"Los problemas se dividen entre aquellos que el tiempo ha resuelto y aquellos que el tiempo resolverá" – Alfonso X, el Sabio (1221-1284)

Desde el inicio de su gestión en diciembre de 2015, el Gobierno hizo de la  reducción de la inflación el eje de su discurso económico, manejando la tasa de interés como el instrumento central para alcanzar su logro, dejando que el resto de los precios de la economía se acomodasen según las fuerzas de mercado.

La estrategia fue bautizada como "gradualismo", ya que proponía resolver en el tiempo los problemas más acuciantes de la economía. Se procedió en un inicio a desplegar un limitado ajuste fiscal y a mantener una cierta holgura monetaria. Tanto los economistas ortodoxos como los heterodoxos le saltaron a la yugular: es insuficiente dijeron los unos, es un exceso exclamaron los otros.

El “gradualismo” ha pasado a mejor vida (y lo mejor será no resucitarlo), ya no es estandarte ni bandera de la Jefatura de Gabinete ni del Banco Central

Frente al ritmo más lento de lo esperado de reducción de la inflación y ante los consecuentes reclamos de toda índole cada vez más insistentes, el gobierno viró su estrategia relajando su meta original en diciembre de 2017. Y no solo ello, además se ocupó de demostrar (¿humillar?) a partir de una patética escenografía que el presidente del Banco Central ya no era un piloto de tormentas tan ducho como se pensaba. A partir de allí, la economía se indexó, al dejarse deslizar al alza el tipo de cambio.

Sturzenegger, Peña, Dujovne y Caputo (Adrián Escandar)
Sturzenegger, Peña, Dujovne y Caputo (Adrián Escandar)

Históricamente, la indexación ("yo aumento los precios porque el otro aumentó antes") en la gran mayoría de los casos en que se instalara como norma, se caracterizó por llevar a reajustes cada vez más amplios y frecuentes, que eventualmente condujeron a una indeseada "espiral" de precios y salarios. De manera que en un contexto macroeconómico como el actual, de agudo déficit fiscal y con mercados de bienes y servicios de estructura oligopólica, la indexación -en lugar de convertirse en un freno para la inflación-, siguiendo el patrón dictado por la experiencia histórica, se transformó en un factor de aceleración incentivando la puja distributiva.

El debate sobre el nivel de las tarifas públicas es un claro ejemplo de aquello que sucede en una economía indexada: como en una competencia ciclística, al que escapa del pelotón lo quieren seguir todos y se espiraliza el ritmo y la magnitud de los ajustes.

Lo que está pasando es la consecuencia de un enfrentamiento personal, o sea “un hoguera de vanidades” entre dos inexpertos de la política (Peña y Sturzenegger)

Pretender frenar este fenómeno con subas en la tasa de interés es como procurar apagar un incendio con nafta. Lo que se reproduce es el fenómeno "escapada del pelotón", nada más que esta vez la "liebre" es la tasa de interés. Y eso es lo que –crease o no– está tratando de hacer el Gobierno tan sólo cuatro meses después que desplazara al Banco Central del centro de la escena.

En este contexto, el "gradualismo" ha pasado a mejor vida (y lo mejor será no resucitarlo), ya no es estandarte ni bandera de la Jefatura de Gabinete ni del Banco Central, la dos instituciones que han hecho jirones la estrategia económica.

Para salvar las apariencias, el gobierno agita el fantasma de una inminente crisis financiera internacional que azotará las costas de los países emergentes. Pero, la verdad es que mucho alboroto ha generado entre los analistas del mercado financiero internacional el hecho que el rendimiento de los bonos del Tesoro americano rompiera la barrera del 3% recientemente. No se trata de un nivel particular por sí mismo, a no ser por el significado que le asigna el común de los inversores.

¿Qué pueden esperar los inversores que ocurra ahora con la tasa de interés luego que el Treasury a 10 años sobrepasara el 3%?

