Cómo prevenir el extremismo violento en los jóvenes

Conversamos con André Alves Dos Reis, Director de Rendimiento e Impacto de GCERF, el Fondo Mundial para la Prevención del Extremismo Violento

André Alves Dos Reis, Performance and Impact Manager en GCEFR (Image: Panny Tao)
André Alves Dos Reis, Performance and Impact Manager en GCEFR (Image: Panny Tao)

- El GCERF ha realizado estudios en países como Kenia, Kosovo o Mali. ¿Cuáles son los principales resultados que se han obtenido?

Veo tres “conclusiones” principales. En primer lugar, el contexto es importante. Aunque siempre podemos hablar de los factores generales que impulsan el extremismo violento, la clave está en cómo estos factores interactúan entre sí en un lugar concreto. Por eso es necesario que las intervenciones se adapten realmente a las condiciones locales.

En segundo lugar, hay que tener cuidado con las suposiciones. Por ejemplo, la gente tiende a asociar erróneamente la religión y el extremismo violento, pero en realidad descubrimos que en algunas comunidades la religión era un factor de protección.

En tercer lugar, y lo más importante, es que la gente tiende a escuchar y comprometerse cuando la narración y la información provienen de fuentes de confianza, como amigos, familiares o líderes locales, por lo que es importante potenciar a esas personas.

- ¿Cuáles son los principales factores que activan el extremismo en los jóvenes de hoy?

Realmente se reduce al entorno local. Es decir, la motivación de un joven kosovar para abandonar su hogar y unirse a un grupo extremista violento en 2013, por ejemplo, es muy diferente a los factores que impulsan a una persona en regiones desfavorecidas de Filipinas en 2021. Lo que puedo decir es que normalmente es una confluencia de circunstancias lo que lleva a las personas al extremismo violento, no sólo a los jóvenes sino también a los adultos.

Los factores comunes que mencionaría son la falta de confianza en las autoridades públicas, la privación relativa, la sensación de ser tratados o percibidos injustamente, la falta de un sentido de propósito o de conexión con la sociedad y, en algunos casos, la rivalidad o disputa interétnica.

El GCERF apoya proyectos que abordan estos factores mediante la realización de intervenciones a medida que son diseñadas, dirigidas y ejecutadas por nuestros socios locales. A modo de ejemplo, promovemos la promoción dirigida por los jóvenes, que no sólo apoyan a los grupos juveniles en su intento de defender las políticas que son importantes para los jóvenes en sus localidades, sino que su defensa y diálogo acaban restableciendo la conexión y la confianza entre ellos, la comunidad y las autoridades públicas. Es un subproducto del trabajo inmediato que tiene un impacto a largo plazo.

- En general, el principio del terrorismo ¿es algo que se hereda de la familia, o es algo que los jóvenes incorporan a sus vidas a través de los grupos de reclutamiento?

Yo no diría que el terrorismo se hereda. Nadie está predispuesto al nacer a convertirse en un extremista violento. Lo que sí es cierto es que el reclutamiento para el extremismo violento se facilita a través de la red de compañeros (colegas de trabajo, amigos, etc.), familiares y conocidos como los vecinos. Pero últimamente está aumentando el reclutamiento a través de plataformas digitales, aunque este tipo de reclutamiento normalmente se complementa con componentes offline.

- ¿Puede la educación superior, en ciertos casos, levantar las capas arraigadas de la religión y permitir que estas personas se reformulen?

Aquí hay que aclarar algunos puntos. En primer lugar, la religión no es un motor del extremismo violento. El hecho de que una persona sea de una determinada fe no tiene ninguna correlación con que se convierta en un extremista violento, ni siquiera cuando se estudia el grado de adhesión de esa persona a las lecciones religiosas. Del mismo modo, no podemos decir que la educación superior por sí sola impida que una persona se convierta en un extremista violento, ya que la relación entre el extremismo violento y la educación es bastante compleja y no exactamente unidireccional.

Una de las conclusiones interesantes de uno de los estudios que realizamos en Bangladesh con estudiantes universitarios, por ejemplo, fue que la religión era en realidad una protección contra la radicalización. Muchos citaron la religión como uno de los principales motivos para no participar en actividades o grupos extremistas violentos. Además, los estudiantes de instituciones religiosas parecían ser más resistentes al extremismo violento en ese contexto concreto que sus homólogos de otros tipos de instituciones de enseñanza superior, como las universidades privadas.

