Ximena Díaz Alarcón: “La pandemia nos hace poner en duda el sentido de seguridad más elemental para desarrollar nuestra vida”

La cofundadora de Youniversal analizó cómo el coronavirus afectó las relaciones humanas y aquello que las personas esperan de las empresas tras la propagación de la enfermedad

María Ximena Díaz Alarcón, cofundadora de Youniversal
María Ximena Díaz Alarcón, cofundadora de Youniversal

Pocas cosas son más viejas que hablar de la nueva normalidad. Increíblemente, lo que era nuevo hace pocos meses, hoy es casi viejo. Y hay hábitos y costumbres que, aunque mañana aparezca mañana una vacuna mágica, ya quedaron instalados en cada uno de nosotros.

Es así que, para entender la profundidad de estos cambios es que desde el TrendLab de Youniversal -consultora regional especializada en investigación y tendencias- se realizó un estudio a través de entrevistas y encuestas de 1000 casos a nivel nacional, durante el mes de agosto 2020. Los hallazgos son sorprendentes y muestran cómo la pandemia afecta desde la manera en que hacemos las compras a cómo estamos en casa, cómo nos relacionamos con nuestros amigos y hasta lo que esperamos de las empresas.

¿Y por casa cómo andamos?

Una de las consecuencias de la cuarentena fue que -de un día para otro-, nos vimos obligados a almorzar y cenar en casa todos los días. Y más allá de que en muchos casos el almuerzo se desplazó al comienzo de la tarde y la cena se acercó a la medianoche, la pandemia despertó al chef que todos llevamos dentro: el 81% de los encuestados sin importar edad o niveles socioeconómicos dijeron que cocinaron más en casa. Y un porcentaje similar, el 80% reconoce estar más atento a este tema a la hora de comprar y consumir, especialmente en lo que tiene que ver con la higiene y la seguridad de los productos y los espacios donde compra.

La crisis del COVID-19 nos obligó a un “barajar y dar de nuevo”. Y nuestra relación con la tecnología también cambió. Para el 65% de los encuestados, las pantallas y las tecnologías empezaron a verse como aliadas y el uso dejó de ser limitado a determinados momentos para pasar a considerarse algo indispensable.

Aunque parezca increíble, la cuarentena también trajo algunas cosas buenas. Una de ellas es que al estar lavando platos una y otra y otra y otra y otra vez, el 68% de los hombres tiene una mayor valoración del esfuerzo que implican las tareas del hogar y ahora aprecian con otros ojos que siempre hayan estado los platos limpios y las camas hechas.

De todas formas, las tareas no se asignan equitativamente: si bien se reconoce que en general se trató de negociar el reparto de responsabilidades en la casa, el 47% de las mujeres piensa que siguen llevando la mayor carga de la limpieza y organización del hogar mientras que solo el 17% de los hombres está de acuerdo con esa afirmación.

(Reuters)
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“La gente redescubrió su hogar, pero a la vez, necesita espacios para sí misma dentro de la convivencia forzada y extendida que implica la pandemia”, explica Ximena Díaz Alarcón, cofundadora de Youniversal. “Los vínculos, el divertirse, ver a los amigos en persona, estar al aire libre, muestran que la conectividad es un bien que hoy se transformó en absolutamente básico e indispensable, pero que a la vez, tiene sus límites: lo usamos porque lo necesitamos, pero en muchos aspectos relacionales, sentimos que no reemplaza el cara a cara”.

El ranking de las peleas y añoranzas

El convivir todos juntos bajo el mismo techo de lunes a lunes trajo desafíos para la convivencia. Un 26% de las personas encuestadas dijo que tenía más peleas que antes.

¿Los motivos? Para la mayoría de las mujeres (55%) es la limpieza del hogar, mientras que para el 45% de los hombres, la principal fuente de discusiones está en lo económico. Pero además del dinero y la limpieza, también -en menor medida- son motivos de discusiones la incertidumbre y angustia por la pandemia (33%), el poner reglas de convivencia y límites a los hijos (29%) y la falta de privacidad e intimidad (24%).

