Nicolás Maduro juró como presidente reelecto ante la chavista Asamblea Constituyente y no ante el Parlamento elegido en 2015
Nicolás Maduro juró como presidente reelecto ante la chavista Asamblea Constituyente y no ante el Parlamento elegido en 2015

El pasado 20 de mayo, cuando se realizaron las fraudulentas elecciones fijadas de manera ilegal por Nicolás Maduro, la respuesta ciudadana puso en marcha una acción que igual que la tenaz presencia en calles y plazas de nuestra geografía durante años y, por supuesto, antes que la conchupancia de un pseudo liderazgo opositor enfriara esas heroicas faenas, logró un impacto que volvió a colocar la resistencia venezolana en primera plana de los medios internacionales y también reavivó las medidas que contra una tiranía mezcla de montonera criolla, con terrorismo, narcotráfico internacional, comunismo mundial e intereses políticos y económicos de rusos, iraníes, chinos y cubanos castrista, han tomado las naciones democráticas y en especial las integrantes del Grupo de los 7 y el Grupo de Lima.

Esa acción ciudadana de más de un 82 % del padrón electoral que maneja el írrito ente electoral (Consejo Nacional Electoral, CNE) no fue otra que darle a la soledad la misma contundente fuerza que aquellas gloriosas marchas que aún permanecen en el recuerdo de millones.

Cifras contundentes dejaron al desnudo la realidad de una tiranía depredadora y asesina, que con la repetición de los métodos impuestos desde hace casi seis décadas por los tiranos Castro y sus secuaces implementaron un remedo de elección donde a sus mentirosos resultados se opone la verdad de unas cifras que arrojaron un 82.68% de ausencia de votantes. Una participación real de un 17.32% producto de solo 3.594.040 votantes en contraposición a 17.156.769 ausentes, aunque cómplices consuetudinarios pretendan sustentar los falsos números que aporta el régimen.

Y, por supuesto, entre esos cómplices "brillan" los infames que se prestaron a ir como candidatos en la farsa, en especial el maestro técnico de segunda Henri Falcón que para muchos es el hombre que ahora representa, para la tiranía cubana y el Foro de Sao Paulo, al que puede suplir al maligno Nicolás Maduro, que hoy por hoy ya es imposible que pueda engañar a nadie. Falcón garantizándoles  la supervivencia de esta caja chica que aún saqueada es Venezuela. Falcón al estilo lampedusiánico o gatopardiano simulando un cambio pero manteniendo los mismos espantosos parámetros que han convertido a Venezuela en una tiranía cuartomundista y en un pozo séptico donde chapotean por igual narcochavistas y sinvergüenzas autocalificados de disidentes.

Pero no todo sale como el mal vaticina, y ahora tenemos una mayor contundencia entre los demócratas del mundo decididos a secundar a los venezolanos en su larga y dolorosa lucha por la liberación. Este pasado viernes EEUU acusó a Nicolás Maduro de cometer "Crímenes contra la humanidad" en Venezuela. Y el gobierno de Donald Trump advirtió que "no habrá límites" en su respuesta con sanciones al régimen chavista que "mata de hambre a su propio pueblo y usan la comida para la manipulación política". Comparaciones tan horriblemente ciertas como las de equiparar al ilegal que pretende ocupar la presidencia de Venezuela por 6 años más, con Saloth Sar, ​el dictador y genocida camboyano conocido como Pol Pot, ya no da lugar ni a convenios ni a benignidades.

Ahora bien, qué importan cuántos votos se asignó Maduro, ni cuántos le asignó a los grotescos comodines… Lo importante además de la tremenda demostración dada por la ciudadanía al no salir a votar, es que esa mamarrachada ya está desconocía desde hace semanas por el mundo democrático, pero se impone de manera perentoria motivar un gran movimiento sociopolítico que defienda la libre empresa, el capitalismo, la familia, la fe religiosa, el temor de Dios, la meritocracia, el trabajo como valor. Hombres y mujeres dispuestos a combatir al comunismo y sus crímenes, ciudadanos sirviendo de muro de contención a los que desde bandos aparentemente antagonistas no han hecho más que apuntalar la tiranía mientras sacan pingües ganancias desde las cuoticas de poder negociadas.

Basta ya de movernos entre descarados monigotes puestos por el comunismo internacional y "nuevas" caritas que esgrimen como valor curricular que vienen de familias y formación comunista. Basta de resentidos que prefieren al abyecto Nicolás Maduro y su banda delincuencial antes que un venezolano o venezolana demócrata. Basta de aceptar que la izquierda canalla y mucho demodé que aún cree que ser comunista es sinónimo de intelectualidad destruyan irreversiblemente la posibilidad -que aún tenemos- de rescatar esta nación secuestrada, saqueada y donde día a día la esperanza se hace más difícil.

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