Por qué se cierran todas las puertas para que Washington vuelva a negociar un acuerdo con Irán

Donald Trump y el líder supremo irání Ali Khamenei

Con el final del acuerdo nuclear iraní es importante considerar qué acciones tomará el régimen khomeinista. ¿Cuáles son las condiciones que enfrenta Teherán en este momento y cuáles podrían ser sus próximos pasos?

El hecho de que el acuerdo fue tan bien recibido por Irán debería ser suficiente para una interrupción momentánea, como lo señaló en su momento el presidente Trump, cuando ofreció examinar el tratado. Por otra parte, desde el inicio de aquel acuerdo, el comportamiento de Irán se ha vuelto más desestabilizador y ambicioso. No ha ofrecido ningún incentivo para pensar que moderaría su postura, y bajo el mandato del presidente Rouhani solo ha manifestado una política más intervencionista tanto en Yemen como Siria, Irak y el Líbano.

La idea en algunos círculos era que con el acuerdo que articulaba un marco acordado permitiría que Irán regresara "a la comunidad de naciones con una mayor integración en el mercado global que le proporcionaría incentivos para moderarse". Eso no ha ocurrido, según Washington y sus aliados regionales.

Irán accedió a los mercados europeos y se acerco a las corporaciones multinacionales, pero utilizó las divisas que el acuerdo le generó para profundizar una considerable expansión en Siria, Yemen, el Líbano e Irak. Estos fueron los resultados reales del acuerdo nuclear firmado por el ex presidente Obama y los esfuerzos para reinsertar a Irán en la comunidad internacional ha fracasado, según la nueva administración estadounidense del presidente Trump.

Washington ha rechazado la idea que condujo al acuerdo nuclear y todos los esfuerzos para asociar a Irán al mundo y a los mercados internacionales, dada la conducta del régimen. Teherán ha continuado su expansión con el sometimiento de países de la región a sus políticas revolucionarias islámicas y, según Washington, lo sigue haciendo.

En consecuencia, el acuerdo nuclear ya no existe para los EEUU. La administración Trump ha trazado un realineamiento estratégico con el Golfo Pérsico, la ocupación de casi el 40 por ciento de Siria, y la presencia completa de Irán en el norte de Irak ha impulsado a Washington a rediseñar un balance estratégico casi dramático en Medio Oriente .

En esa nueva estrategia, puede que Teherán no salga favorecido si no cesan su participación y actividades militares en Siria. Irán ha hecho mucho para mantener el régimen de Al Assad en el poder, pero no dispone de argumentos claros para obtener una victoria por supremacía militar.

Independientemente de los esfuerzos en curso de Moscú y Teherán, no habrá un resultado diplomático y político final que sea reconocido por la comunidad internacional. Y con el régimen en Damasco casi sin recursos humanos, ya no tiene los medios para volver a tomar el Valle del Eufrates o neutralizar al ejército turco en el noroeste, mucho menos para eliminar los bolsones de resistencia que permanecen en el país y que jugaran un papel relevante en los inicios del levantamiento contra el régimen de Al Assad.

Si Teherán se retirara, el régimen de Al Assad colapsaría. Si Teherán se mantiene indefinidamente, se estará comprometiendo a no poder sostener financieramente a Siria como una provincia iraní atiborrada de milicias sectarias, y tampoco podrá sostener a Hezbollah con sus misiles de mediano y largo alcance para amenazar a Israel desde allí.

En consecuencia la pregunta es ¿qué será de Irán y sus planes regionales? La respuesta es que el régimen khomeinista difícilmente pueda sobrevivir económicamente en su formato actual. Cada vez son menos, y se reducen día a día, las compañías multinacionales y las naciones que mantienen negocios con Teherán dada la naturaleza radical del régimen y la nueva estrategia sanciones estadounidense-árabe.

Sin embargo, si Teherán aceptara cambiar, se reacomodara y eliminara sus tendencias radicales, no sería mucho lo que el régimen podría hacer para sostenerse pues perdería la iniciativa revolucionaria que lo caracteriza desde 1979.

Por tanto, a menos que se implemente una política de contención tipo Unión Soviética-Guerra Fría, su único curso de acción es volverse más belicoso puesto que perder Siria sería una derrota estratégica a la que Irán no podría sobrevivir.

No obstante, permanecer en Siria, mientras Israel lleva a cabo ataques quirúrgicos en cualquier parte del país con toda libertad y a su propia elección, esta mostrando a los khomeinistas mas débiles con cada día que no responde esos ataques. Abandonar Siria con los EEUU, Turquía, los elementos del Ejercito Libre Sirio y los kurdos que aún ocupan grandes franjas del país, aunque ahorrarían grandes gastos de dinero y vidas dejaría a Al Assad completamente indefenso y debilitado.

En consecuencia, el régimen de Khamenei, el Pasdaran y la Fuerza Al-Quds, deben mantener el rumbo que han trazado. No hay vuelta atrás. Por tanto, les corresponde a los EEUU y a sus socios del Golfo confrontar a Teherán, de manera diplomática, económica y militar cuando sea necesario. Según ha declarado Washington, el objetivo de esta nueva estrategia es un Irán, liberado de los Ulemas, purgado de khomeinismo, aportando a la humanidad en lugar de exportar terrorismo y enviando bienes en lugar de elementos radicales a través de las fronteras. Aunque es claro que el régimen está en contra de eso a toda costa, y sus propias acciones son todo lo que alguien necesita para verificar esas conductas.

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