El mundo está tomando la medida de las consecuencias que tendrán los aumentos arancelarios que Donald Trump quiere aplicar a materias primas y productos de China; hecho que coloca al planeta a las puertas de una guerra comercial de proporciones, considerando la talla de los rivales.

No existe actualmente un país que reúna, como China, las condiciones especiales para un crecimiento económico que supere al de cualquier otra nación, incluyendo los Estados Unidos, la mayor economía del mundo.

Cuando se analizan los tres grandes factores que impulsan el crecimiento del PBI, que son el Consumo, la Inversión y las Exportaciones, se puede ver que en esos tres rubros China supera a cualquier otra nación, porque los tres impulsan al unísono el crecimiento económico, al estimularse entre sí de un modo sistemático y orgánico.

China, con sus casi 1.400 millones de habitantes, supera la población de EEUU, la Unión Europea, Gran Bretaña, Rusia, Brasil y México, sumados

Pero uno de los rasgos diferenciales más significativos de China es que posee la mayor población del mundo con sus casi 1.400 millones de habitantes, una cifra que supera la suma de las poblaciones de Estados Unidos, la Unión Europea, Gran Bretaña, Rusia, Brasil y México.

Este dato sólo puede parangonarse a la población de India, con sus 1.200 millones de habitantes, pero cuya estructura política, una religión que divide las clases sociales y una enorme diversidad de razas y lenguas, la convierten en un país muy diferente de China con su impresionante cohesión. La India, por otra parte, tampoco tiene un pasado de gran potencia, dado que recién en 1948 logró la independencia de Gran Bretaña.

Las grandes empresas hacen actualmente un frenético esfuerzo por ingresar al gigantesco mercado interno chino

El Imperio Celeste, como lo recuerda Henri Kissinger en su libro Orden Mundial, fue el centro del mundo conocido durante siglos, y sus emperadores recibían tributos de varios pueblos para mantener buenos vínculos por la importancia que tenía el acceso al poder imperial, algo que recuerda el frenético esfuerzo actual de las grandes empresas por ingresar al gigantesco mercado interno chino.

Con su inmensa población, China dispone de un mercado interno tan fenomenal ya en el presente, que explica que las más grandes empresas del mundo hagan todos los esfuerzos, los gastos y las inversiones necesarias para entrar y mantenerse en él.

Facebook, con su fundador a la cabeza -a pesar de sus problemas actuales-, está literalmente desesperada por hacer pie en China, aun sabiendo que tendrá restricciones que no enfrenta en otros países; así y todo no ha podido todavía poner un pie sólido en el mercado chino.

El desarrollo tecnológico es tan impresionante que nada detiene esa formidable fuente de expansión de la capacidad de producción de los seres humanos; no hay fuerza comparable que ponga al alcance de millones de personas bienes y servicios antes desconocidos, o imposibles de adquirir por la mayoría de la población.

El mundo actual está dominado por las naciones que son gigantes demográficos o por espacios económicos que unen a varios países mercados

Los incesantes avances y diversidad de productos y servicios que la tecnología está en condiciones de generar demandan mercados cada vez más grandes para que las inversiones en el área tengan sentido económico, por lo que no debe extrañar que los más formidables impulsores de la globalización de los mercados sean justamente las empresas que controlan las tecnologías de punta.

Por esta razón, el mundo actual está dominado por las naciones que son gigantes demográficos, o por espacios económicos que unen a varios mercados nacionales en uno solo, como la Unión Europea. Cuando una nación como Inglaterra se separa de la UE, el llamado Brexit, comete un error estratégico irreversible que va a condenar a ese país a ser una potencia de tercer rango en el escenario internacional, porque aunque tenga una red de acuerdos de libre comercio, esto no compensa la pérdida de su condición de miembro de un enorme espacio económico.

Por ello, el reordenamiento estructural del Partido Comunista Chino, que institucionalizó el liderazgo ecuménico de Xi Jinping y de Wang Quishan (su amigo desde hace más de medio siglo), nombrado vicepresidente, apunta a dejar claro que China está dispuesta a lidiar con la guerra comercial que desencadenó Donald Trump, con todos los instrumentos a su alcance.

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