En primer lugar, hay que recordar que el rendimiento del Treasury a 10 años ha tendido en los últimos ciclos a boyar cercano a la tasa de política monetaria establecida por la Fed (hoy en el rango 1,50-1,75%). Además, debe tenerse en cuenta que el mercado espera que llegue a fin de año al 2% y a partir de allí difícilmente supere el 3% por mucho tiempo. En general, los expertos consideran que en un contexto de alto endeudamiento, influidas por factores seculares de orden demográfico y bajas ganancias de productividad, las tasas de interés permanecerán en niveles relativamente bajos en relación a su comportamiento histórico.

Además, es importante destacar que, en marcado contraste con lo sucedido en el año 2013 cuando el rendimiento a 10 años también rompió 3%, los mercados estiman hoy que la Fed terminará su ciclo de alzas por debajo del 3%, muy por debajo del 5% que se temía en aquel momento.

Rendimiento del Tesoro a 10 años (Fuente: Pimco)
Rendimiento del Tesoro a 10 años (Fuente: Pimco)

Como muestra el gráfico, el rendimiento del Tesoro a 10 años también tiene un nivel de resistencia potencial: históricamente se ha mantenido por debajo del crecimiento nominal del PBI de EEUU No se prevé que el ritmo de crecimiento del PBI vaya mucho más rápido que el 2% anual en el futuro previsible, salvo por un aumento relativamente acotado consecuencia del estímulo fiscal en marcha, y que probablemente –pasado este hecho-, la inercia del crecimiento del PBI por debajo del 3% se extienda en un horizonte secular. Además, dado que la Fed aún mantiene en su balance billones de dólares en bonos de su programa de flexibilización cuantitativa, las ganancias de rendimiento en el ciclo actual se verán acotadas por ello.

Por lo tanto, por ahora el alboroto sobre el 3% para nosotros es una bagatela que es poco probable que sea un importante impulsor de los mercados financieros globales.

La interpretación “catastrófica” que los medios y algunos colegas hacen sobre la actual situación financiera internacional es totalmente infundada

A partir de lo expuesto, queda claro que la interpretación "catastrófica" que los medios en general y algunos colegas en particular, hacen sobre la actual situación financiera internacional es totalmente infundada. La historia no se repetirá, a menos que el "efecto manada" se lleve por delante a la realidad, cosa que está lejos de suceder.

Dicho esto, también le cabe una mención del mismo tenor a la situación interna de Argentina: a un "póker" de resultados efectivos de la política económica (crecimiento del PBI/baja del déficit fiscal/empleo mejorando/construcción volando) le está ganando un "par" de predicciones apocalípticas (pronto no nos van a prestar más/estallido social a la vuelta de la esquina) que muestra un insólito e inédito acuerdo entre ortodoxos y heterodoxos.

Sturzenegger y Peña (Adrián Escándar)
Sturzenegger y Peña (Adrián Escándar)

Verdaderamente, a mi entender, lo que está pasando es, ni más ni menos, la consecuencia de un enfrentamiento personal (sin componentes ideológicos, políticos y/o técnicos), o sea "un hoguera de vanidades" entre dos inexpertos de la política (Peña y Sturzenegger).

Los virajes que ha tenido la política económica carecen de la sutileza profesional necesaria y demuestran un ensañamiento con el "vencido" que no es posible encontrar en ningún libro de teoría económica.

Estamos frente a un enfrentamiento demencial. La continuidad de ambos funcionarios, o de uno de ellos (cualquiera que sea), garantiza la profundización de la crisis. En estas circunstancias, antes de mirar los
números de la economía es más efectivo saber quien los calcula.

La toma de riesgos hoy debe ser encarada desde una perspectiva que privilegie lo cualitativo a lo cuantitativo

La necesaria restauración de la confianza requiere de nuevos portadores del discurso oficial: no importa tanto el mensaje, hoy importa más el mensajero.

La economía pide a gritos un bálsamo político. A mi entender, la toma de riesgos hoy debe ser encarada desde una perspectiva que privilegie lo cualitativo a lo cuantitativo.

Y cierro citando una vez más a Alfonso el Sabio: "Los que dejan al rey errar a sabiendas, merecen pena como traidores".