- ¿Cuáles son las principales técnicas de persuasión para romper los moldes que estas personas traen de sus nidos?

En el GCERF no trabajamos en la desvinculación, es decir, en la labor de persuadir a las personas ya involucradas en estos grupos para que los abandonen. Nos especializamos en la prevención, para desvanecer el atractivo de los grupos extremistas y ayudar a las personas a reintegrarse en las comunidades que abandonaron.

Cuando se tiende la mano a las personas que empiezan a desviarse hacia un camino violento o que podrían ser objeto de reclutamiento por parte de estos grupos, la cuestión más importante es saber a quiénes hay que involucrar como aliados.

La respuesta es: personas de confianza. Por eso el GCERF financia una gran cantidad de trabajo para desarrollar la capacidad de las personas para comunicar ideas sobre la tolerancia y la prevención del extremismo violento a sus compañeros, familiares y vecinos. Cuando esta información proviene de una fuente de confianza, facilita el proceso de prevención. En este sentido, los propios jóvenes y los líderes de la comunidad se encuentran entre los actores más poderosos en la prevención del extremismo violento.

- Los fanatismos se han amplificado a través de las redes sociales como fuentes de información y aprendizaje, ¿qué alcance ha tenido o quisiera tener el GCERF con los actores que coordinan las redes sociales?

Las redes sociales son poderosas, en internet y fuera de ella, y como he mencionado antes, el reclutamiento en línea va acompañado de tácticas fuera de internet. Por eso, aunque los beneficiarios de nuestras subvenciones han trabajado con los medios sociales y los medios de comunicación tradicionales para difundir mensajes de tolerancia y sensibilización, no debemos olvidar que en algunas zonas en las que trabajamos, la radio y la televisión siguen siendo las principales fuentes de comunicación.

En el GCERF, tal y como se ha aprobado recientemente en nuestra estrategia hasta 2025, intensificaremos los programas que incorporan la alfabetización digital y la ciudadanía como medio para prevenir el reclutamiento del extremismo violento a través de las redes sociales y otras herramientas digitales.

- Gran parte del intercambio terrorista (información, transacciones, entrenamiento) se realiza a través de la “dark web”, donde cualquiera puede acceder si lo desea. ¿Qué estrategia ha pensado el GCERF para penetrar en este canal de comunicación?

Sí, muchas cosas ocurren en la web oscura. Sin embargo, cuando la captación alcanza este nivel de compromiso, se convierte en una cuestión de lucha contra el terrorismo y de aplicación de la ley. El mandato del GCERF es la prevención.

- ¿Cuántos años harían falta para reducir las principales células terroristas?

El GCERF está trabajando en un futuro sin extremismo violento y sabemos que este proyecto es a largo plazo, pero el trabajo comienza hoy. Parte de la clave de la prevención es mostrar a las personas que podrían ser susceptibles de ser reclutadas por el extremismo violento que existen otras opciones, ya sea mediante la conversión de un oficio en un ingreso estable o mediante la promoción de base y la inclusión política. Estos son los elementos de nuestra programación que están dando resultados ahora y pueden crear un cambio sistémico y un futuro más seguro. Es decir, el GCERF apoya proyectos que aumentan la resistencia de las personas y las comunidades frente a los intentos de los grupos extremistas violentos de reclutar y radicalizar.

- Además de la financiación, ¿qué otros recursos necesitaría GCERF para ampliar su trabajo sobre el terreno?

Además de la financiación, hay otros elementos que ayudan al trabajo del GCERF. Uno es el apoyo político de los gobiernos. Otro es un entorno saludable que permita a las organizaciones de la sociedad civil prosperar y participar. Por último, en los próximos años vamos a esforzarnos más por conseguir un mayor apoyo del sector privado. El sector privado tiene que formar parte de la solución.

- Si los jefes de Estado son conscientes de la existencia de células terroristas en sus países, ¿por qué no actúan para desactivarlas?

Sí actúan, pero no es precisamente una tarea fácil. Tomemos el problema más conocido del crimen organizado. Sabemos de la existencia de grupos criminales organizados, pero es difícil identificarlos realmente, perseguirlos y acabar con sus actividades. El terrorismo presenta las mismas dificultades, pero a menudo con factores aún más desafiantes.

* Julián Ginzo es responsable de Comunicaciones para UN Today.