Un bielorruso que difundió brutales imágenes de abusos y torturas en cárceles rusas logró huir y pidió asilo en Francia

Serguei Savelev escapó a través de Estambul y Túnez para finalmente llegar a París. A principios de mes reveló fuertes videos de un prisionero que era violado con una larga percha en una prisión hospital de la ciudad de Saratov. IMÁGENES SENSIBLES

El bielorruso que estuvo encarcelado en Rusia y reveló videos de violaciones y torturas en centros penitenciarios ha pedido asilo en Francia, indicó a la agencia de noticias AFP en una entrevista exclusiva.

Serguei Savelev, de 31 años, narró a la AFP una huida a través de Estambul y Túnez, hasta llegar al aeropuerto de Roissy, en las afueras de París.

“Recibió la autorización para entrar en territorio francés para pedir asilo en los próximos ocho días”, dijo a la AFP el lunes por la noche su abogada, Aude Rimailho.

A principios de octubre, las imágenes extraordinariamente duras de un prisionero que era violado con una larga percha en una cárcel hospital de la ciudad de Saratov causaron escándalo en Rusia.

La ONG Gulagu.net subió los videos en su canal de Yotube.
La ONG Gulagu.net subió los videos en su canal de Yotube.

Cuatro responsables de los servicios carcelarios regionales fueron despedidos, e incluso el portavoz del Kremlin reaccionó ante la conmoción.

Fue en esa cárcel donde Savelev purgaba una pena por narcotráfico.

Savelev estaba asignado al área de mantenimiento informático, y se dedicó con paciencia a descargar y luego enviar videos de prisiones en toda Rusia. Lo logró, dijo, porque están conectadas mediante intranet.

“Al principio me controlaban, luego esa vigilancia se fue suavizando progresivamente, hasta desaparecer”, explicó este hombre de aspecto frágil y tímido.

La ONG Gulagu.net, que publicó las imágenes de Saratov, explicó que el biolorruso le entregó numerosos videos que prueban los malos tratos sistemáticos en las cárceles rusas.

Savelev asegura que antes de ser liberado, a principios de febrero de 2021, pudo esconder el material cerca de la salida de su centro penitenciario.

El día en que fue liberado fue registrado minuciosamente, pero asegura que pudo extraer esas imágenes porque la salida fue en grupo, y nadie se dio cuenta.

Una idea madurada

“Estaba meditando esta idea desde hacía tiempo. Es muy difícil psicológicamente callarse esas cosas. ¿Qué puedes hacer, una vez que sabes?”, se pregunta.

La violencia cometida en las cárceles y registrada en esos videos es protagonizada a menudo por otros prisioneros, empleados por las autoridades penitenciarias.

La violencia sexual es filmada para chantajear luego al reo.

Si el video es hecho público en la cárcel, la víctima cae aún más bajo en la jerarquía. Se convierte en un “petuj” (gallo), según la jerga carcelaria.

Savelev afirma que también fue sometido a malos tratos en una cárcel de Krasnodar para que “cooperara”, aunque sin sufrir esos ultrajes. Asegura que nunca participó en hechos semejantes.

Ver todos esos videos y sufrir siete años y medio de cárcel dejan rastro, explicó.

Su psicólogo en Minsk “estaba horrorizado por lo que le explicaba”, contó a la AFP.

“Me recetó pastillas, luego otras más fuertes, y más fuertes aún, pero nada conseguía aliviarme”.

Savelev dice temer ahora las represalias de la administración penitenciaria rusa (FSIN) y de los servicios de seguridad (FSB).

Guardias de la prisión son vistos fuera del Hospital Regional de Tuberculosis Nº 1, una institución médica administrada por el departamento del Servicio Penitenciario Federal (FSIN) de la región de Saratov, en la ciudad de Saratov, Rusia 7 de octubre de 2021. REUTERS/Filipp Kochetkov
Guardias de la prisión son vistos fuera del Hospital Regional de Tuberculosis Nº 1, una institución médica administrada por el departamento del Servicio Penitenciario Federal (FSIN) de la región de Saratov, en la ciudad de Saratov, Rusia 7 de octubre de 2021. REUTERS/Filipp Kochetkov

Cuenta que pudo huir de Rusia después de que le propusieran, a cambio de su cooperación, cuatro años de cárcel, por “divulgación de un secreto de Estado”, en lugar de 10 a 20 años de cárcel por espionaje.

Para escapar se subió a un minibus que lo condujo a Minsk, a finales de septiembre. Sin esperar a que entrara en funcionamiento la cooperación judicial entre Rusia y Bielorrusia, tomó un avión hacia Estambul, y luego a Túnez.

Tras pasar una cuarentena en un hotel de ese país, compró un boleto de avión de vuelta a Minsk, vía Francia. Y una vez en el aeropuerto parisino, de tránsito, pidió asilo.

“Tiene el perfil de una persona que podría ser objeto de una desaparición forzada y una ejecución extrajudicial”, explicó a la AFP su abogada.

(Con información de AFP)

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