The Last Dance, siete millones de fans, dos entrenadores de la NBA y el terror de Hezbollah

La popular serie documental de Netflix sobre el mítico Michael Jordan reúne a personas muy distintas de su entorno y que, sin embargo, tienen indelebles vínculos en común, como la muerte de seres queridos y el grupo extremista libanés

David Blatt y Steve Kerr
David Blatt y Steve Kerr

Me convertí en uno de los “siete millones” de seguidores israelíes del equipo de la NBA Cleveland Cavaliers cuando David Blatt comenzó a entrenarlos. Así nos apodó a los fans el propio entrenador judío americano, bromeando.

Blatt, ex jugador israeloestadounidense, antes de volver a Estados Unidos con los Cavaliers, vivió, jugó y entrenó en Israel y ganó varios campeonatos dirigiendo el Macabi Tel Aviv y a otros equipos europeos.

No me molestó cuando el periodista Rogel Alpher del diario israelí Haaretz escribió en una columna: “Cuando siete millones de israelíes se despiertan en mitad de la noche a ver un partido de baloncesto porque su entrenador es un judío israelí, eso es fascismo, no fanatismo”.

David Blatt, entrenador de la NBA (Reuters)
David Blatt, entrenador de la NBA (Reuters)

Blatt salió del equipo de la NBA de manera abrupta, despedido por la presión de jugadores como el “prima donna” LeBron James, en medio de una temporada en la que el entrenador había llevado al equipo a sonadas victorias. Algo percibido como muy injusto por periodistas deportivos y público en general, que exigieron al dueño de los Cavaliers, Dan Gilbert, que le diera a Blatt el respeto y crédito merecidos.

Otro entrenador, también presente en el documental de Netflix, y que es meritorio de crédito y simpatía es Steve Kerr, de los Golden State.

En ocasiones me he sentido dividido, sin saber a cuál de los dos animar cuando se enfrentaban los Cavaliers a los Golden.

Steve Kerr, entrenador de los Warriors (USA Today Sports)
Steve Kerr, entrenador de los Warriors (USA Today Sports)

Kerr mantiene conexiones interesantes con el entrenador israelí. Ambos son amigos y se admiran mutuamente, y más allá de eso, ambos hombres están relacionados por un lazo más oscuro. No son ajenos al odio y violencia de los enemigos de Israel, y, paradójicamente, es Kerr quien ha sufrido de manera personal el resultado directo de esta enemistad.

El entrenador del Golden State nació en el Líbano. Su padre, Malcolm Kerr era un conocido académico que trabajaba en la Universidad Americana de Beirut.

En 1984 Malcolm fue tiroteado en Beirut durante una ola de ataques y secuestros dirigidos contra occidentales en el Líbano por parte de los terroristas de Hezbollah y Yihad Islámica, patrocinados por Irán.

La familia de Kerr demandó al gobierno iraní en un tribunal federal estadounidense. Fue uno de los varios casos que se presentaron, animados tras el veredicto dictado por un tribunal de EEUU que declaró culpable a Irán de la muerte de la ciudadana estadounidense Alisa Flatow, en un ataque terrorista perpetrado por la Yihad Islámica en la franja de Gaza en 1996.

En 2003, un tribunal de Washington DC sentenció que Malcolm Kerr había sido asesinado por agentes de Hezbollah y la Yihad Islámica con “el apoyo logístico y económico de la República islámica de Irán”.

Aunque el tribunal ordenó a Irán pagar a los Kerrs 33 millones de dólares como compensación, la familia decidió renunciar a los daños punitivos alegando que su intención había sido exponer a los asesinos de Malcolm.

Steve Kerr comentó en la prensa en diversas ocasiones, con motivo de atentados terroristas islámicos posteriores, que el dolor que sufren las familias es el mismo dolor que sufrió la suya. Y su madre, Ann, ha recordado también en diversas ocasiones, haciendo referencia a la tremenda arbitrariedad de la muerte de su marido y los motivos por los que lo mataron: “Y pensar que las gente en Beirut sigue despertándose en mitad de la noche para encender la televisión y ver los partidos que él entrena, porque están orgullosos de que Steve haya nacido allí”.

Pues lo mismo que pasa con David Blatt e Israel, aunque dudo que ningún diario vaya a publicar una columna diciendo que eso convierte a los fans libaneses en “fascistas”, como Haaretz señaló a los hinchas israelíes.

Y viendo el muy merecido éxito de Michael Jordan plasmado en la serie “El último baile”, espero, como hincha israelí de basket de la NBA, que la asociación le dé el merecido crédito a David Blatt por haber guiado a los Cavaliers casi toda la temporada. Y, más importante aún, que el mundo le haga justicia a Steve Kerr, exigiendo que los asesinos de su padre, aún escondidos en el Líbano e Irán, reciban un día el castigo que tanto merecen.

* Calev Ben-David es el corresponsal diplomático y político de la Televisión de Israel de Noticias en Inglés.

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