y sus ciudadanos.

"A menudo escuchamos a Hezbollah amenazando a Israel de que posee armas pesadas y misiles de precisión y largo alcance. Permítame hacer una pregunta: ¿Ustedes se hubieran quedado en Siria si la fuerza aérea rusa no hubiese estado allí? Además, ¿Cuánta infraestructura destruyeron ustedes en Israel durante la guerra de 2006 y cuánto daño sufrió el Líbano?", escribió Muhammad Baghdadi.

No hay duda de las palabras de Baghdadi: si estalla una nueva guerra entre Hezbollah e Israel, el Líbano puede ser totalmente destruido; Nasrallah, no tiene la capacidad militar para detener a los aviones de combate israelíes. La fuerza aérea israelí es la más efectiva del siglo XXI, y puede hacer que el Líbano retroceda 70 años. El colapso final a la agonía actual de la economía del país sería destructivo para la ciudadanía si eso ocurre.

Entonces, entre las muchas preguntas que debería responder Nasrallah, algunas serán: ¿Quién reconstruirá el sur del Líbano y el barrio de Dahiya (bastión musulmán chiíta de Hezbollah en Beirut) y las demás regiones del país? ¿Lo hará Qatar o Arabia Saudita, a quienes Hezbollah ataca a diario desde sus medios de comunicación? ¿Acaso Nasrallah piensa que la destruida y quebrada Siria lo hará? ¿Irán, con su moneda colapsada y cuya población está realmente harta de Nasrallah y los khomeinistas?

¿Qué nueva consigna utilizara Nasrallah para convencer a su secta chiíta para declarar otra victoria imaginaria y fantasiosa sobre Israel? Cuando lo real es que esa comunidad padece los peores problemas sociales dentro del Líbano.

Mientras tanto, en Siria, todas las fuerzas iraníes y las apoyadas por Irán se han retirado a una distancia de 180 km del Golán israelí, tal como les ordenaron los rusos para proveerle a Israel suficiente seguridad para maniobrar. Así, los aviones israelíes bombardean sus posiciones en Siria cuando lo desean, y si quisieran, hubieran volado en pedazos el palacio presidencial del dictador Assad en Damasco hace tiempo. Mientras el régimen sirio continúa fingiendo ante su pueblo y la comunidad internacional culpando a ciertas fallas eléctricas por los daños causados por las incursiones aéreas israelíes.

La prensa internacional debería entrevistar a las madres chiítas quienes no desean recibir los cadáveres de sus hijos muertos en Siria y designados shahids (mártires) por Nasrallah en una guerra que no es libanesa, aunque si sea de Hezbollah en cumplimiento de las órdenes de Irán.

Lo cierto es que Hassan Nasrallah debería calmarse, Líbano ya no tiene nada por lo cual presumir, excepto su equipo nacional de básquet, que en realidad sí gana partidos y torneos. Sin embargo, la guerra no es un juego para las personas comunes, que ya no le creen a Hassan ni a su organización terrorista cuando declaran falsas victorias divinas.

En otras palabras, si Hezbollah desea sobrevivir políticamente, debe entender que el tiempo de la resistencia contra Israel ha terminado. Nasrallah lo sabe en su fuero íntimo, es por eso que dirigió sus armas hacia el indefenso pueblo sirio y otros países árabes como Yemen e Irak, y le agradaría hacerlo también sobre la Monarquía hachemita jordana.

El Líbano solía ser llamado "la Suiza de Oriente Medio", pero hoy se ha convertido en una isla aislada que dispone de 8 a 10 horas de electricidad por día en el mejor de los casos, no posee agua limpia en sus hermosas playas, el Mar Mediterráneo está completamente contaminado en sus costas y la basura se ve por doquier en Beirut. No obstante estas miserias, lo que abunda es la corrupción generada por toda la clase política, en especial la que encabeza Hezbollah.

Antes, solíamos ser un pueblo orgulloso de la identidad libanesa y nuestra herencia fenicia, ahora somos un pueblo desprovisto de derechos básicos dentro y fuera del Líbano, gobernados por un estado terrorista paralelo construido por Irán y supervisado policialmente por Hezbollah.

Aunque sus jefes se lo ordenen desde Teherán. Nasrallah debería pensar muy bien antes de ir a una guerra con Israel, hasta ahora todas sus decisiones han sido erróneas y perjudicaron al Líbano. En consecuencia, si él decide una lanzar una nueva guerra, deberá asumir su responsabilidad ante los libaneses y frente a la comunidad internacional, pues estará condenando a la infraestructura completa del país y a sus ciudadanos al retorno a la era de piedra.

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