Pero no son todas malas noticias: un 65% de los encuestados reconoció que disfruta estar más tiempo en casa y poder compartir tiempo en familia. Sin embargo, a pesar de que nuestros familiares significan mucho, parece que “amigo mata pariente”. Tanto en hombres y mujeres de distintas edades, lo que más se extraña es ver a los amigos cara a cara (68%), más aún que el poder viajar (61%), ver a otros familiares (61%) o la actividad física al aire libre o en un gimnasio (el 52%). La cuarentena extendida es especialmente dura para los hombres y mujeres entre 18 y 24 años: el 74% siente que lo peor es no poder ver a los amigos. Para los adultos de 45 a 54 años, otros temas que se añoran de la “vieja normalidad” es que los chicos vayan a clase presencial (46%) y el café fuera de casa (43%). Por su parte, los jóvenes adultos de 25 a 34 años (ABC1), también extrañan los recitales y espectáculos musicales en vivo 41% y los hombres extrañan ver fútbol (41%). Y un detalle curioso: para el 75% de las personas de niveles socioeconómicos medio altos, lo que más se añora y desea desde el comienzo de la pandemia es el poder viajar.

La pandemia nos hace poner en duda el sentido de seguridad más elemental para desarrollar nuestra vida y nos refuerza lo indispensable que es la salud. Y a la vez deja al descubierto esas necesidades humanas que van más allá de lo básico, pero que son las que precisamente nos hacen humanos: los vínculos, la necesidad de los otros, la necesidad de negociar espacios, dinámicas de convivencia con todos los desafíos que eso implica”, sostiene Díaz Alarcón.

Verano, virus y playa

Todo el mundo coincide en que el 2020 es un año que queremos “que pase pronto” y pocas veces nos merecimos tanto unas vacaciones, pero sin embargo la crisis del COVID hecha por tierra con cualquier plan veraniego: el 63% de los encuestados no está planeando vacaciones y solo un 37% se atreve a planificarlas, y de estos, un 60% elige destinos locales para evitar estar encerrados en un avión. Pareciera que las opciones, en último término, serían las “staycation” (quedarse en casa haciendo actividades relajantes, 21%) mientras que solo un 19% piensa irse al exterior de vacaciones.

Esto es lógico si tomamos en cuenta que el 83% de los argentinos dijo sentir temor respecto del virus y las interacciones de la vida cotidiana, especialmente al que virus esté en el aire (30%) y a estar en espacios cerrados con otras personas (20%). Sin embargo, 2 de cada 10 argentinos dicen no tener preocupaciones respecto al virus.

“La gente siente que necesita descansar, recuperar energía luego de un año tan movido, pero las vacaciones se transforman en un lujo muy difícil de alcanzar para la mayoría. En aquellos que sí pueden planificarlas, la cercanía es la opción más elegida, al menos hasta que se sepa cómo evolucionará la situación sanitaria”, explica Díaz Alarcón.

Marcas, compras y compromiso

Si bien es cierto que el 67% de los encuestados decidió comprar en los comercios del barrio para apoyar a los comercios locales y también comprar cada vez más marcas propias de supermercado y segundas marcas, buscando el mejor precio (63%), existe un cambio muy importante respecto a las expectativas de los consumidores y el rol de las marcas. Hoy se espera que las empresas estén presentes, disponibles, con soluciones reales y comprometidas con el bienestar de la comunidad.

(Reuters)
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“Los datos muestran la gran expectativa de las personas respecto de las marcas y la reconfiguración que hoy está sufriendo el rol del consumo. Si además de ofrecerle productos y servicios útiles, siempre fue importante estar cerca de la gente y comprenderla, hoy las necesidades incluyen lo básico y lo comunitario. Es así que la gente está mirando qué es lo que efectivamente las marcas hacen antes que lo que dicen”, sostiene Díaz Alarcón. Siete de cada 10 argentinos sostienen que las marcas deben involucrarse con problemáticas sociales incluso aunque esto no las beneficie de modo directo; seis de 10 creen que cuanto más grande es la marca, más debe ayudar con problemáticas sociales y otros 6 de cada 10 sostienen que las marcas deben colaborar cada vez más con el sector público para atender los problemas de la sociedad.

El 2020 es un año que nos obligó a vivir de manera diferente pero que, tal vez, nos da la oportunidad para repensar prioridades, valorar los vínculos y todo aquello que dábamos por sentado. Pero en último término, depende de cada persona, cada familia y cada organización encontrar la mejor manera de enfrentar nuevos hábitos de consumo y valoración de las marcas, dinámicas en transformación, un ritmo de cambios cada vez más acelerado y su vez, todo esto cruzado por la tecnología (en quienes tienen acceso a ella), como nuevo básico que atraviesa nuestra vida cotidiana.

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